Hola andarines!
Hoy, día 12 de viaje, hay poco que enseñar y unas cuantas anécdotas que contar.
Nos hemos levantado en nuestro superhotel de Sarajevo y tras dar cuenta de unas buenas omelettes como desayuno, nos disponemos a abandonar la ciudad. Con paciencia y un mapa, porque recordemos que el GPS no nos funciona en Bosnia, conseguimos poner rumbo a nuestro siguiente destino, Bihac.
Somos conscientes de que hoy será un día de tránsito, ya que debemos cubrir los más de 300 km que hay entre la capital y nuestro próximo hotel, teniendo en cuenta que no hay autopistas en Bosnia (bueno 30km al salir de Sarajevo) y que casi todo el viaje debe hacerse por nacional con limitación de 80-60km/h.
Así que armados de paciencia, música en la radio y kilómetros por delante, pasamos cerca de las pirámides de Visoko, gran misterio estudiado por Iker Jiménez y, un rato más adelante, por la fortaleza de Travnik, que se muestra en lo alto de la colina, vigilante.
Para descansar, estirar un poco las piernas y refrescar el gaznate, hacemos un alto en Jajce, candidata para formar parte de la Unesco, y así para visitar su casco antiguo y su cascada de 17 metros. Realmente necesita aún unos arreglos para conseguir entrar en la lista de monumentos de la Humanidad.
Continuamos viaje, acercándose la hora de comer (y pasando, de hecho), sin encontrar lugar donde probar bocado así que decidimos llegar hasta Bihac y buscar allí dónde comer en cuanto lleguemos al hotel.
Llegar al hotel… fue una odisea. Dábamos vueltas y vueltas en la calle donde se supone que estaba nuestro hotel, una casita, con una cafetería en los bajos. Preguntamos a fulano y mengano, y entre los que no saben inglés y lo que no saben dónde está el hotel, no hacen más que complicarnos la existencia a pesar de las buenas intenciones. Llamamos a la recepción del hotel y nadie habla inglés, sólo bosnio y… alemán… qué gran alivio! Será posible… Que llamemos más tarde, nos dice… y que hacemos mientras??
Seguimos buscando y tras más de tres cuartos de hora ahí lo vemos, bueno, ahí vemos la carpa que han montado delante del hotel en la que han instalado una terraza de verano y una especie de discoteca… dejamos el coche en la puerta del “club” (la cual cosa no me gusta un pelo) y subimos a la habitación… a través de la discoteca. Esperamos que como es martes, hoy no haya fiesta, así que hambrientos caminamos hasta el centro histórico en busca de algo qué comer.
Qué centro histórico… lo único interesante es el río que atraviesa la ciudad y en el que se llevan a cabo diversas actividades acuáticas.
El caso es que siendo las 18h y sin haber probado bocado desde el desayuno, nos metemos en un local donde nadie habla inglés, y nos hacemos entender para pedir una pizza y una hamburguesa (aunque el camarero no conociera el término internacional “Burger”).
Ahí no podemos quejarnos, qué hamburguesa!! Saciada nuestra hambre, nuestra sed y nuestra ansia de cafeína por menos de 10 euros, nos vamos al hotel a descansar y, al abrir la puerta de la habitación, el chunda chunda discotequero es ensordecedor. Así no hay quien duerma.
Internet al canto y, tras reservar habitación en otro hotel, intentamos hablar con alguien del hotel actual para decirles que nos vamos, que es imposible dormir así.
Aún sin saber muy bien quien se encarga del hotel, un joven camarero nos escucha y, pidiéndonos disculpas nos indica algunos hoteles (angelico, no sabe que ya tenemos uno). Así que, bártulos al coche, y de nuevo iniciamos la cruzada para llegar al segundo hotel del día.
Según el mapa que nos han facilitado en turismo, el nuevo establecimiento está muy cerca de donde nos encontramos, así que unos giros, unas rectas y… este hotel no es… pero es del grupo, así que bajamos a preguntar. A todo esto ya son las 20h… La señora de la recepción nos indica que debemos coger la carretera por la que hemos entrado a la ciudad y, a 3 km, encontramos el hotel.
Pues allá vamos! Ya no sabemos si reír o llorar, pero el caso es que, ya casi de noche cerrada, salimos de la ciudad intentado encontrar el hotel, que quien sabe donde estará. Me veo durmiendo en el coche.
Con visibilidad nula, coches de cara, bicis sin luces y peatones de negro cruzando la nacional, avanzamos y avanzamos sin llegar a encontrar el hotel y, no sé si por intervención divina o por desesperación humana, me aparto en un parking para rehacer nuestra estratégica con tal suerte que era el aparcamiento del hotel!!!!!
Fue casi como cuando el Papa bajaba del avión. Casi besamos el suelo!
Salimos del coche casi a saltos! Un hotel, hotel; aislado, con una cascada cerca, puesto que lo único que se oye es el ruido del agua al caer. Entramos a la recepción y encontramos un chico encantador que nos esperaba.
Vemos la habitación, acercamos el coche a la puerta del hotel y subimos el equipaje. Ya está por hoy! Cerramos la puerta, respiramos hondo y… ¿Qué es eso?
La madre de las arañas, no de las de las patas largas… no!!! De las del cuerpo gordo!! Estaba cómodamente instalada en el techo, al lado de la cortina y, evidentemente, sólo puede quedar una. Así que Sergio, cual santo Job armado de paciencia, va a buscar al joven de la recepción que aparece en nuestra habitación, medio riendo, con un taburete, dispuesto a salvarme de semejante monstruo.
Tranquilamente se sube a la inestable silla, se acerca al animal salvaje lentamente y… lo coge con la mano!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! A todo esto yo en el pasillo, arrinconada, observo la imagen desde fuera hasta que el chico se acerca a mi, todo feliz, para enseñarme la araña. Casi despierto a todo el hotel! Sergio diciendo… no, no, no!!!! El recepcionista se ríe, se dirige hacia el balcón y suelta al animalejo en el jardín… Si hay más arañas llamadme…
Ahora sí, que esto ya está bien por hoy, así que me voy a dormir, esperando que mañana pueda explicaros más cosas visitadas y menos follones. Además, mañana, temprano, ya abandonamos Bosnia y volvemos a adentrarnos en territorio croata para visitar una de las joyas de este viaje, el Parque Nacional de los Lagos de Plivitce.
Un besote!
Km. 346
Km. Acumulados 3301
jueves, 25 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 12: de Sarajevo a Bihac |
miércoles, 24 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 11: de Mostar a Sarajevo |
Buenos días andarines!
Nos hemos retrasado en esta última entrega pero es que anoche teníamos tanto sueño!!!
Ayer comenzamos el día en nuestra preciosa ciudad de Mostar. Por fin un hotel con desayuno! Así que entre música étnica y boleros en español un poco de pan, zumo, embutido, aceitunas y... al cajero a sacar marcos porque nuestra anfitriona no acepta targetas. Así que con la excusa de la falta de efectivo aprovechamos para dar el último paseo por la ciudad antigua, casi vacía de turistas, porque aunque son las 8 de la mañana ya hay guiris paseando. Sí que tiene encanto esta zona del pueblo, los dueños de las tiendas regando las calles, tan blancas y aún sin tenderetes de souvenirs, el suelo de piedras redondas (brutal para ir con chanclas), el sonido del Neretva... el caso es que hay que irse, así que hacemos nuestro recado, maniobramos un buen rato para sacar el coche de la ratonera donde lo habíamos puesto e iniciamos camino hacia la capital: Sarajevo.
Durante la ruta no hay paradas pero sí un cambio de paisaje espectacular. Las áridas montañas van cubriéndose de vegetación y bosques y nuestro entorno se vuelve verde. Avanzamos acompañados todo el rato por el río, serpenteando por sus cañones, al tiempo que vigila nuestros pasos. Así vamos hasta Jablanica, donde el río se convierte en un espectacular lago cuyos márgenes están salpidados de restaurantes, pequeños pueblos y lugares de baño, camping, y deportes de aventura.
Continuamos, sin pausa pero sin prisa, y el aumento del tráfico y el olor a polución nos indican que Sarajevo está próxima. Tras coger uno de los dos tramos de autopista que tiene el país (10km, sin arcenes, velocidad 80...) entramos a la ciudad, que por ahora no muestra nada interesante salvo conductores osados sin miedo a nada, cruces extraños y una total ausencia de señalización.
A trancas y barrancas, preguntando a la Policija, conseguimos llegar a nuestro hotel, que está situado en una calle chunga, cuesta arriba, llena de edificios ruinosos... Dios, qué horror de sitio...donde vamos a meternos. Al menos justo delante de la puerta tenemos un plaza de parking reservada.
Una vez atravesamos la puerta del hotel no podemos creerlo. Un palacete, muebles estilo Luis XIV, tapices, un precioso parquet y un personal encantador. Nuestra habitación aún no está preparada pero nos la enseñan igualmente. Subimos a la 4ª planta y el recepcionista nos espera ahí, seguidme... y seguimos subiendo a pie. Nos abre la puerta de nuestra habitación y... hay una escalera dentro de ella!!! subimos y nos encontramos con una enoooorme estancia, con muebles antiguos, escalones por aquí, por allí... una pasada!!!!
Dejando nuestras cosas y habiendo tomado un café en el bar del hotel, nos lanzamos a la búsqueda del centro histórico de Sarajevo y, resulta, que lo tenemos a 2 minutos cuesta abajo (que luego será cuesta arriba, pero bueno).
Así que en nada empezamos nuestra ruta y, ciertamente, nos sorprende. No esperábamos gran cosa del centro de Sarajevo a causa de la guerra, edificios en mal estado, etc... y lo que nos encontramos es un casco histórico con dos partes diferenciadas, la orienta y la occidental, lleno de tiendas, con los edificios restaurados o, al menos, gran parte de ellos, una cantidad impresionante de restaurantes, cafeterías y terrazas, gente paseando, charlando... Pero lo que realmente nos encantó es la parte oriental. A pesar de no dejar la misma calle, pasas de un estilo Portal del Ángel a sentirte en el centro mismo de Estambul. Mezquitas que llaman a la oración, mujeres con el velo, cafeterías donde tomar un buen café bosnio y fumar un narguile... Genial!
Tras comer un cevapi en el lugar más típico de la ciudad (cevapi forever!!!), tomar el que se considera el mejor helado de vainilla del mundo (los italianos intentaron comprar la receta y no lo consiguieron) y tomar un café bosnio, callejeamoos, perdiéndonos por entre los puestos para guiris, las mezquitas y el olor del pan recién hecho en las ollas típicas, buket.
Así llegamos a lugares tan emblemático como la fábrica de cerveza de la ciudad, mayor suministrador de agua dulce durante la guerra y que sufrió múltiples ataques, o el puente latino, donde se puede decir que se inció la I Guerra Mundial con el asesinato del príncipe austrohúngaro y su mujer.
Esta ciudad está llena de todo, de historia, de guerra y de vida, y tratamos de imaginar como ha de sentirse alguien de nuestra edad, con los que nos cruzamos por la calle mirando escaparates, pero que en su memoria tienen que tener clavados los recuerdos de una guerra tan reciente.
Alegres por lo que nos hemos encontrado y pensando en lo que pasó, ponemos rumbo a nuestro palacio...digo hotel, a dar una ducha de hidromasaje (jijiji) y a bajar a cenar.
Si la calle estaba animada de día, de noche es una brutalidad. Apenas sí se puede andar por las calles, además estamos en Ramadán, las mezquitas estan llenas y en unos minutos finalizará la prohibición de comer. Todo iluminado, mezquitas, iglesias católicas y ortodoxas, puentes, una temperatura agradable, las tiendas abiertas... nos quedamos ojipláticos de tanto ámbiente!!!
Así que una cena tradicional, unas sopas bosnias, un surtido de especialidades (cebollas rellenas, calabación relleno, unas albóndigas...), un plato de cordero guisado y de nuevo un paseo hasta el hotel.
Hoy ha sido un día interesante. Y nos marchamos de Sarajevo contentos por haber venido, encantados de lo que hemos visto y esperando que la mitad de viaje que nos queda por delante vaya tan bien, o más, como la primera.
Hasta esta noche!!
Km. 129
Km. Acumulados 2955