Hola andarines!!
Hace unas semanas que tenemos el blog abandonado. Ya se sabe, la vuelta de las vacaciones, el golpe de realidad y el regreso a la rutina, a la ciudad, al ruido... Hasta este año yo había creído que la depresión post vacacional no era más que una falacia pero, como de sabios es rectificar, yo rectifico... que horror! Con lo bien que se está de vacaciones y andando por los mundos, siendo caminantes errantes que, como decía Machado, hacen camino al andar... En fin. Ya aposentados y ubicados, soñando con las siguientes escapadas, volvemos con nuestros revivals, remembers y dominguereces. ¿La primera? Acúatica...
La mitad de los Truskys, es decir la que escribe estas líneas, siempre había soñado con bucear. Quiera o no, y como dijo Serrat, nací en el Mediterráneo y me gusta el mar, su sonido, su olor, su color ... De pequeña, me bebía los documentales marinos de La 2, embelesada con los tiburones, los pececitos y los corales. En la tele veía a Flipper y a los Snorkels y La Sirenita es una de mis pelis favoritas! Y un buen puñado de años después de sentarme en el suelo a ver el fondo de mar a través de mi pantalla, por fin, llegó el momento. Un bautizo de buceo!
Los nervios empiezan el día de antes. El agobio. El estrés. Que si no domino el material no me meten en el agua, que si mira si al final no soy capaz, que si... todo eran quessis y ocultos deseos de que la noche anterior se desatara una tormenta tropical, se levantara una furiosa tramuntana o el mar se secara milagrosamente... Pero nada de eso ocurrió. El despertador sonó, no había ni una nube en el cielo y el sol comenzaba a calentar.
Sin pensarlo mucho preparo la mochila (toalla, chanclas, bañador de repuesto, primeros auxilios, testamento y set de extremaunción... lo llevo todo), y dejando al hidrofóbico durmiendo, monto en el coche con los amigos (que no van mucho más tranquilos que yo) y hacia la Costa Brava. Nuestro destino: Lloret.
Llegamos un poco antes de la hora convenida y la sensación era la misma que la de antes de presentarte a un examen. Piel fría a pesar del calor, piernas rígidas, un ejército de mariposas en la barriga, cara seria, ojos histéricos... aiiiiiiiisshhh, lo mejor... un café... bueno... puede que lo mejor no fuera, pero a mi me gusta!
Por fin llega la hora y nos reunimos con el monitor y el pequeño grupo de suicidas acuáticos en una especie de casucha donde, sentaditos en sillas de camping, recibimos de eseseñortanseriodelquedependenuestravida las nociones básicas para el manejo del equipo (aunque yo me lo llevaba estudiado de casa...).
Luego resulto que el monitor no era tan serio, tras unas cuantas bromas con el regulador del aire (que va genial para imitar a Darth Vader), el ambiente se vuelve más distendido y el miedo al ahogamiento desaparece... no, que leches... aumenta. La gente habla de medusas... de tiburones... del kraken!!! Descompresiones... pulmones explotados, tímpanos rotos, multimuerte!!!!!! Cuando las caras de muchos de nosotros empiezan a perder el poco color que tenían y las imágenes de Buscando a Nemo dejan paso a las de Piraña la explicación teórica se acaba y es hora de aplicar lo que hemos aprendido (je je je). ¿En la piscina, no? Dice alguno... Noooo, para que vais a morir en una piscina!!! Morid en el mar directamente!!!
Así que allá vamos, sin sentirnos las piernas, ni los brazos, ni el alma, siguiendo al quad en el que va nuestro monitor, hacia una playa Lloretiana. De una furgoneta aparcada en la playa comienza a sacar bombonas de oxígeno, aletas y demás utensilios que sólo habíamos visto en los documentales y elige a sus primeras víctimas, dos chicas, ya que no vamos a entrar todo el grupo a la vez al agua (eso sí que sería multimuerte!!). Así que mientras las vemos ponerse más y más cosas encima nos damos cuenta de que ya, no hay marcha atrás. Y aunque la hubiera ...¿querríamos darla?... Nooooo!!!
Así que, con la suerte de no ser los primeros, aunque teniendo que aguantar los nervios un poco más, nos sentamos en la orilla, entre montañas de rusos y alemanes churruscaditos, a ver cómo les va a nuestras compañeras de aventuras. Y lo que vemos no nos ayuda...
De entrada... no les van las aletas. Aletas fuera, un gran contratiempo, sin duda. Pero cuando se ponen a hacer las pruebas del material bajo el agua antes de comenzar la inmersión, nos quedamos helados. Una de las chicas se agobia y tiene que salir del agua. Y los que estábamos fuera... nos agobiamos más!!!!!!!!
Tras un rato en que monitor y alumna descienden y ascienden, se alejan y se acercan, vemos como emergen lentamente cerca de la orilla, ya dispuestos a abandonar el agua. Miramos atentamente la cara de la chica a fin de atisbar cualquier sentimiento negativo ante la experiencia... y no sabemos qué pensar. Finalmente parece que sale contenta y respiramos un poco. Miramos al monitor con cara de pena y ... los siguientes somos nosotros 3!!
Acompañados medio corriendo al grupo anterior hacía la fragoneta del profe, que saca más material. Ya un poco resabidillos por haber visto a nuestras compañeras, nos ponemos el material sin problemas. Cinturón de pesos a la cintura (joer, como pesa) y bien apretado. Super chaleco con bombona y 15 tubos más bien colocado y abrochado. Gafas bien ajustada y... ahora si que no podemos huir corriendo... no podemos casi ni andar!!!!!!
Cuando llegamos al agua ni siquiera notamos el frío. Todo colocado en su sitio y comienza nuestra clase!!!!
Lo primero las gafas, imprescindible al llevar lentillas, claro! Ahora a ponerse las aletas en el agua y con el chaleco inflado... esto ya no es tan fácil y menos con los niervos... digo... los nervios. Primero de todo, a meter la cara en el agua para comprobar si las gafas estan bien puestas y si podemos respirar por el regulador. Una vez metido el cacharrómetro en la boca agacho la cabeza y... qué sensación... un pequeño pez debajo mío, el silencio, y puedo respirar!! Saco la cabeza, me quito el regulador de la boca y el profe me mira interrogante... yo sólo acierto a decir con un entusiasmo desmesurado pero en absoluto fingido “Qué pasada!!!!!”. El profe arranca a reir cuando uno de mis amigos hace lo mismo. “Pues si es tan guay, para abajo!”. Regulador de nuevo y ahora toca lo difícil, ver si somos capaces de sacar el agua de las gafas, de quitar presión a los oidos y de volver a ponernos el regulador si se nos cayera... Un minuto abajo esperando que mis compañeros se sumergieran me da tiempo para aprender a respirar de nuevo, a tomar conciencia del movimiento de mis pulmones y de la màgica bombona de sueños que llevo a mi espalda.
Mis amigos descienden y empezamos las pruebas. Expulsión de agua de las gafas. Perfecto. Reducción de presión en los oídos. Perfecto. Volver a colocar el regulador. Menuda Mierda. Al sacar el regulador de la boca me entró agua y se me fue por el conducto equivocado. Vuelvo a poner el cacharrómetro en su sitio, expulso el agua, pero lo inesperado de la bocanada me lleva a perder el control de la respiración, el instinto me empuja a respirar por la nariz pero eso, bajo el mar, es imposible. Así que el agobio me vence (joer, me estoy agobiando al contarlo... aish...), hago señales al profe para indicar que subo a la superfície y, una vez arriba, mis pulmones se llenan con aire de verdad, del contaminado.
El miedo me atenaza... no me dejará bucear... no me ha salido esta prueba... la repetiré las veces que haga falta... cuando el profe aparece de entre las aguas le informo de la situación “ he tragado agua” y me suena como cuando a un niño pequeño le tumba su primera ola en la playa y viene a nosotros corriendo y llorando.. he tragado agua... y nosotros nos reimos y decimos... no pasa nada... en el mar hay más... pero yo... !había tragado agua! En seguida vi la preocupación en sus ojos, me miró con cara triste y ... que no, que es broma... se limitó a decir... Ah! Vale! Tira para abajo!. Y antes de darle tiempo a pensárselo dos veces, ya tenía el chaleco desinflado y me volvia a encontrar bajo el mar, dispuesta a repetir el ejercicio hasta la saciedad.
Cuando el profe me vió de nuevo abajo, ni pruebas ni leches, todo el mundo para delante! E iniciamos nuestra andadura submarina. Mucho más tranquila, me concentro en mis movimientos, las aletas, uno, dos, la respiración...sshhhhhh... grlugrululu (burbujitas)... shhhhh ... grlugluguglu... y el siguiente shhh ya me había olvidado de todo.
A nuestro alrededor, la nada, el mar, el silencio. Los rayos del sol que se colaban entre las olas de la superficie conferían al fondo un áurea màgica. De repente un pequeño banco de peces que no nadaban sino que que diría que volaban, suspendidos en la nada, en el silencio. Siempre bajo la atenta supervisión del monitor que constantemente nos “preguntaba” por nuestro estado, nos abandonamos a la falta de gravedad, giramos, subimos, bajamos, seguimos a los peces, estudiamos los erizos de mar sin tan siquiera tocarlos...
El profe nos “llama” y a su lado vemos un monstruo blanco, terror del guiri veraniego. Una medusa. Viéndola así, quedamos hipnotizados por su elegancia, por su avanzar calmado. Somos intrusos en su mundo así que nos alejamos de ella, lentamente, flotando, abandonándola en su deambular.
Miro a mi alrededor y veo a mis amigos, al monitor haciendo fotos, posamos, reímos, saludamos, nos sentimos como en otro planeta, como los primeros exploradores de un mundo perdido donde todo está en su lugar. Levanto la vista y los peces nadan encima de nuestras cabezas, ajenos a la emoción que nos embarga al poder compartir ese pequeño gran mundo por un momento.
Avanzamos y, cuando nos queremos dar cuenta, avistamos ... un monstruo marino! Es un ser enorme, que no pertenece a este mundo elegante y gracil, su avanzar grotesco nos hace sentir como pececillos en un acuario, es... un alemán. Hemos llegado a la orilla casi sin darnos cuenta y no tenemos más remedio que ascender a la superficie, a nuestro mundo.
Inflamos los chalecos, y sacamos los reguladores de nuestra boca, con una mezcla de felicidad infantil y morriña. Ha sido increïble, pero tan corto... La gravedad que ya habíamos olvidado nos dificulta la salida del agua, cargados como vamos, pero lo conseguimos y nos dirigimos a tierra firme a quitarnos el equipo. Mientras lo hacemos, parecemos cotorras a las que le ha tocado una bolsa de pipas en la feria! Hablamos, medio gritamos, emocionados, diciéndonos todo lo que debajo del agua no podíamos. Nos quitamos los pesos y nos abrazamos prometiéndonos que esto es sólo el principio, mientras el monitor nos observa divertido y pensando la de dinero que va a hacer con nosotros... y nos chincha, explicándonos excursiones emocionantes y paisajes maravillosos...
Mientras volvemos a Barcelona, con los bañadores mojados, el pelo oliendo a mar y los ojos brillando de felicidad hacemos planes para el verano que viene, llenos de adrenalina y deseando volver a sentir esa sensación de ingravidez, de libertad... ¿qué meterán en las bombonas de oxígeno que crea adicción?
Un beso submarino, andarines (o debería decir nadarines?)
( Ah! Que no hay fotos? En cuanto el profe las cuelgue pondré el enlace... no las he visto ni yo!!)
jueves, 6 de octubre de 2011
| [+/-] | Dominguereces y cestas de picnic: Bajo el maaaaar... |
domingo, 10 de julio de 2011
| [+/-] | Dominguereces y cestas de picnic: Gallinas! |
Bueno amigüitos,
Ahora que el verano nos honra con la jornada intensiva en el despacho y el calor intensivo en la calle, la mejor opción es la de permanecer anclado ante el ordenador, ventilador en ristre, consumiendo la inmensidad de las horas que antes parecían segundos, cuando era el reloj el que mandaba sobre el tiempo.
El bochorno te hace recordar lugares más frescos y mejores que los actuales sin ser necesario remontarnos a tierras lejanas y recónditas.
Nuestra última dominguerez es bien sencilla. Un fin de semana de camping, en Roda de Barà. Pero eso no es lo interesante, ya conocemos todos los misterios de los campings de costa: desayunar, piscina, aperitivo, petanca, comer, siesta, café y pasta, playa, merendar, paseo, cenar, sobremesa, dormir… y así en un bucle infinito en función de los días de letargo concedidos.
Entre paseo y paseo, mi dominguerez es visitar una granja, por mi bautizada como la Granja Pirata, ya que es como aquella isla a la que no se puede llegar a no ser que ya sepas donde está.
¿Y qué tiene de especial? Una tontería que a los de ciudad nos encanta pues nos permite entrar en contacto directo con la naturaleza… tras llegar al pequeño recinto con perros y pavos reales, entras en una pequeña sala, austera, llena de cestos misteriosos y gente con acento extraño.
Es un pagés. De los pocos que quedan. ¿Y qué sorpresas guardará en sus ajadas cestas de mimbre? Asomas la nariz, poco a poco, y unos colores intensos inundan tu visión. ¿Frutas y verduras? Para esto tanto misterio. Pero recordad….somos de ciudad y en la ciudad… nadie escuchará tus quejas.
Decides aprovechar el viajecito y ahorrarte la visita al super cuando regreses a la urbe. Paseas entre los cestos y una sensación extraña comienza a apoderarse de ti… qué colores… y sin fluorescentes… ese olor…
Coges un tomate, casi con gesto reverencial, qué textura… te lo acercas a la cara y …huele a tomate!!! Te empiezas a poner nervioso… ¿qué es esto? ¿a qué extraño lugar hemos llegado? Y coges un melocotón y de repente… los recuerdos caen sobre ti con violencia. Ese olor te transporta a un verano de hace años, a un verano dulce, a tardes soleadas donde la pereza era la única actividad permitida. Hemos llegado a un pequeño paraíso donde los colores, olores y texturas están guardados dentro de cestos de mimbre. ¿Qué más podría pedir?
Un sonido extraño llega a nosotros. Su origen se encuentra al otro lado de una pesada puerta de metal. Te acercas a ella, lentamente, paso a paso… alargas la mano y con dedos temblorosos aferras la maneta de la puerta… qué fuerte olor … dudas y el miedo te paraliza durante unos segundos pero la curiosidad es más fuerte (aunque no olvidemos que mató al gato… suerte que no somos gatos).
Cierras los ojos, tiras fuertemente y con decisión y la puerta… no se abre… es corredera. Qué vergüenza! Y cómo la vergüenza es más fuerte que el miedo, abres la puerta rápidamente, preparado a hacer frente a lo que habita tras ella….
Cientos, miles de pequeños monstruos de dos patas, con garras afiladas como cuchillos y que emiten unos ruidos guturales se amontonan dentro de jaulas…sí, amigos… son … !! gallinas !!
Gallinas que, viven como nosotros, en pisos, unos encima de otros. Largos pasillos llenos de aves ponedoras que cacarean en función de su estado de ánimo, que te miran y no te ven, un humano más que pasa de largo.
Y ante semejante espectáculo comienzas a caminar entre las columnas de gallináceos, tan hipnotizado por su soniquete arrítmico, que ni las pesadas moscas que rondan el lugar parecen molestarte. Y, de repente, alguien ha puesto un cartón en tus manos y te encuentras acariciando la superficie de un huevo, aún tibio, y lo tomas entre tus manos como si se tratara de un ídolo sagrado, cómo si dentro estuviera el secreto de la eterna juventud.
Y vas paseando, recolectando pequeños milagros y colocándolos en un rugoso cartón, con cuidado, suavemente… uno… dos… tres… y los minutos pasan y parecen segundos, empleados en la búsqueda del huevo perfecto.
Y cuando abandonas la sala, con una mezcla de tristeza y satisfacción, muestras tu colección de hallazgos, henchido el pecho de orgullo ante aquellos que huyeron despavoridos ante el olor a vida y descomposición, ante la visión de tales horribles monstruos generadores de miles de momentos de placer (huevos fritos….huumm).
Ya en el coche, no puedes evitar lanzar miradas desconfiadas a las estériles bolsas de plástico donde han guardado tus tesoros. Miras, remiras y vuelves a mirar para cerciorarte que los colores, los olores y las texturas no han desaparecido al cruzar las puertas del templo ecológico donde los has encontrado. Y sonríes… continuan ahí.
De vuelta a la rutina, a la ciudad, la pátina gris vuelve a cubrir todo lo que nos rodea. Trabajo, limpieza... Toca hacer la cena. Despistada, abstraída en tus pensamientos, abres la nevera y, sin mirar, coges dos huevos. Cenaremos tortilla. El color es extraño… pero casi no lo percibes. A la sartén. Vuelta con el tenedor. Et Voilà, la tortilla francesa. Te sientas en el sofá, con el plato en una mano y el mando a distancia en la otra. Acercas el tenedor lentamente mientras cambias de canal, cortas la tortilla y te la metes en la boca sin pensar y, de repente…una explosión de sabor inunda tu boca!
Y así es como una persona de ciudad aprendió a que sabe un huevo de verdad.
domingo, 5 de junio de 2011
| [+/-] | Rockanrolleando!! Screamin' Festival 2011 |
Hola mis amiguitos rockanrolleros!
Este fin de semana se ha celebrado en Pineda de Mar el Festival de Rock & Roll Screamin' 2011 (bueno, realmente ha sido durante toda la semana pero, evidentemente, para los que trabajamos esto queda reducido al weekend).
Cómo el rock es una de nuestras mayores aficiones, y tras la degustación que hicimos en el festival del año pasado, sin pensarlo dos veces el sábado por la mañana cogimos nuestra maleta, nuestros 8 pares de zapatos, faldas, vestidos, pantalones y camisas y... a rockanrollear!!
El gran problema de este año... el clima. Pero llegamos animados y dispuestos a pasarlo bien!
Primera parada, el hotel para dejar las maletas. Típico hotel de la costa del Maresme, lleno de alemanes churruscaos y rockers resacosos que deambulan de un lado a otro buscando, respectivamente, aftersun y afterparty -osea, ibuprofeno- mientras se preparan para volver a sus quehaceres.
Dejamos el equipaje en las habitaciones, un poco de laca, un clip aquí, un pelo pa'allà y estamos listos para empezar nuestro fin de semana! De cabeza al Chiringuito de la Playa! Aposentamos nuestras posaderas en la silla de plástico que se va hundiendo poco a poco en la arena, nos quitamos los zapatos y parece que la música surfin de fondo hace que el sol se despierte de la fiesta que se dió anoche!
Entre cervecitas y claras, el chiringuito se va llenando de camisas hawaianas, flores en el pelo, tatuajes a gogo, bolsos de mimbre y sombreritos marinenos. Algunos coches clasicos van llegando poco a poco, provocando el crecimiento del ego de sus dueños y el crecimiento de la envidia de las otras 200 personas que hay en la playa!
Después de unas cervecitas, con el sol calentando y el rock entrando en la sangre y en la cabeza llega el momento de marcarse unos bailes en el suelo de madera del chiringuito! Fuera los zapatos de tacón! Nos calzamos las Victoria de toda la vida y a la pista!! Qué más da bailar bien o mal, lo importante es divertirse y vaya si nos divertimos! Giro para aquí, falda para allá! Parece que las clases de Rock funcionan!!! De aquí a Broadway!!
Pero, evidentemente, no todo van a ser bailes, playa, sol y cervezas, que pensábais... también necesitamos comer!!! Así que nos hacemos unas tapitas de pescadito, pulpito, mejilloncitos... y todo tipo de cosas acabadas en ito!
Siguiente parada: la concentración de coches clásicos... qué mala es la envidia! Un poquito de sobremesa, un café y al hotel, ha dormir un poco y a prepararse para la serie de conciertos de la noche, el plato fuerte del Festival!
Bajamos entusiasmados para aprovechar la cena del hotel y tuvimos un duro golpe de realidad. Punto uno. Llueve. No, miento. Diluvia. ¿Pero que es ésto? Dónde está aquello de Spain=Sun!!! Si nuestras caras son un poema, la de los guiris que se bajan del bus directos del aeropuerto no tiene precio... Welcome to Spain!! Punto dos. El buffet del hotel no lo desearía ni para mi peor enemigo!! Pero qué es eso????????? Seguro que la comida no se mueve sola???? Decidimos hacer un mutis por el foro y abandonar la idea de comer en el hotel, puesto que queremos disfrutar de la noche! Así que salimos a la búsqueda de un italiano donde nos salvaron de morir intoxicados por lechuga radioactiva (eternamente agradecidos!).
Tras dudar si coger el coche o una barca para llegar a la carpa del Festival, optamos por el coche y al llegar allí.. no podeis imaginar el barrizal! Todo el mundo maravillosamente vestido corriendo bajo la lluvia! Fuera los tacones y venga! Pies al barro! Adiós al glamour!! Todo el mundo entraba en el recinto como pollos mojaos, medio descalzos y con barro hasta los sobacos...
Pero una vez dentro el ambientillo se hace olvidar la lluvia! Tiendecitas de camisas hawaianas, ropa interior de los 50 (cómoda, lo que es cómoda, pues no parecía...), complementos y discos llaman la atención tanto como la propia gente! Qué mundo! Gente joven, gente mayor, flores, tachuelas, sedas y cuero y siempre el rock de telón de fondo.
Los conciertos de lo más divertido y variados y entre concierto y concierto, una pista de baile enoooooooooooooooooooormeeeeeeee... Qué gozada!!!! Así que tras varias horas de conciertos alternados con bailes a velocidades de infarto nuestros pies ya no pueden más, ni las piernas... ni los brazos... y cuando ya tenemos la mente saturada de rock and roll ponemos rumbo, xino xano, hacía el coche. Ya no llueve, qué bien! Así que sólo queda el barro y las ganas de llegar a la cama...
Al día siguiente, tras una noche ajetreada y poco insonorizada (rockers que entran, alemanes que salen) arriesgamos nuestra salud con el desayuno del hotel y... bueno, al menos desayunamos... y seguimos vivos!!!!!! Aunque el café casi nos mata!! Maletas al coche, un café como Dios manda y hacia Barcelona, tarareando cancioncillas y tonadillas que se han grabado en nuestra cabeza y en nuetros pies a ritmo de Rock and Roll y que nos ayudaran a afrontar la semana con un poco más de bouncing.
Y el año que viene, repetiremos Screamin!!!
martes, 31 de mayo de 2011
| [+/-] | Dominguereces y cestas de picnic - El Molí dels Murris |
Buenas a todos!
Aunque lo que de verdad nos gusta es coger el coche, la carretera y la manta y comer kilómetros hasta más no poder, tenemos que ser realistas. Sólo podemos hacerlo contadas veces al año. Así que vamos a retomar el mítico y típico tópico del dominguero español, que va nevera en mano y bocata en cesta recorriendo campos y campillos en busca de un pino que le de sombra y de un poco de desconexión del mundanal mundo. Y, como todo buen hijo de vecino, nosotros también necesitamos huir de la ciudad, aunque sean una horas, y buscar refugio, silencio y tranquilidad donde nuestras ganas de matar a alguien en el metro se evaporen. Y queremos contaros esas pequeñas escapadas que hacemos de vez en cuando y que esperemos que cada vez sean más (normalmente por Cataluña, no nos vamos a engañar, que cambiar de comunidad autónoma ya no es una dominguerez).
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana... digooo, en un fin de semana que pasamos en Olot, descubrimos un pequeño rincón paradisíaco, al más puro estilo La Laguna Azul. La pena fue no poder pararnos y, este último fin de semana hemos decidido resarcirnos y lanzarnos a la búsqueda de ese oasis... y lo reencontramos!
Hablamos del Molí dels Murris, en la región de la Garrotxa, a un par de horas de Barcelona. Recomendado 100% para pasar una mañana tranquilos. Supongo que en verano habrá más gente, pero será mejor para bañarse.Nos levantamos temprano, preparamos nuestro picnic, nos ponemos los bañadores, a llenar el coche de gente y a la autopista!
Con el ánimo un poco bajo entre "ya verás como nos llueva" y "no sé para que me he puesto el bañador", pasamos de la autopista a una carretera y de la carretera a una carreterita y ... Aish! Qué nos pasamos!
Dejamos el coche en un (mini)descampado y seguimos las flechaS, cruzamos un puente, mira una mariposa, pues parece que sale el sol, ¿está muy lejos? y de repente un... Oh!
La cascada y la pequeña laguna que se abre paso entre los árboles. Lástima que este invierno se ha desprendido un trozo de la roca de la cascada y ha perdido un poco en belleza, pero igualmente sigue siendo un lugar increible.
Plantificamos nuestras toallas en el murete de piedra y nuestros panderos en las toallas, un poco parados por la humedad... hasta que el sol hace su aparición y empieza a achicharrarnos poco a poco... qué gozada.
Sacamos nuestra cesta de picnic y nuestro mantel a cuadros, fresas, cerezas, manzanas y peras, quesos, tomatitos, los bocatas, la navaja suiza y la Coca-cola y somos la envidia de todos los que van bajando para ver la cascada.
Una vez en soledad, en silencio, el sonido de la cascada nos invade el alma. El agua cae, con violencia, y su espuma levanta pequeñas gotas que vuelan hacia nosotros, que dormitamos bajo el sol, para refrescarnos con su tacto. Por encima del ruido del agua, los pájaros, y por encima de ellos, nada, el silencio, el cielo azul, las libélulas doradas, el ruido de las hojas de los árboles y los pétalos que caen. Qué bonito. Qué tranquilidad.
Tras un momento en que creíamos que alcanzaríamos el Nirvana, un señor que apareció de la nada, se dió un chapuzón y se fue. Le miramos con envidia, ya que ninguno se ha atrevido a meterse en el agua y todos nos morimos de ganas. Seremos pardillos...
Con toda la lástima de nuestro corazón, se hace la hora de marchar. Recogemos nuestros bártulos, nos aseguramos que no dejamos rastro de nuestra presencia y, prometiendo regresar, dejamos un poquito de nuestro estrés enredado en el agua de la cascada.
GPS: Coordenades lat, lon (WGS84): 42,073021, 2,542542
En la Carretera que va de les Planes d'Hostoles a Cogolls, trobareu un petit descampat per deixar el cotxe a mà dreta.
sábado, 14 de mayo de 2011
| [+/-] | Ande Andábamos - Revival: Finde relax en Cadaqués |
Hola a todos desde mi hogar.
Cómo nos puede el mono viajero y ahora nos tenemos que aguantar hasta las vacaciones de verano, iremos explicando viajes que hemos ido haciendo durante nuestra (limitada) vida como turista, para dejar aquí nuestros recuerdos y anécdotas y para compartir nuestras experiencias con vosotros, en caso que os puedan ser de utilidad para preparar vuestras escapadas o bien para, simplemente, reiros con nosotros (no de nosotros, que quede claro!!) Para no liarnos iré retrocediento en el tiempo hasta llegar a aquello de "yo nací en un lugar..." (bueno, no hace falta retroceder tanto, no?)
Empezaremos nuestro revival con una escapada de fin de semana al pueblo de Cadaqués.
Tras una acumulación continuada de estrés durante varios meses encerrados entre las 4 paredes de nuestra ciudad, ya no podemos más! Necesitamos: a) matar a alguien. b) asesinar a alguien. O c) salir de la ciudad. Tras mucho dudar, elegimos la opción c), así que miramos planos y nos decidimos por Cadaqués, por su fama, por su ubicación y porqué ya toca que dos catalanes no hayan visitado Cadaqués!
Así que salimos un viernes del trabajo, devorando unos bocatas en el metro, para llegar a casa, tirar los tacones y coger las bolsas, al coche y... a salir de Barcelona en hora punta, y a llegar a la autopista en Girona, que está en obras, y todo el mundo a 80km/h y así, tras 2h30m llegamos a nuestro hotel en Portlligat, que no es ni pueblo ni ná.
El hotel es mono, playero, con unas bonitas zonas comunes con piscina, zona de aparcamiento, habitaciones ámplias, bañeras enormes y (en nuestro caso) una pequeña terraza. Con un estilo un pelo anticuado, vemos el mar desde nuestra ventana y oímos.. nada. Qué silencio.
Primer problema, en temporada baja el restaurante del hotel no funciona, ni el del hotel de al lado, ni el del chiringuito de la playa y no hay más remedio que ir a Cadaqués, la cual cosa es recomendable hacer andando a causa de la casi imposibilidad de encontrar una plaza de aparcamiento allí que no sea de pago. Así que 15 minutos, que tampoco es tanto, para llegar hasta el pueblo por un camino más largo pero menos empinado y 10 por un camino que parece más cansado pero que nosotros recomendamos.
Cadaqués es precioso, de noche está todo iluminado, con unas luces ténues, el ruido del mar, la gente cenando en las terrazas en la calle, las estrellas brillando (tantas hay?) Hay muchos restaurantes, todos bastante bien, con oferta de pescado y llenos hasta la bandera así que nos metemos en uno cualquiera... Tras cenar muy bien, decidimos regresar al hotel ya que el cansancio del día podía con nosotros.
Al día siguiente, de nuevo a Cadaqués, qué maravilloso paseo por sus calles animadas, sus calas y sus preciosas vistas. No es de extrañar que la gente se enamore de este pueblo, pues a nosotros nos está eliminando el estrés poquito a poco con cada bocanada de aire de mar que respiramos. Tras nuestro paseo decidimos tomar un barquito que rodea el Cap de Creus, va entrando en las calas y te va explicando un poco de su historia. Al ser el primer día que abrían únicamente íbamos dos parejas y el paseo fue maravilloso, salvo por el acento de los propietarios del barco...¿realmente hablan catalán, porque no les entiendo? Qué rápido pillaron que éramos de Barcelona.
Después una buena ensalada para comer y decidimos ir al Faro de Cap de Creus, a ver las vistas. El camino en coche es sublime, qué paisaje más increible! Le damos la vuelta al faro y decidimos hacer una de las rutas cortas que rodean un poco el cabo, para disfrutar un poco más del paisaje. Peero, entre una señalización inicial confusa y una mala lectura del plano, acabamos haciendo la ruta larga, de 2h30, que pasa por los acantilados, ahora para arriba, ahora para abajo...Pero realmente merece la pena hacerla! Salimos agotados pero encantados, encantados sobretodo de sentarnos en el bar del faro, cara al sol, para tomar una coca cola (se pueden decir marcas?). De vuelta a Cadaqués, otro pequeño paseo por el pueblo y a buscar un sitio para cenar entre las callejuelas empedradas. Y válgame el cielo si cenamos bien en un restaurante regentado por unos argentinos y que hacían comida árabe!!
La mañana siguiente, la comencé dándome un baño de espuma, ahogando el poco estrés que aún me quedaba en el cuerpo. Y tras un buen desayuno, salimos por la puerta de atrás del hotel, la que une la piscina del recinto con la cala de Portlligat (increible ubicación, desde luego) para visitar el Museu-Casa Dalí. Que puedo decir que no sea... surrealista!! Todo amante de Dalí debe visitarla. Para nosotros, lo más sorprendente, la piscina... ya nos contareis. Satisfechos de la visita, y tras estar un rato en la playa, simplemente contemplando el horizonte, volvemos al hotel, bolsas al coche y de nuevo al faro del Cap de Creus, a comer.
Esperando que no llueva llegamos al restaurante que hay en el Cap de Creus, donde, con un poco de suerte, puedes comer en mesas que hay en la terraza, que, más que terraza, es el acantilado. Qué vistas! Qué bueno todo! Qué música Chill-out estaban tocando en directo! Qué pocas ganas de volver a Barcelona!
Con todo el dolor de nuestra alma, y habiendo dejado un trocito de nuestros corazones en Cadaqués, ponemos rumbo a casa, no sin antes hacer una parada cultural en las ruinas de Ampurias, recinto arqueológico donde podemos observar las ruinas una ciudad griega y otra romana. Impresionante lo que hay excavado pero más impresionante aún es todo el recinto que falta por excavar. A pesar de ser la típica excursión que hace de pequeño con el cole (Ampúrias, Tarraco y el molino de papel reciclado...), aquí una parte de la pareja no lo conocía y es una visita que merece la pena realizar. Y tras imaginar las antiguas domus, con sus pluviniums y sus ludus llenos de gladiadores (aish.. que daño hacen las series televisivas a la imaginación), ahora sí, rumbo a la Barcino un poco más desintoxicados de lo que salimos de ella.
En fin, cuando estemos muy agobiados, y la mente necesite escapar durante unos segundos, buscaremos en nuestra memoria el cajoncito donde pone "Cadaqués" y evocaremos la playa, el sol y la brisa del Cap de Creus.