Hola a todos!
Aquí estamos, un día más de nuestro viaje. Hoy un día en que nos levantamos un poco nerviosos puesto que vamos a traspasar otra frontera y a adentrarnos en Bosnia, ese gran desconocido, un país que nos atrae y nos causa un poco de temor. Un país que hace apenas 15 o 16 años sufrió una de las guerras más cruentas del siglo pasado. Un país en el que aún se aprecian las cicatrices dejadas por su historia. Pero veamos como ha ido el día...
Nos levantamos en Dubrovnik, temprano, y ponemos rumbo a nuestro destino: la frontera con Bosnia. A pesar de nuestros temores, la policia fronteriza resultó bastante agradable, aunque nos revisaron pasaportes, documentación del vehículo y carta verde.
Una vez en Bosnia, la incertidumbre nos atenaza un poco. Hemos escuchado diversas histórias de policia corrupta, que te paran en la carreteran para sacarte unos cuartos, y con estos antecedentes, decidimos no dar a la policija ningún motivo para paranos, así que cumplimos escrupulósamente las normas de circulación, demasiado incluso, puesto que no sabiendo cual es el límite de velocidad en las carreteras bosnias, no pasamos de 60 km/h... aún nos multarán por lentos.
Con los nervios más tranquilo (bueno, los de unas personas más que los de otras) comenzamos a disfrutar del paisaje. Un cambio impresionante. Pasamos de la costa del Adriático a un territorio lleno de colinas y montañas agrestes, marrones y áridas, inmensos valles llenos de cultivos, árboles rojizos, casas a medio construir o medio destruidas, basura en los arcenes, rectifico, mucha basura en los arcenes, coches antiguos, señales de dirección en cirílico... ¿en cirílico? Eso sí es un problema!!!
Nuestra primera parada es Trebinje, un pueblo situado a sólo 28 km de Dubrovnik. La llegada, al puro estilo Pekín Express. Dejamos el coche en una zona de aparcamiento de pago cerca del caso antiguo. Genial, si no fuera por el hecho de que hemos cambiado de país y, por tanto, de moneda, así que no disponemos de nada de dinero bosnio. Dejo a Sergio al lado del coche y busco un cajero automático...parecía una gimcama. Entro en una oficina del Western Union para preguntar donde hay un cajero y sólo una persona de la oficina habla inglés. Muy amable me indica que a veinte metros tengo un banco. Corro hacía allí y tras pelearme con el cajero en bosnio consigo sacar dinero. Pero los billetes no me los coge el parquímetro, así que vuelvo a visitar a mi amiga del Western Union que me da cambio. Qué encanto de mujer!
Así que 1KM = 0,50€ = 1 hora de parking. El casco antiguo de Trebinje no nos resulta demasiado interesante y la ausencia casi absoluta de turismo hace que seamos el centro de atención de los habitantes del pueblo. Dando por finalizada nuestra visita nos paramos en una cafetería en la gran plaza principal donde nos cobran 2KM por 2 cafés con leche. Nos sorprenden los precios, pero por suerte, lo hacen de forma agradable.
De nuevo al camino, aquí no hay grandes carreteras, pero por ahora las vías por las que hemos circulado estaban bastante bien... aunque ya hemos visto alguno de esos carteles que delimitan zonas de minas... qué impresión, cuando ves uno lo único que piensas es en que no se te estropee el coche ahí!!!
Seguimos por nuestra carretera comarcal hacía nuestra próxima parada, el pueblo de Pocitelj, un minúsculo reducto turco medieval, pero con mucho encanto. Aquí, aparecen los turistas, los minibuses y las cámaras de fotos y, aunque suene mal, nos sentimos más a gusto no sintiéndonos los únicos.
Tras la corta visita y un rápido café, nos dirigimos a las cascadas de Kravice. Qué decir... bueno, sí, tres cosas. La primera, son impresionantes, preciosas y sorprendentes y realmente merece la pena la visita, creemos que son las cascadas más bonitas que hemos visto jamás. Segunda, si vais en verano no olvideis los bañadores, no hagais como nosotros, puesto que está totalmente adaptado para el baño, con sus chiringuitos, etc... Tercero, no hagais caso del parking que encontrareis, meteos por la carretera que baja hacia la cascada, y seguid bajando, seguid, hasta que llegueis a un descampado de tierra al lado del recinto. No hagais como nosotros que hemos dejado el coche en el parquing y hemos tenido que bajar y subir, bajo el sol del mediodía a 39 grados, la empinada cuesta que lleva hasta las cascadas. Hasta habíamos pensado en hacer autostop de la catarata al parquing!
Con muy buen sabor de boca e intuyendo la proximidad de nuestro destino de hoy, Mostar, tomamos la carretera que pasa por Medjugorje, segundo lugar de peregrinaje más grande del mundo, donde hacemos un alto para ver la basílica. Qué negocio tienen montado a costa de la aparición de la Virgen. Aquí sí que hay infraestructuras turísticas, restaurantes, hoteles, tiendas de souvenirs, beatos que comen cevapis y religiosos que compran rosarios... Impresionante.
Una vez más en camino, ahora sí, llegamos a Mostar y tras perdernos un poco por la ciudad, un amable señor que tiene un Seat, como yo, pero un Ibiza, nos da unas fiables indicaciones para llegar a nuestro hotel. Y tras entrar por una calle empinada, estrecha, por la que pasamos al lado de un edificio en ruina que fue bombardeado, llegamos a nuestro precioso hotel donde nos espera nuestra amable anfitriona. Qué gusto.
Así que dejamos el coche y dejamos que nuestros pies nos lleven hasta el casco antiguo de Mostar para intentar comer algo, a pesar de la hora (son las 15,30h).
Nuestra sorpresa es cuando, nada más bajar la calle del hotel, tenemos la entrada al famoso puente de Mostar, y nos adentramos en un maremagnum de tiendas de souvernirs, con precios en euros, en kunas y en marcos convertibles, turistas, helados y chanclas, todo mezclado en unas calles empedradas, con casas bajitas y un precioso puente (totalmente reconstruido pues en la guerra quedó absolutamente destruido).
Nos paramos en un local donde comemos un siskebab y una especie de salchica típica, acompañado con pan de pita, y 4 bebidas (hemos dicho ya que estábamos a 39 grados?). De postre, un helado que nos comemos sentaditos a la sombra, mientras vemos como unos locos, porque no tiene otro nombre, se tiran de lo alto del puente al río Neretva.
Un paseo, una parada estratégica para comprar agua (no sé donde metemos tanta agua en el cuerpo), un poco de shopping y al hotel, a darnos una ducha, a descansar un poco y preparar lo de mañana.
Cuando el sol se va, bajamos de nuevo al centro a dar una vuelta y nos tomamos un café en un local llamado Alí Babá, un sitio realmente impresionante, un bar excavado en una cueva (muy apropiado el nombre), con unos increibles sofás llenos de cojines, luz de velas y una música con toques árabes sonando... qué gozada.
Cuando la música oriental da paso al chunda chunda y las luces estroboscópicas hacen del romántico local una discoteca veraniega, nosotros desfilamos y, tras otro paseo aprovechando la bajada de temperatura, nos vamos al hotel, fijándonos a nuestro paso, ahora que la ciudad está más tranquila, en los restos de metralla que hay en los edificios, en los agujeros de bala que han quedado tatuados en los árboles, y es que Mostar fue una de las ciudades que la guerra castigó duramente.
Con esa sensación agridulce que estas cosas te dejan en el alma, nos vamos a dormir, pensando en la policia corrupta que podremos encontrar mañana en la carretera y en las historias que las calles de Sarajevo nos contarán mañana.
Km. 210
Km. Acumulados 2826
lunes, 22 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 10: de Dubrovnik a Mostar |
domingo, 21 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 9: de Hvar a Dubrovnik |
Buenas noches andarines.
Hoy planeábamos un día tranquilo y menudo día hemos tenido.
Para empezar, nos levantamos mirando como el sol que ayer vimos teñir de rojo el mar, va desperezándose, poco a poco, empezando a calentarnos con sus rayos.
Un desayuno con lo que nos sobró de la cena y... ¿cómo saco el coche del agujero en el que me lo han hecho meter? Primer flipe del día. El marido de nuestra anfitriona, professional driver, me hace bajar del coche y me lo saca él hasta la calle. Cuesta arriba, en curva, por un camino estrecho como él solo y... marcha atrás!!! Yo no quería ni mirar. En broma le digo a la señora, por favor, no me lo arañe, que es nuevo! Pero en mis adentros sufría lo indecible y lo increible viendo como mi coche ascendía por semejante camino de cabras en manos de un desconocido. Todo hay que decirlo, yo habría tardado 3 vidas en sacar el coche de allí y el señor ese, en un minuto, lo había depositado impecablemente en la calle. Así que, a pesar del sufrimiento, gracias!
Ya en marcha, hemos de atravesar toda la isla de Hvar (y cuando digo toda, es toda, y no a lo ancho, precisamente) ya que hemos de coger en Sucuraj un ferry que nos lleve a tierra firme para continuar con nuestra ruta a través de la E65 (la carretera que nos está llevando desde Rijeka hasta Dubrovnik).
Mucho más relajados, calculamos coger el ferry de las 11, llegamos una hora y cuarto antes, confiados y...nos encontramos lo que ni imaginábamos. Cola. Una larga cola de coches que esperan, bajo un sol ahora de justicia, encontrar un hueco en el pequeño ferry que nos lleva a Dvrenik. Estos ferrys más pequeños, en los que sólo caben unos 30 coches, salen cada dos horas.
Nos bajamos del coche a comprar los billetes y vamos calculando coches, mirando reloj, mirando el sol... No vamos a salir de aquí hasta la tarde. La gente de los coches paseaba, visitaba el pueblo, se ponía el bañador y se bañaba... Nosotros, como buenos españoles, al bar, a por un café. Mientras vemos los coches parados, acumulando calor, nos preguntamos si la señora del bar donde estamos preparará comidas... ¿y cenas? Son las 10 de la mañana y el día se nos antoja muy largo de repente.
Llega un ferry, descarga coches y se pone a cargar. Corriendo hasta el lugar donde está el nuestro para avanzar en la cola. Cualquier avance es bueno. Casi abrazada al volante, tragando la desesperación de quedar encerrados durante horas en esa cola sin fin, nuestra esperanza aumenta al ver que, realmente, no había tantos coches, así que esperamos contentos poder coger el siguiente, a las 13h. Al menos sólo tocaba esperar 3 horas.
Por no estar dentro del coche, salimos y llegamos hasta el embarcadero. La gente desayunando, jugando a las cartas... nosotros mirando los peces cuando, de repente, cual manada de gacelas que han atisbado un león entre la maleza, todos los conductores, llaves en ristre, salen corriendo hacía sus abotargados coches. !Otro Ferry! Y allí que vamos nosotros, galopando cual cervatillos contentos de que en verano hayan aumentado la frecuencia de los barcos.
La cola avanza y cada vez vamos más pegados al de delante... queremos caber, queremos caber! Las autocaravanas que no entren! Que son mu grandes! Y cuando se acerca la señora que determina hasta donde se entra, cerramos los ojillos y.... un gordito señor nos señala por donde hemos de subir al barco! Bieeeen!!!
Ya en marcha, nos sentamos dispuestos a disfrutar de la media hora de trayecto cuando, de repente, nuestro coche se asusta a causa del movimiento y... salta la alarma!!!!! Si es que... y no una! Dos veces! ¿Pero que es esto? Todos más tranquilos, el coche y nosotros, nos abstraemos con el brillo de las olas y el increible efecto del sol en el agua, cuando, sin darnos cuenta, ya tenemos que bajar del barco.
Gracias a este ferry oficialmente inexistente, nuestros planes vuelven a ser completos y ponemos rumbo a la ciudad de Ston, donde se conservan 5km de muralla defensiva, realmente bonita.
Antes de llegar a Ston, nos toca pasar frontera, ya que nos encontramos con la única franja de tierra bosnia que da al mar. Así que pasaportes en mano y allá vamos! Mañana no creo que nos haga tanta gracia, pero ahora sí!
Una vez pasadas las fronteras, visitadas las murallas y admirado el increible paisaje entre marítimo y de lagos por el que transcurre nuestra querida E65, llegamos a Dubrovnik.
Animados por una buena entrada a la ciudad, pronto encontramos el hotel gracias al GPS (ahora sí). Primer contratiempo. Se supone que tenemos parquing gratuito. Y no vemos ni parquing, ni gratuitidad por ningún sitio. Dejamos el coche en una zona de pago y subimos al hotel, una preciosa casa a 5-10 minutos andando del centro, a dejar el equipaje y preguntarle a nuestro anfitrión donde podemos dejar el coche.
Siento mucho lo que voy a decir, pero que persona más desagradable. !Da igual donde dejeis el coche, tendreis que pagar! Eh... sin ganas de discutir preguntamos donde está la máquina para pagar. Y resulta que aquí, se paga en el quiosco. Pues vete a buscar el quiosco y la del quiosco no tiene ni puñetera idea. No tienen tickets para todo el día, sólo de una hora. Pues son las 16h de la tarde y tengo que dejar el coche hasta mañana. Ah! No sé! En el centro supone que podemos comprar los tickets de todo el día, pero las tiendas donde los podemos comprar estan cerradas hoy. Genial. ¿Dormimos en el coche, o qué?
Pues compramos un ticket de una hora y subimos a preguntar al dueño del hotel si puede darnos alguna indicación. ¿Y qué quieres que yo haga? Es su respuesta. Hartos, cansados y agotados de tanta estupidez, nos hinchamos a comprar tickets del parquing. 14 papelitos puestos en línea en el salpicadero del coche. !A tomar por......!
Así que, de mala leche, temiendo multas y cosas por el estilo, nos vamos al centro de Dubrovnik.
La verdad es que es muy bonito, decir lo contrario no sería justo. Su ancha calle principal, tan blanca, sus calle aledañas, estrechas, empinadas, llenas de escalones, que acaban en la muralla de la ciudad... Eso sí... caro de narices!!!
Mira que intentamos no hacerlo, pero llevando una semana en Croacia es imposible no comparar precios, y, desde luego, la forma de aprovecharse del turista aquí es increible. Una botella de agua cuesta más del doble de lo que nos ha estado costando.
Podría decirse que llevamos unos días que casi ni miramos los precios, puesto que todo es bastante asequible, ya sea en un bar en el mismo puerto de Hvar, en la plaza principal de Skradin, en las callejuelas de Pula o en los alrededores del mercado de Split. Todo ronda los mismos precios. Pero esto es exagerado!!!!!
Nada, un taglio de pizza, una Coca Cola y nos vamos al hotel, dispuestos a quejarnos por el tema del aparcamiento.
Por ahora el coche no tiene multa (supongo que si llega la policija y ve la fila de tickets de aparcamiento en lugar de multa se darán un panzón de reir). Por suerte, cuando subimos al hotel, el simpático no está, y en su lugar hay una señora muy agradable, que nos explica el porqué de la falta de aparcamiento (sólo tiene una plaza y se la queda el primero que llega, que no hemos sido nosotros) y que nos avisa que, si es un día, la policía no acostumbra a decir nada por el tema de la zona de pago. Ahora nos lo dice.
El caso es que la señora apacigua nuestros ánimos con un poco de charla y subimos a la habitación más relajados. Una ducha, el aire acondicionado a tope y a preparar la ruta de mañana. Qué nervios tenemos. Mañana país nuevo, frontera nueva, carreteras nuevas, moneda nueva... a ver que nos encontramos en Bosnia.
Bona nit!
Km. 214
Km. Acumulados 2616