Hola andarines!
Nos levantamos esta mañana con la sensación de que las vacaciones, se han acabado. Hoy dejamos Eslovenia y emprendemos camino a casa. Recogemos nuestras cosas con un poco de desgana, porque, además, hemos estado a gusto en este albergue (a pesar de lo que parecía en un principio).
En la sala del desayuno, ya nos saluda gente, el francés de anoche… bonjour… Un catalán de Sants que nos ve con el aceite de oliva encima de la mesa y deduce, al instante, nuestra nacionalidad nos pregunta y charlamos sobre nuestros viajes. Él va en bici por el país. Qué burgueses nos hemos vuelto, pienso.
Ya en el coche salimos de nuestro rinconcito del Bronx y abandonamos la prisión y sin planos para el GPS, puesto que hemos tenido que introducir ya los de la Europa occidental, nos dirigimos, sin pausa, pero sin prisa, a la frontera con Italia.
Ya llegamos, está a pocos kilómetros peeero vamos a hacer nuestra última visita en Eslovenja… Lipica. Aquí se crían unos de los mejores caballos del mundo (con permiso de los andaluces y árabes…), una raza autóctona del Karst (esta región del país) que durante varios años fueron cruzando con caballos andaluces para conseguir el caballo perfecto, y yo creo que lo tienen!
Cotilleamos los entrenamientos de los caballos que hacen competición y exhibición (aunque sólo hay un jinete que haga algo guay) y luego con una simpática guía hacemos la visita del recinto, bueno de un parte, porqué son 300ha, visitando las cuadras y viendo algunos caballos mientras nos explican todo sobre ellos. La verdad es que ha sido una visita muy interesante y hemos aprendido muchas cosas (no sabía que un caballo vivía 30 años).
Casi habiendo pasado la mañana, ponemos rumbo, ahora sí, a Italia, a nuestro siguiente hotel situado en Portogruaro.
La autopista nos hace ser conscientes del camino de vuelta que iniciamos y así, llegamos a nuestro destino. Pensábamos que Portogruaro sería una ciudad grande, fea y gris y nos encontramos con un pueblo precioso, con un casco antiguo lleno de palacios gótico-venecianos, todo peatonal, salpicado de restaurantes y atravesado por un pequeño río. Y el hotel resulta ser un antiguo palacio en medio de esta zona peatonal. Una monada!!!
Más que contentos después de haber visto la cómoda cama que nos espera esta noche, bajamos a comer algo y a pensar en qué hacer en la larga tarde que tenemos por delante.
Mirando el plano, pensando, dando una vuelta, otra…¿te apetece un helado? Vale. ¿Nos lo comemos en Venecia? Vale. Y ahí vamos, a buscar el tren y a Venecia Santa Lucia.
Dicho y hecho, una hora después arribamos a la Laguna y cogemos el Vaporetto que nos lleva a la Piazza San Marco.
Cuando estuvimos hace 3 años, el Puente de los Suspiros estaba lleno de andamios, así que vamos con la esperanza de verlo al descubierto y… nos encontramos que sigue lleno de andamios pero que además, el andamio lo han cubierto con un mega anuncio de L’Oreal… porqué yo lo valgo! Ni que fuera esto la Sagrada Familia… De aquí a unos años volveremos, a ver cómo van las obras!
Así que, cómo ya conocemos Venecia, nos dedicamos a pasear, callejear y andurrear por las calles, las callejas, los passagios , los soportegos y las salizadas. Cuanto turismo. Cuanto veneciano rancio. Qué caro es todo. Pero en fin. Es lo que hay. Lo que es innegable es que Venecia tiene un encanto especial.
Sus canales estrechos, con sus gondoleros, sus calles empedradas, los pequeños amarraderos en las puertas de las casas, las fachadas desconchadas, las algas en los pilares del agua y esas indicaciones “Per Rialto”… Venecia, siempre será Venecia.
Así que tras pasear y comer un heladito, volvemos a Ferrovia a coger el tren de nuevo a nuestro hotel tras haber pasado una tarde diferente, entre canales y tiendas de máscaras.
Una horita en tren, intentado no contagiarnos de la risa y los aullidos de dos enoooormes ( y cuando digo enormes es enormes) alemanas que teníamos delante y que nos recordaban, la una a una camarera del Oktober Fest y la otra a una Valkiria cantante de Ópera, y llegamos al hotel, muertos y pensando en esa cama que nos espera…zzzzzzzzzzzz.
Km. 192
Km. Acumulados 4250
miércoles, 31 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 18: de Ljubljana a Portogruaro |
lunes, 29 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 17: Ljubljana |
Buenas noches andarines!!
Tras conseguir bajar del techo... digo... de la cama de nuestra celda, desayuno en el hostel y a visitar Ljubljana!!!!
Así que pasico a pasico, con la barrigota bastante mejor (vamos, con lo que la estoy cuidando), en algo más de 5 minutos abandonamos nuestro Bronx particular y llegamos al Puente de los Dragones. Genial, pues creíamos que estábamos más lejos del centro.
Por lo que hemos visto, es una ciudad pequeña y, aunque nuestra primera impresión ha sido la de unas calles sucias, llenas de graffitis, la verdad es que el centro es encantador!
Preciosas calles peatonales desembocan en plazas que desembocan en otras plazas, no un puente sino tres forman el corazón de la ciudad de los dragones. La Catedral es una magnífica joya barroca enclavada entre puestos de frutas llenos de avispas y tenderetes de ropa un poco anticuada. El castillo situado en lo alto de la colina observa atentamente las idas y venidas de los habitantes mientras escucha los sonidos y soniquetes de los músicos callejeros que prodigan su arte por unas monedas.
Un agradabilísimo paseo por esta ciudad plagada de bicicletas, un té en una escondida terraza y, en una mañana Ljubljana está vista dejándonos muy buen sabor de boca. Un poco de callejeo, colarnos en el ayuntamiento y cotillear unas tiendas y decidimos comer algo para aprovechar la tarde fuera de la ciudad.
Sin pensarlo mucho, nos sentamos en la terraza de una Gostilna cerca del Ayuntamiento, sin saber muy bien si han sido los trajes típicos de los camareros, la carta o la proximidad lo que nos ha hecho elegirlo. La temperatura es agradable, el servicio rápido, la comida buena y... la avispa cojonera.
Hemos llegado a la conclusión que en los territorios de la antigua Yugoslavia las avispas eran entrenada como armas de destrucción, de ahí su afán por meterse en tu plato, rondarte las orejas y pararse en tus brazos hasta la saciedad, no la suya, sino la tuya. Pero esta vez no estábamos dispuestos a dejarnos vencer. Así que Sergio puso los restos de su primer plato, foie de pollo, cual cebo jugoso para cazar a la bestia... y ahí estaba, llegó, aleteó y se posó. Levantó el vuelo pero el cebo era demasiado tentador y volvió a posarse, dejándose llevar por los efluvios del parmesano... y ese fue su fin. Una servilleta gigante cayó sobre ella con saña, una vez, dos veces, luego con la cuchara... Por fin pudimos comer tranquilos...
Temerosos de ser objetos de represalias por parte de familiares ofendidos de la difunta avispa, nada más pagar la cuenta nos levantamos del restaurante y ponemos rumbo al hostel para coger el coche. Avanzaremos faena de mañana, vamos a las Cuevas de Postojna, las que algunos dicen, son las mejores del mundo.
Tras media hora de autopista llegamos al circo que tienen montado alrededor de las grutas. Tiendas de souvernirs, restaurantes, etc... y qué negocio! Pagas el parquing y luego, claro, pagas la entrada...22 euripites cada uno!! Pero que se le va a hacer.
Así que sacamos nuestras entradas y nos vamos hacia la puerta, más de media hora de espera hasta la siguiente visita, por lo que aprovechamos para leer la guía de Eslovenia (no es por nada, pero qué guía más mala, leches! Una y no más!) y cuando nos ha parecido que demasiada gente se nos ha puesto delante, hacemos una maniobra made in Spain. Vamos, que cuando han abierto la puerta estábamos los primeros.
Durante la primera parte de la visita recorres cerca de 2km montado en un trenecito que recorre grutas y grutas a toda velocidad, mientras notas como la temperatura va bajando más y más hasta llegar a los 8º que las cuevas tienen durante todo el año. Hasta aquí, bien.
La segunda parte de la visita se hace a pie, casi 1,5km por un "sendero" que recorre las salas más espectaculares de las cuevas. Es imposible negar que las grutas son absolutamente impresionantes por sus dimensiones, nunca habíamos visto unas tan enormes, pero lo que tampoco se puede negar es que la gente es insoportable.
No foto, se dice igual en todos los idiomas. Si te repiten No foto 5 veces en 10 minutos... ¿porqué la gente hace fotos? Y te lo explican, no se pueden hacer fotos por la fauna que hay ... ¿porqué haces fotos con flash!? Qué desesperación, la gente con sus cámaras, la gente tocando las Estalagmitas, sentándose encima!!!!!!!!!!!!!! A mi casi me da un ataque. En el grupo de habla inglesa seriamos, por encima, tres millones de personas (unos personas, otros energúmenos). En fin. Al final de la segunda parte pudimos ver un acuario con algunos Peces Humanos, un pez blanco, ciego, que habita en esas cuevas, que no tienes aletas, sinó deditos... que bicho más raro... era como el dragon de la Historia Interminable, pero sin pelo y dos millones de veces más pequeño.
Y la tercera parte de la visita volvía a ser el tren, de vuelta al principio, siempre y cuando la señora ansiosa que se engancha al tren antes de que pare no se caiga y la atropelle! Qué horror de gente.
Valoración de la visita: la cueva increible, sublime. La gente horrible, haría falta hacer grupos de visita más pequeños y con más control por parte de la organización... o acabarán como en Altamira, restringiendo las entradas.
Aunque ya teníamos la idea de ir, la publicidad subliminal que hay en todo el recinto de las cuevas, nos guía a 9km, al castillo de Predjama, enclavado en una montañana, bueno, encima... no... debajo... no... dentro de la montaña!!
La verdad es que es una preciosidad la ubicación y parece mentira como hace varios siglos se podían crear edificios así en lugares como ese sin los avances tecnológicos que hay actualmente. Lo increible de este castillo son unas grutas a las que se accede por la parte inferior pero para las que hay que ir con equipamiento adequado y cuya entrada es más restringida.
Así que un zumito, y al coche, para la capital, una parada en el Lidl para hacer saltar las alarmas y comprar algo para la cena y en un ratico llegamos al hostel.
Nos subimos a la cocina y tras una charla con un parisino que nos pregunta sobre las corridas de toros y un poco de arroz (se me va a poner cara de china), a nuestra celda, a intentar recogerlo todo, puesto que mañana ya, con todo el dolor de nuestro corazón, iniciamos oficialmente el regreso a casa. Mañana: Italia.
Pero hoy aún os puedo decir... buenas noches y un besote esloveno!!!
Km. 128
Km. Acumulados 4058
| [+/-] | Día 16: de Pohorje a Ljubljana |
Buenas andarines!!!
Nos levantamos en Pohorje, en medio del silencio, de la montaña, qué gozada, qué tranquilidad, incluso parece que la barriguita va un poco mejor. El tiempo ha refrescado (menos mal porque nos íbamos a morir) y... esta noche ha llovido! Pobre mi coche, que estaba lleno de polvo, ahora está lleno de barro...
En fin, un desayuno frugal y ponemos rumbo a Ljubljana, capital del país. El plan es llegar al albergue que tenemos reservado para las próximas dos noches, dejar las maletas e ir a la zona del lago de Bled y la el Parque Nacional de Triglav.
Así que, aprovechando que por fin en Eslovenia el GPS tiene el 100% de los planos, llegamos sin problema hasta el hostel... la cara que se nos queda no se paga con dinero. Nos da la sensación de entrar en una zona de guerra de bandas-pandilleras. Haceos una idea: parededes pintadas y grafiteadas a más no poder, jóvenes con botellas para arriba y para abajo, nos asomamos a lo que debe ser el recinto del albergue, que ocupa una antigua cárcel y que, de hecho nos planteamos si los delincuentes han dejado de habitarla. Todos los módulos que componían el recinto pintados, el patio de la cárcel también... aish... y por lo que hemos podido comprobar todo el mundo pone la misma cara...
¿Y aquí hay que dejar el coche? Esa es nuestra mayor preocupación.
Entramos al albergue un momento y, la verdad, es que tiene muy buena pinta. Dejamos el equipaje, esperando encontrarlo a la vuelta y nos vamos de ruta intentando no pensar en el trocito de Bronx donde tenemos que dormir.
Hacemos un alto en el pueblo de Skofja Loka, llamado la ciudad museo por la cantidad de edificios bonitos e interesantes que tiene, y la verdad es que merece la pena una parada. Con un casco antiguo pequeño (aunque creo que no era casco antiguo, sinó que era todo el casco) lleno de construcciones interesantes, una iglesia con altares de mármol negro (poco visto, la verdad), atravesada por el río... Molt bé!
Ahora ponemos rumbo a Bled y, como se nos viene la hora encima, hacemos un alto para comer en un restaurante de carretera, bueno, de carretera no, que estaba en un pueblo. Hemos aterrizado en una Gostilna, que son restaurantes pequeños, tipo mesón, regentados por una familia y donde todo es supercasero. A ver si puedo comer algo.
La verdad es que era como estar comiendo en casa, un comedor no muy grande, un mantel de flores, mesas grandes... llega el camarero y nos pregunta: ¿qué quereis comer?... Nuestra cara es un poema... no hay carta, no hay menú escrito, no hay nada... aprovecho la ocasión y le pido arroz blanco y pollo a la plancha (a ver si hay suerte y me he hecho entender), así que tras mi extraña petición, el camarero le relata a Sergio la lista de lo que podía comer, y cuando acaba con su retahila Sergio pide... eso último! eso! Porque le ha sonado a snichtel (carne rebozada, vamos) y eso sabe lo que es. No hay que dudar que era un restaurante familiar, iba llegando gente, el camarero reía, les saludaba, salía la cocinera, se sentaba en las mesas... y empieza a llegar la comida. Para Sergio, una sopa, con fideos, que olía de bieeeen... y luego mi plato de arroz con pollo (Qué bien!!!!!), un plato de ensalada y el plataco de Sergio con un filetón rebozado, arroz, puré de patata, flan de verduras, una especie de pastel de carne relleno de pan con salsa... vamooooos... y yo con el arroz blanco... Y ya, sin preguntar, a Sergio le trae el postre, macedonia con nata y yo me pido una Kamilica (más manzanilla, estoy hasta el moño!!). Qué bien hemos comido!!! Pero lo mejor ha sido cuando el camarero ha venido con el rollo de papel de aluminio para ver si queríamos llevarnos los restos... magnífico!!!!!!!!!!!!!!
Con las panzitas llenas, llegamos a Bled. Una preciosidad. La vista del castillo sobre el lago es impresionante, la isla en medio del agua con la iglesia es espectacular y las montañas del fondo quitan el hipo. Dispuestos a disfrutar bien del paisaje decidimos subir en el teleférico a lo alto de una colina desde donde se ve el lago y el castillo y resulta que el teleférico no era tal, sinó un telesilla. Pos venga, como nunca hemos montado en telesilla allá vamos!!! Dios..., ahora recuerdo que tengo vértigo!!! Qué nervios! Qué alto! Con los piecicos colgando a miles de millones de metros (cómo mínimo) del suelo! Y qué lento!! Ni las fotos me salian, oiga!!
Y por fin llegamos, sanos y salvos a lo alto de la colina y las vistas bien merecían pasar unos pocos de nervios.
Ahora toca bajar, podíamos haber bajado en una especie de dragon khan individual por la colina o por el telesilla, pero como no teníamos claro qué era... pos al telesilla otra vez... ahora sí que da impresión porqué ves que el porrazo será monumental!!!
Abajo otra vez, y feliz de no haber muerto, reconozco que ha sido divertido el tema del chairlift, pero por hoy ya está. Ahora, tocando con los pies en el suelo, andamos por el paseo que tienen habilitado a lo largo de todo el margen del lago y llegamos al pueblo. Resulta que estan haciendo no sé que mundiales de remo y está todo lleno de gente, marcadores y banderitas de distintos paises.
Llenos de Bled, ponemos rumbo al lago de Bohinj y al Parque Nacional de Triglav. Qué paisajes, prados verdes, verdísimos, que parecen pintados, con sus casitas al más puro estilo alpino salpicando las llanuras y, al fondo, envolviendolo todo, las montañas, cada vez más altas.
Llegamos al lago Bohinj, enclavado entre montañas, nada tiene que envidiar al de Bled en lo que a naturaleza se refiere, gente bañándose, yendo en barca o canoa, tomando el sol que se cuela entre las cumbres de las montañas... aish, qué bonito!!
Y ya que estamos aquí, adentrándonos más en el Parque, intentamos llegar a unas cascadas. Mientras vamos por la carretera de curvas, hay un momento en el que se hace de noche, hasta el coche enciende las luces. La vegetación se vuelve tan frondosa que no deja pasar ni un rayo de sol y nos da la sensación que el reloj ha avanzado, de repente un par de horas. Avanzamos y avanzamos y el bosque que nos rodea cada vez se presenta más sombrío, altos árboles con delgados troncos crecen en un suelo plagado de rocas, llenas de musgo... un espectáculo precioso!!
Y de repente llegamos a un parking, por fin! Aunque a pesar de todo decidimos no visitar la cascada, ya que hay un buen paseo y tampoco es que sea muy temprano, tomamos algo en una cafetería y tras respirar el aire puro de la montaña, ponemos rumbo a Ljubljana.
Cuando llegamos, tal y como nos han indicado esta mañana, metemos el coche en el recinto de la cárcel-hostel, por una entrada medio escondida entre dos muros (con barrera, eso sí) y tras atravesar toda la comuna hippie-punky-okupa donde estamos dejamos el coche en la puerta de la recepción del hostel.
Una vez dentro, la verdad es que el Hostel es de los mejores que he visto, bar-restaurante, terraza, zona de copas, lavandería, cocina... ahora toca ver la celda que nos ha tocado. Cada celda ha sido reformada y decorada por un artista, a ver qué tal. Entramos en el corredor principal de la primera planta (a la que hay que acceder ya con llave) nuestra celda es la 106, abrimos la puerta de metal que da al pasillo y... otra puerta... la de rejas!!!! Qué guay!!! Abrimos esa y... no hay cama. La cama está arriba!!!! Nos ha tocado una celda, que ahora, a la mañana siguiente, no está tan mal. tiene un par de armarios, dos taburetes y una mesita y, la cama está encima de la puerta... pero está alta... espero no caerme... Rejas en las ventanas, golpes metálicos cada vez que alguien abre una puerta... qué molón es esto!!!!
Tras cenar en el albergue (una pizza congelada y un sandwich de jamón y queso con pan congelado... me recuerda a mi tortuga... Pelotilla!Cómo estarás?!) a dormir, bueno, a esperar que el americano que está sentado en el patio, debajo de nuestra ventana, acabe de reir y de decir sorry sorry. Pero la verdad es que una vez alcanzada la cama, se duerme bastante bien, ahora sólo hay un problema... ¿cómo bajamos de aquí arriba?
Besitos!!!
Km. 304
Km. Acumulados 3930