Hola todos!
Por si no habíais tenido suficiente Francia por ahora (estoy por cambiar el nombre del blog por el de Ande Andaremos... ¡¡pos en Francia!!), esta mañana, bien temprano, maletas, abrigos y, por primera vez en este blog, familia, todo dentro del coche, bien apretaditos y carretera y manta.
Hacemos, por décimosexta vez este mes, el mismo camino hacia la frontera gala, las mismas obras, las mismas limitaciones de velocidad pero un destino diferente: Sigean. Nosotros ya lo conocemos pero nos vamos de fin de semana con la familia, esperando que les guste todo lo que tenemos intención de enseñarles.
Así que aquí vamos por la autopista... ¿ya empezamos? Que cuándo llegamos, que pipí, que sed... aish... ¡qué viaje más largo! Una vez pasada la frontera y el coche emocionado por poder ir a 130, enseguida llegamos a nuestra primera parada: La reserva africana. El bombardeo publicitario a nivel mundial es sorprendente y las entradas son sorprendéntemente caras (27€) pero, realmente, merece la pena.
Iniciamos el recorrido en coche con la música de Jurassic Park en nuestros oídos mientras nos adentramos en el territorio de la terrorífica... ¡avestruz! ¡¡Que se nos ha cruzado y se ha intentado comer nuestro retrovisor!! ¡Qué bichos más grandes!
Y luego resulta que a un oso del Tibet le hemos gustado y nos ha acompañado durante un rato, mientras era bombardeado a fotografías... ¡¡no abrais la ventana!!! Un rinoceronte cruzando la carretera... y otro... y otro... y, por supuesto, tienen preferencia, ¡no querría hacer enfadar a un rinoceronte y que las tomara con mi coche!
León y leonas, ñús, cebras... y sin demasiado tráfico. Dentro del coche sólo se oía.. allí, allí!! Cual vigía de goleta indicando tierra...¡¿pero dónde?! ¡yo no veo nada! ¡Ah! ¡Sí! Y el pobre conductor intentado no atropellar ninguna garza despistada. ¡¡Realmente divertido!!!
Una vez aparcado el coche, al más puro estilo dominguero sacamos las bolsas con los bocatas y tras haber llenado bien nuestras tripitas iniciamos el recorrido a pie. Con animales por doquier y con ganas de pasarlo bien vamos conociendo al elefante autista, el chimpancé invisible, la tortuga tímida, el flamenco rosa con patas blancas y el flamenco blanco con patas rosas, las cebras gemelas o la vaca cornuda... Y por suerte, podemos ver al guepardo (gracias a que su gran recinto está en obras y está en uno pequeño) y a los activos licaones que esperan su merienda (que sólo se levantan para tumbarse en otro sitio, a ser posible, a la sombra!).
¿Valoración de la visita? Unas 4 horas realmente divertidas. Además, ¡a quien le guste hacer fotos de los animales disfrutará como un gorrino en un charco!
Tras una mañana de safari nos vamos a Narbonne a dar un paseo y disfrutar un poco de una tarde de tiendas. ¿Narbonne? Como de costumbre, una preciosa plaza del ayuntamiento, una magnífica catedral y unas calles de tiendas cucas. Pero sopesando qué hacer, decidimos poner rumbo a Sigean, donde está nuestro hotel, y buscar allí donde cenar.
Así que sacamos a nuestra mágica carroza del parquing donde estaba esperándonos y ponemos rumbo al pueblo de Sigean. Alcanzamos el hotel, Chambres d'Hôtes Leclerq, y tras hacer las maniobras necesarias para instalar a nuestra calesa en el garage de la casa (¡parece ser que sólo buscamos sitios estrechos, leches!) la encantadora dueña de la casa nos hace un tour por las habitaciones, unas indicaciones de restaurantes, un poco de charla y cada mochuelo a su olivo. Digo... y cada uno a vaciar su maleta, que se nos hace tarde para la cena, ¡que son ya las 20h!
Salimos con las piernas cansadas y las barrigas vacias en busca de algo con qué llenarlas y, haciendo caso de Dorothée, la dueña de nuestro hotel, recorremos el pueblo en busca de los restaurantes recomendados. Finalmente, los dos zagales de nuestra expedición se decantan por un restaurante tradicional francés y allá vamos... y ¡vaya si es tradicional!
Un restaurante como mi comedor de grande (que ya es decir), con un complejo muy fuerte de museo de la vida antigua campestre, y donde ¡¡la camarera, la dueña y la cocinera era la misma persona!!! Creo que era este sitio donde me dijeron que el servico era un poco lento... ¡¡si no me extraña!! Somos los únicos comensales y eso me escama un poco. A pesar de la amabilidad de la dueña y del paté de judías pintas no tenemos mucha fe en el local, pero al llegar la comida parece que nuestros miedos desaparecen un poco. Platos sencillos, pero buenos, y caseros, sobretodo, caseros y un vino de mesa peleón, según mi madre malo, pero cuando ya llevas dos copas todo te sabe a ambrosía! Y como éramos los únicos, pues tampoco ha sido tan lenta la cosa! ¡¡Si escuchábamos a la señora apagar los fogones!! Era cómo comer en casa pero pagando!
Y así, con la tripa bien llena de entrecot y vino tinto, subimos las escaleras de caracol y sentimos la llamada de la jungla... digooo de la cama... que se me cae la baba sólo de verla...
viernes, 6 de mayo de 2011
| [+/-] | Todos al coche y... para Francia! |
viernes, 22 de abril de 2011
| [+/-] | Dia 1: Semana Santa 2011 ... En la falda del Canigó |
Buenas noches, bona nit o bonsoir my friends!
Ayer emprendimos nuestro viaje de Semana Santa, tan ansiado, tan anhelado... aiishh que meses tan duros! En fin, cómo ayer fue imposible la conexión, vamos a explicaros un poquito nuestro inicio de viaje.
Hace mucho, mucho tiempo (vamos, desde ayer a medio día) que iniciamos el viaje hacia la montaña sagrada de los catalanes, el Canigó.
Estábamos nosotros en nuestra querida y gris Barcelona, en nuestras respectivas oficinas bajo nuestros respectivos fluorescentes, esperando que el reloj diera la hora para salir disparados con los tacones, las bolsas y el estrés, dando buena cuenta de unos bocadillos que nos permitieran robarle al día unos minutos y conseguir, así, emprender viaje lo antes posible. Las bolsas preparadas, todo en su sitio... solamente enfundarnos los tejanos y ... al coche.
Rezamos por no encontrar la Ronda parada y parece que los dioses nos escuchan!! Nada de atasco, el sol en el cielo y la carretera ante nosotros, y de esa guisa, cantando por Serrat, llegamos a la frontera y, casi sin darnos cuenta, a nuestro desvio: Perpignan. Y un poco más hacia el interior, nuestro destino: Prades. Un pueblo en medio de todos sitios y, a la vez, de ninguna parte.
Aterrizamos en nuestro hotel, la Maison 225, una preciosa casa en el pueblo, que tiene todas la comodidades (wifi -jejeje-, desayuno, habitaciones estilosas, un patio precioso, unos dueños encantadores y parquing -¿se os da bien maniobrar?). Estamos encantados.
Cómo son casi las 19h, damos una vuelta por el pueblo, que es bastante normalito, en busca de un sitio para cenar algo, y entre restaurantes completos y cerrados, acabamos cenando en el Restau rant Viet nam (no, no se me ha olvidado escribir... os juro que los espacios estan ahí), que resulta ser un vietna mita (jaja) que está mucho mejor de lo que parece desde fuera. Totalmente recomendable!!
Y cuando llegamos al hotel...aish por favor! que no veo ni la cama! ¿Pero cómo vamos a dormir 10 horas? Pensamos cuando ponemos el despertador a las 8.30, teniendo en cuenta que nos vamos a dormir a las 22.30... todo se puede intentar, vamos, que si hay que hacerlo... se hace.
Buenas noches!!