Aquí estamos de nuevo!
Hoy hemos tenido un día bastante tranquilo, cosa rara en nosotros.
Nos hemos levantado dispuestos a visitar el Parque Nacional de Krka y sus cascadas más impresionantes, las Skradinski Buk.
Un desayuno sencillo pero correcto, pan, café con leche e higos y hacemos una parada estratégica en la Pekara (panadería) del pueblo para surtirnos de víveres para la hora de la comida, y así compramos el típico Burek, un hojaldre relleno de requesón y un rollo de brioche relleno de... algo.
Con nuestra mochila, nuestros víveres y nuestros pies nos acercamos al puerto del pueblo a comprar las entradas para ir a visitar las cascadas. Desde aquí, en unos 20 minutos, un barco te lleva hasta la entrada del parque, así que 95kn por entrada y bastante poca cola y a las 9.20 horas estamos en el recinto del parque.
Más que un parque natural, la zona donde estamos parece una mezcla entre Port Aventura y un Chikipark. Nada más entrar en el recinto del parque nos vemos rodeados de chiringuitos, merenderos, puestos de creps (que aquí se llaman Palancinka), tiendas de souvenirs y vendedores de almendras garrapiñadas e higos secos. La gente llega con sus mochilas, sus bocatas, sus toallas y los bañadores... ¿Pero esto no es un parque natural?
El caso es que tras un brevísimo camino llegamos a las cascadas. Impresionantes. Una pasarela sobre el agua indica el comienzo de la ruta de poca más de una hora en la que se rodea la Skradinski Buk. Los bien ubicados miradores te permiten ir disfrutando de cada escalón de la cascada y, al llegar a la parte superior, unas pequeñas casas que hacen las veces de museo de la vida rural en la cascada te acaban haciendo coger un serpenteante sendero de madera que atraviesa el río. La verdad es que muy bien organizado, muy limpio y... mucho guiri.
Hubo un momento en que nos sentimos rodeados y asediados por una horda de jubilados teutones. No teníamos escapatoria. Menos mal que nosotros éramos más rápidos...
En definitiva, un precioso paseo. Lo que nos ha chocado ha sido que la gente se bañaba en la poza que había debajo de la cascada, los perros paseando, la gente comiendo... ¿dónde están las normas de restricción del parque natural? De hecho, el folleto informativo del parque pone claramente un dibujito de un nadador tachado, de un perro tachado... En fin...
Dando por finalizada nuestra ruta a hora tan temprana, embarcamos rumbo a nuestro puerto, Skradin, en nuestro barco privado... porque éramos los únicos que volvíamos! Todo un barco para nosotros solos!! Qué gozada.
Al llegar a puerto !qué suerte hemos tenido! La cola para embarcar hacia el parque era kilométrica!!! Si al final no tendremos tan mala suerte como nos pensamos.
Satisfechos por nuestra decisión de madrugar para ir al parque, vamos al hotel, nos ponemos los bañadores, las chanclas, cogemos las toallas y nos dirigimos a la playa
del pueblo (sí, la del río). Un baño en las frías aguas, unos minutos de charla al sol en la orilla con unos viajeros de Vilafranca del Penedés y nos jalamos nuestros Bureks y ... lo otro que, una vez devorado, seguimos sin saber que es y de nuevo al hotel, a ponernos ropa seca y a decidir qué hacemos esta tarde pues, aunque parezca mentira, por ahora vamos visitando todo lo que nos habíamos programado.
Así que estando un poco lejos de todo y cerca de nada, decidimos acercarnos a Primosten, pueblecito amurallado ubicado en una isla que han unido a tierra firme a través de un camino y que al lado tiene un pequeña península con viñedos.
Tras 50 minutos de carretera por la costa, llegamos allí, damos un paseo por sus dos calles, una de subida y otra de bajada, llegamos hasta la iglesia y el cementerio y caminamos un poco por su puerto y... al coche. Menos de una hora. Tenemos toda la tarde por delante y poca idea de qué visitar.
Así que volvemos a dirigirnos hacia Skradin, desviándonos en nuestro camino para intentar encontrar otra entrada al Parque de Krka desde donde se pueda visitar Visovac, una pequeña isla en medio de un lago en el que se construyó un monasterio.
Tras caminos de montaña, con curvas, cada vez más estrechos, tras cruzarnos con más de un guiri despistado y tras sortear unos cruces cuya única finalidad en la vida es despistar al turista más osado, llegamos a... una preciosa playa en el lago pero que no es lo que buscamos. A punto de dar la vuelta, llegamos al final de la carretera y... oh, sorpresa! Justo delante nuestro está la isla de Visovac!! Al menos, no tan bien como habríamos querido, pero la hemos podido ver y el entorno es maravilloso.
Un poco más satisfechos, ahora sí, ponemos rumbo al hotel. Una ducha, recoger un poco la habitación y comenzar a organizar las maletas (cada vez que desembarcamos en un hotel parece que ha pasado un huracán) y nos vamos a hacer una cena temprana, ya que la comida ha sido frugal y muy pronto hasta para los cánones europeos.
Así elegimos un Konovo (taberna) con una coqueta terraza, música de ambiente, el sol de última hora de la tarde, una brisa cálida y... una avispa tocapelotas que nos acaba echando de la terraza para arrinconarnos dentro del local. Qué mala leche tienen las avispas croatas!!! Ahora más tranquilos y a salvo en el interior de la taberna nos acomodamos para degustar unos platos típicos croatas: queso dálmata, Pasticada (carne de ternera guisada con vino y ciruelas)... uff... qué llenos!
Así que tras un día inusualmente tranquilo, mañana continuamos nuestro viaje hacia el sur, cual ánades migratorias en busca de tierras más cálidas (espero que más cálidas no...qué calor hace)
Laku noc!!
Km. 102
Km. Acumulados 2232
jueves, 18 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 6 - Parque Nacional de Krka |
miércoles, 17 de agosto de 2011
| [+/-] | día 5 - De Rijeka a Skradin |
Buenas!!!
Tras una noche realmente reparadora (qué a gustico se dormía en la cama del albergue!!), tomamos un frugal desayuno a base de pan con queso y leche con cacao y hacemos frente a uno de los días clave del viaje. Nuestro traslado hasta Skradin.
Y decimos uno de los día clave porque vamos a hacer unos 200km de nacional bajando por la costa croata. Todo el mundo nos avisó que aquí encontraríamos atascos, guiris a gogó, follón y retenciones. Pues id por la autopista del interior, nos diréis. Lo que pasa es que este tramo está considerado como una de las carreteras más bellas del mundo, y como comprenderéis, no nos la podemos perder.
Así que tras una rápida visita al pueblo de Crikvenica para ver su playa de guijarros, eliminamos de la ruta todo tipo de visitas y altos dispuestos a hacer frente, con paciencia, a los terribles atascos. Pues no ha habido atascos!!! Al contrario, poco tráfico y fluido (claro que siempre te encuentras la típica autocaravana o el camión lento, pero nada duradero). La carretera está en un estado inmejorable, pese a ser continuamente una carretera de curvas, no encontramos ninguna de infarto, miles de millones de zonas de parada que la gente aprovecha bien para hacer alguna foto, bien para dejar pasar a vehículos más lentos. Y las vistas… una pasada. Nosotros no conocemos todas la carreteras del mundo, pero creemos que ésta sea una de las mejores.
Transcurre casi todo el tiempo al lado del mar, atravesando pueblos, pueblitos y pueblines, todos con sus pequeños y coquetos puertos pesqueros, casi a ras de la carretera. Con el mar al lado, vamos viendo como aparecen y desaparecen algunas de las grandes islas croatas, primero Krk, luego Pag, todas ellas con esa apariencia lunar, casi de desolación, que las envuelve de un halo de misterio… Un mar azul, eternamente en calma, nos acompaña todo el camino dejándonos imágenes de ensueño, unas veces, le vemos golpear con furia el rocoso acantilado y otras, acariciar las pequeñas y escondidas calas de guijarros y roca y dejando que la luz transforme su oscuro azul en un verde esmeralda, mágico.
Y así los kilómetros van pasando sin casi enterarnos. Durante todo el camino miles de carteles indicando lugares donde dormir (Sobes) que nos ponen los dientes largos, campings con las mejores calas reservadas para ellos, restaurantes y hoteles se esconden entre la vegetación y el agua.
Para hacer un pequeño descanso, decidimos parar en un restaurante-grill situado al lado del mar, para tomar un refresco, disfrutar de la vista y dejar descansar al coche, puesto que los 34 grados hay que respetarlos. Así que tomamos asiento en una mesa de madera en una terraza sobre el mar, una cala a un lado, otra al otro, al frente, el mar, inmenso. Sólo el ruido de las olas y unos niños jugando. Una Coca Cola fresca y ¿por qué no? Nos vamos a la cala para probar las aguas del Adriático!
Y ahí llegamos con nuestros bañadores dispuestos a darnos un chapuzón y seguir viaje. Primer problema, somos de Barcelona, playas de arena fina, suave y esta cala es de guijarros, bueno, si fueran guijarros, unas piedracas que lo flipas!!! Incapaces de dar un solo paso sin pensar en la amputación de un pie, procedemos a la técnica “chancla submarina”, haciendo equilibrios sobre dos rocas más o menos llanitas, intento atinar el pie con su chancla correspondiente… ahora… parece que sí… ERROR!! La chancla flota!!! Y yo no!!! Cuando me quise dar cuenta la chancla nadaba, feliz, mar adentro… ahora voy! Sin olvidar que todo este show se produce dentro del agua, sobre unas piedras asesinas y destrozapies y dentro de unas aguas, fresquitas, vamos, frías de narices (estaremos aquí hasta primeros de mes, sesiones a las 11am para todos ustedes, gracias).
Por fin, y ya empapada a causa de las caídas, me encasqueto mis zapatillas-chanclas atadas (no aptas para travesías acuáticas según Decathlon) y allá que me lanzo, a las aguas del Adriático.
Tanto esfuerzo vale la pena. Un agua limpia como pocas veces las he visto, el silencio, el frío del agua sobre la piel caliente revitaliza el cuerpo y el espíritu, el sol mezclándose con las olas dibuja extrañas formas en las piedras del fondo… qué maravilla.
Ahora sólo queda una pregunta…¿cómo salgo de aquí sin destrozarme los pies? Ayuda!!! A mi salvamento marítimo!! Ballena varada!!
Más segura sobre mis superzapatillas (espero no habérmelas cargado, que eran nuevas) nos vamos al coche y continuamos por la magnífica carretera, aunque ya queda poco… Primera parada (seria) de hoy, Zadar.
Con su centro histórico amurallado está lleno de iglesias y edificios interesantes así que nos damos una vuelta por su foro romano y visitamos el Órgano del Mar, creado por un artista en el año 2004, es una serie de agujeros en las escaleras del paseo marítimo por las que entra el agua del mar y que, en función de la fuerza de las olas, el viento producido hace las veces de instrumento al colarse por los agujeros y entonces… el mar canta. Hay que verlo!
Un taglio de pizza, una coca colica y nuestro coche nos lleva al pueblo de Skradin, donde tenemos nuestro alojamiento actual. Tras limar nuestras diferencias con el GPS en cuanto a la ubicación del lugar, llegamos a nuestro hotel años 70. Eso sí, el pueblo nos sorprende mucho. Esperábamos una pequeña aldeucha con 4 casas y nos encontramos un coqueto pueblo que vive del parque natural de Krka (no, no me como vocales), con tiendas de artesanía y souvenirs, restaurantes, puestos de fruta y un puerto deportivo junto a la playa para el baño (que no es playa de mar, sino de río). Todo un descubrimiento.
Tras dar nuestra vuelta de reconocimiento por el lugar, decidimos aprovechar lo que nos queda de tarde y visitar Sibenik.
Precioso, con su suelo de piedra, todo tan limpio, sus calles llenas de escaleras y sus plazas maravillosas. La magnífica Logia y la Catedral ponen el broche de oro a la visita. Viendo la hora, nos quedamos a cenar en Sibenik y damos con una taberna escondida en una placeta, con mesas y bancos de madera, manteles rojos de cuadros y una carta de comida que… vamos… me lo comería tó!
Los elegidos son una ensalada de pulpo para compartir (joooss), pasta con tartuffi pa mi (aaarrhhhgg) y una especie de bistec relleno de pruscht de Dalmacia y queso de Pag para el trusky (buuuuuuff). Supongo que no hace falta que diga nada más…
Satisfechos con todo, con el día, con la visita y con la cena, ya toca retirarse al hotel, despacito, pues la noche nos ha caído encima empujándonos ya a la cama para que mañana podamos continuar nuestro viaje con energías renovadas.
Un beso.
Km: 298
Acumulado: 2130