Mira tú, hoy sí que hemos dormido mejor. La gente de fin de semana ya se ha marchado y el turismo que invade el pueblo es más tranquilo.
Antes de irnos, decidimos tomar un café en un cibercafé que hay cerca del hotel y así aprovechar para actualizar este maravilloso blog. Siempre es curioso que un Ciber café no tenga internet, así que nuestro gozo en un pozo y el desayuno se limitada a un café con leche mientras esperamos el Party Shuttle (qué alta tienen la música, parece la disco!) hasta el aparcamiento. La rutina, coche, pagar, maletas y… seguimos ruta hacía territorios desconocidos!
Llegamos a la frontera croata ahora con los pasaportes preparados. ¿Por qué te hablará la policía en croata cuando la matrícula del coche pone España, el pasaporte pone España y nosotros tenemos cara de españoles? Y claro, quedas mal ante la autoridad, pero tu respuesta a su pregunta es: Eiin? En fin, tras explicarles que es nuestra primera visita a Croacia, ponemos rumbo a nuestro primer destino del día: Buje.
Cuando llegamos allí alucinamos con la de coches que hay, aunque realmente deberían ser todos de los habitantes, porque turistas, ni uno. La gente oriunda nos miraba raro, subiendo por las cuestas del pueblo, cámara en ristre, mochila en la espalda y plano en la mano. La verdad es que el casco antiguo no está mal pero tampoco es para tirar cohetes, así que una vueltica rápida, unas compricas de productos típicos a base de tartuffi y a continuar viaje.
Con un poco de desconfianza, y con un plano de carreteras de la región que nos hemos agenciado en la oficina de turismo (locos pero no tontos), avanzamos por pequeñas carreteras, en bastante buen estado, a través de verdes valles hasta llegar al pueblo de Groznjan, pueblo que abandonaron los italianos y que fue rehabitado por artesanos y artistas. Nos quedamos sin palabras puesto que nos esperábamos un pequeño pueblo, vacío, en medio de la montaña y nos hemos encontrado un lugar precioso, lleno de rincones de ensueño, de tiendas de artesanía, limpio y con unas vistas impresionantes!! Muy recomendable!!
Encantados de nuestro descubrimiento, seguimos hacia la Ruta de las Ciudades Fortificadas, adentrándonos en la península de Istria y acercándonos a nuestra próxima parada, Motovun, pueblo que conserva su núcleo medieval y está enclavado en lo alto de una colina. Vistas impresionantes a través del paseo por lo alto de las murallas que rodea el casco antiguo pero que, sinceramente, tras visitar Groznjan, no lo supera en absoluto.
Continuamos nuestro camino hacia la costa, pasando por diversos pueblos del estilo de Motovun, núcleos medievales, enclavados en colinas, pero sin nada en especial salvo su ubicación, perfectamente visible desde la carretera. Tras un trayecto no muy largo, por un bonito camino (confianza en el GPS aumentando) llegamos al minúsculo pueblo de Plomin. No tiene más que un par de calles y una pequeña Iglesia, pero precisamente por eso merece la pena hacer un alto de 10 minutos, estirar las piernas y asomarse al mirador que hay nada más pasar el pueblo, en la primera curva, desde donde se ve un fiordo (lástima que lo que haya más abajo sea una enorme fábrica con la chimenea más grande que jamás he visto).
Continuamos viaje hacia la costa, pensando en parar en algún sitio para comer. La carretera atraviesa diversos pueblos donde intentamos parar pero en los que la acumulación de turismo nos lo impide de todas todas. Pequeños núcleos que no tienen nada más que acceso, mediante relativas playas, al mar, y cuando estamos a 34 grados la cosa se complica. Así pasamos por Moscenice, Lovran y Opatija y, finalmente, decidimos ir hacia Rijeka, donde tenemos nuestro alojamiento.
Atravesando la ciudad, llegamos al albergue donde los alojaremos hoy. Sorprendente.
Está ubicado en una bonita mansión, con habitaciones dobles, con baño privado, desayuno, wifi, un personal agradable y sitio para dejar el coche en la misma calle, a 20 metros de la puerta. Gracias!!!!! Justo en la puerta, el autobús que nos lleva al centro.
Así, decidimos descansar de coche esta tarde y cogemos el autobús de la línea 1 que nos deja al lado del casco histórico (10kn el billete).
Un paseo por la calle principal de tiendas, y acabamos comiendo en el McDonalds (bueno, forma parte de la tradición visitar el McDonalds de cada país donde vamos y tengamos en cuenta que son las 15.30 de la tarde!). Especialidades del país, el McCountry y gambas rebozadas… Ei, y es más barato que en España (2 menús más una ensalada pequeña –el chico se ha equivocado pero da igual, tenemos hambre- 59kn, aproximadamente unos 8 euros).
Una vuelta por el centro histórico nos hace darle la razón a aquellos que nos decían que Rijeka no tenía nada, así que compramos tiritas, nos tomamos un cafetín y entramos al Konzum a comprar cena, unos panes, Prüst (jamón típico de la zona) ,agua y zumetes. Y con nuestra bolsa de la compra cogemos el bus que nos llevará a nuestro lugar de descanso.
Mañana nos espera un día durillo, la carretera de la costa croata que nos llevará hasta Skradin. Un buen tramo! Esperamos no encontrar mucho atasco… mañana os contamos.
Km: 143
Acumulado: 1832
martes, 16 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 4 - De Piran a Rijeka |
| [+/-] | Día 3 - Costa de Istria |
Hola holita!
Tras una noche movidita en la que nos ha costado bastante dormir ( fin de semana, fiesta, pueblo de costa, agosto… mucha gente en la estrecha calle, a TODAS horas, con un buen eco, estamos hartos de dar vueltas en la cama), nos levantamos decididos a visitar la península de Istria, o al menos, todo lo que podamos!
Así, alegres, nos dirigimos a la plaza principal de nuestro precioso pueblo y nos tomamos unos cafeticos con leche y una cosa típica de hojaldre con queso… hay que coger energías para pasar toda la mañana dando vueltas.
Cogemos el autobús que nos lleva en 5 minutos (si llega) al aparcamiento “Fornace” en el que hemos tenido de dejar el coche al más puro estilo Venecia. La verdad es que barato no es, pero es lo que hay (15 euros las 24 horas) y, además, te despreocupas del coche totalmente.
Una vez ubicados en nuestra fiel montura, ponemos rumbo a la frontera croata… sin haber cogido los pasaportes!!! Menos mal que estamos en la UE y con el dni pasamos sin problemas. Ahí vamos! Los Truskys invadiendo otro país, ni los Escipiones, tú! Y tras un trayecto no muy largo hacemos nuestra primera parada, Porec.
Dejamos nuestro coche en un aparcamiento y lo primero que hacemos es acercarnos a un cajero para sacar kunas, la moneda que utilizaremos en Croacia. Aquí empieza lo divertido… ¿y cuanto sacamos? ¿Cuánto vale una kuna? Y aquí estamos, en medio de Istria parados mirando al cielo con cara de ignorancia esperando ser iluminados por el espíritu de la Gran Calculadora del Mundo y contando con los dedos, recordando nuestros tiempos de mozalbetes repitiendo la tabla de multiplicar del 7… aish… en fin, que 1 euro son 7,4 kunas… como veréis, el cambio no es fácil…
Dejando a un lado nuestra incapacidad para el cálculo mental, nos disponemos a visitar el bonito pueblo, sembrado de turistas, pero lleno de vida, restaurantes y tiendas, con un cuidado centro histórico y donde encontramos una iglesia patrimonio de la Unesco… que no podemos visitar porque están de misa y no acaba hasta dentro de … 3 horas!!!! Qué rabia.
En fin, una vez hecho el recorrido turístico y ante la imposibilidad de esperar más de 2 horas y media en tan pequeño lugar, decidimos obviar la visita a la iglesia y continuar viaje, cerca de la costa, hasta nuestra siguiente cruz en el mapa, Rovinj.
En el camino a Rovinj hacemos un alto en el canal Limski, que no deja de ser un fiordo, donde la gente acude a bañarse, hay alquiler de barcas, etc… un remanso de paz y tranquilidad, una verdadera preciosidad que queda escondida tras los árboles que circundan la carretera.
Animados por el bello paisaje llegamos a Rovinj. ¿Qué decir? A mi me encantó, un bonito puerto deportivo rodeado de casas de colores llenas de restaurantes (un poco como todos los pueblos costeros) pero con un casco viejo realmente bonito. Si obviamos la típica calle principal que lleva hasta la iglesia que hay en lo alto del pueblo y que está llena de tiendas y extranjeros en chanclas y calcetines, y nos adentramos por las calles aledañas, empinadas, con sus ventanas con flores y su pintura desconchada, sus pequeños bares y sus rincones soleados, llegaremos hasta la iglesia habiendo disfrutado un poco más de la esencia del pueblo. Desde allí arriba, unas vistas magníficas del Adriático. Sin duda merece la pena.
Tras comer unos bocadillos de pollo rebozado (tras hacer la serie de cuentas matemáticas pero ahora con la calculadora del móvil, claro), nos asombramos de lo desconfiados que somos… que si seguro que nos cobran de más, que nos querrán timar por ser guiris, que ahora a ver cuánto nos cobran de servicio… pues no! No estamos encontrando un país demasiado caro en la alimentación (las bebidas sí que suben un poco más) , por ejemplo, los dos bocadillos, con dos bebidas, en un restaurante en el puerto menos de 12 euros. Vale, no es barato pero…
Tras Rovinj, ponemos rumbo a Pula, donde nos sorprende el buen estado de conservación de su anfiteatro romano. Aviso a navegantes, se ve perfectamente desde fuera, caminando por el parque que hay al lado derecho de la entrada se ve todo el interior maravillosamente, así que podéis pagar la entrada de 20kn si os apetece pagar o si queréis ver el museo, pero si sólo queréis ver el anfiteatro, no hace falta gastarse el parné. Como ciudad, Pula es la menos bonita de las tres que hemos visitado hoy, así que un helado de chocolate y melón, una vueltita y para el coche.
Una vez aquí, decidimos empezar a dirigirnos de nuevo al norte, hacia Piran, con la intención de no llegar tarde y poder dar una vuelta por el pueblo y, de paso, ver el atardecer en el Adriático. En lugar de ir por la autopista, decidimos ir por las carreteras secundarias, para intentar ver alguna cosita más, animados por lo temprano de la hora, así que chino chano paramos en Svetvincenat, un minúsculo pueblo con una bonita plaza, a la que le damos la vuelta y ya está visto! 10 minutos a lo sumo. Y de ahí, aprovechando que la ruta marcada por el GPS pasaba, nos paramos en el pueblo abandonado de Dvigrad, donde, también, 10 minutos bastan para visitarlo, sobre todo cuando escuchamos a la niñita extranjera decirle a su mamá… “guachipu aguachipeig escorpión” y señalando graciosa una piedra del suelo. Miramos nuestros pies, que buen día para ir con chanclas, y decidiendo, en el instante, que
ya estaba bien de ciudad abandonada!
Ya poniendo rumbo a Piran, dejamos que nuestro Tonto nos guíe hasta el… infierno… y no una, sino dos veces… su maravilloso plan de viaje nos mete en una carretera sin asfaltar, llena de baches, boquetes y piedras. Decidiendo que no queremos hacer Dios sabrá cuantos kilómetros por esa carretera, cambiamos la ruta diciéndole que nos lleve por la autopista, no puede ser tan difícil llegar puesto que la vemos, todo el rato, a nuestro lado. Pues volvemos al infierno entonces, nos mete por otra carretera peor si cabe que la anterior, a 100 metros un desvío, bueno, pensamos, llegaremos a otra carretera… no! Se supone que llegábamos a la autopista!! Y sí, llegar llegamos, pero el problema es que estamos debajo de la autopista!!! Y venga camino de tierra y le decimos que no queremos carreteras sin asfaltar y el GPS erre que erre… Qué desesperación!!! Reculamos, con el rabo entre las piernas, durante varios kilómetros buscando una entrada a la autopista y… por fin! Ahí está! Nunca nos alegramos tanto de entrar en una vía rápida!!! A partir de este momento, nuestra confianza en el navegador ha disminuido 100 puntos (de 100) aunque, en un plis plas, llegamos a la frontera, cambiamos de país y alcanzamos nuestro Piran querido sin más altercados.
Dejamos nuestro coche (ahora blanco por el polvo) en el aparcamiento y llegamos a nuestro hostel. Nos cambiamos y vamos a dar una vuelta por el pueblo y, sobretodo, a ver el impresionante atardecer. No hay palabras, sentados en una roca en el paseo marítimo atestado de gente, el silencio acompaña al sol mientras se va a dormir. El agua se va tiñendo de rojo y la gente que nada en el mar parece formar parte de un ritual místico, hermoso. Hasta las olas desaparecen mientras el sol se va ocultando en el horizonte y el mismo cielo parece en llamas. Una maravilla.
Y cuando por fin el sol desaparece, el paseo cobra vida, la gente sale a la calle, los restaurantes se llenan y nosotros nos metemos entre pecho y espalda una parrillada de carnes en un local del paseo marítimo, con una cervecita fresquita!!! Ui, que morriña, que cansancio…
Ahora sí que nos podemos ir a dormir a gusto.
Km: 237
Acumulado: 1689
| [+/-] | Día 2 - De Saint Paul a Piran |
Buenas a todos!
Aquí viene nuestro segundo día, otro día de tránsito hacia nuestro destino. Un día durillo.
Nos levantamos prontito, para abandonar Saint Paul de Vence a las 7 de la mañana, puesto que el camino que nos falta hasta nuestro próximo destino es largo, Piran. Una gozada atravesar el precioso pueblo cuando aún nadie anda por sus calles, totalmente en silencio, escuchando el ruido del agua y caminando despreocupadamente, sin esquivar guiris despistados y habitantes irritados.
Como ya nos conocemos la autopista que tenemos por delante, nos armamos de valor y de paciencia, para hacer frente a uno de los peores tramos de autopista por las que hemos pasado en nuestras andaduras europeas. Pasado Mónaco, una vez en territorio italiano, las curvas, cambios de velocidad, malos peraltes y, lo más fuerte, autopistas en curva y sin ninguna línea divisoria de los carriles… hacen que a las 3 horas de viaje tengamos el cuello agarrotado, la espalda tiesa y las piernas estresadas. Pero cómo conducen!! Es como el chiste, va un español, un francés y un italiano conduciendo por la autopista… ¿de quien es la culpa? Menos más que a medida que nos vamos adentrando en el país la carretera mejora, las curvas desaparecen y el tráfico disminuye.
Agotados y desesperados, decidimos hacer un alto en Sermioni, cerca del lago di Garda para comer y cual es nuestra sorpresa cuando para salir de la autopista encontramos una cola impresionante!!!! Tras 15 minutos para alcanzar el peaje, nos detenemos a comer en una pizzería que no sirve pizzas, y donde a pesar de saber inglés, pasan de ti y te traen lo que quieren y, claro, acabas hablando en indio para ver si así te entiendes.
Azuzados por el reloj, dejamos para otra ocasión la visita del lago y ponemos rumbo a Trieste, en la frontera italiana. La verdad es que el camino hasta allí pone los dientes largos a cualquier turista que se precie. Durante nuestra travesía por la autopista pasamos por Turín, Milán, Verona, Mantua, Pádua, Piacenza y Venecia… menudos destinos! Menos mal que los conocemos todos, sino nos habría dado un ataque!!
El caso es que por fin llegamos a Trieste, un paseo por su puerto y sus calles y poca cosa más, también hay que tener en cuenta que es domingo y todo está cerrado.
Así que volvemos al coche y ponemos rumbo a la frontera, haciendo una parada en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme (bueno, querría, pero menudo nombre… no he conseguido retenerlo) donde, parados en una acera, intercambiamos los planos del GPS, ya que nuestro navegador actual no tiene Eslovenia, Bosnia o Croacia.
Una vez actualizados, nuestro Tonto no sabe pa donde ir. Italia? Eslovenia? Se pierde. Ahora flotamos en la nada, ahora aparecemos en una carretera… qué horror!! Tras una parada estratégica para comprar unos chips de manzana sin grasa y la viñeta para las autopistas eslovenas (30 euros para un mes), hacemos caso de nuestro sentido común y avanzamos hacia la autopista que nos acercará a nuestro destino, Piran, con la esperanza de llegar antes de que nos cierre la recepción del hostal!! Por suerte el camino se hace corto y una parte de él se hace por una carretera comarcal sencillamente impresionante que va al lado del mar, con la puesta de sol y una canción romántica, el trayecto se hizo maravilloso.
Una vez en Piran, siendo restringido el acceso al pueblo (sí, parece que sólo vamos a pueblos superrestringidos…) tenemos que dejar el coche en uno de los aparcamientos que hay antes de llegar, desde donde una navette (llámalo shuttle, llámalo autobús gratuito) nos acerca al centro del pueblo.
Del pueblo, mucho, no hemos podido ver, pero sí lo suficiente para decir que es una preciosidad. Casitas de colores, un paseo marítimo precioso, rocas que separan el mar de las casas, una puesta de sol increíble, gente paseando, restaurantes, y el Adriático bañándolo todo.
Una vez dejadas las cosas en el albergue, salimos a cenar, y tras una pizza y unos “cepvicicis” o algo así, damos un paseo bajo la luz de luna, escuchando el murmullo de las olas y de vuelta a nuestro alojamiento, porque hoy, ya no podemos con nuestras almas.
Mañana más.
Km: 780
Acumulados: 1452