Bonjour, bonjour!
Hoy decidimos levantarnos más tarde y como tenemos que preparar maletas y recoger todo lo que hemos dispersado por las habitaciones, avisamos a Dorothée que bajaremos a desayunar a las ... 8.30! Qué friolera de hora!!
En fin una vez cargados de energia, cargadas las maletas y descargados los bolsillos al pagar el hotel, cargo a toda la familia en el coche ante la mirada divertida de nuestra anfitriona que nos observaba introducirnos en nuestro transporte como si de piezas de un tetris se tratara. Españoles tenemos que ser... qué escandalo... En fin! Con todo el mundo dentro: Au revoir, Dorothée! Au revoir, Sigean! Y emprendemos viaje camino a casa, no sin llevar una ruta perfectamente calculada y cronometrada de las visitas del día. Are you ready??
La primera parada del día es en Île-sur-Têt, para visitar Les Orgues, preciosas montañas calcáreas (o lo que queda de ellas) que, desgraciadamente, a causa de la erosión no sabemos cuanto tiempo durarán en pie.
Con buen sabor de boca y rezando para que los nubarrones negros que nos acechan durante todo el fin de semana se olviden de nosotros, volvemos a nuestro coche y tras ayudar a un simpático señor que había en el aparcamiento a abrir su botella de vino (si al final mi navaja suiza sí que va a resultar que sirve para todo!) cambiamos de tercio y ponemos rumbo a un lugar que ya conoceis... Villefranche de Conflent!
Una pequeña parada estratégica para que la family contemple la preciosa vista de San Miguel de Cuxa desde la carretera y para comerme un delicioso éclair de chocolate y ponemos rumbo a Villefranche... mira! nuestro hotel de semana santa! ... donde hacemos un ratico de shopping y donde decidimos comer ante el encaprichamiento del pater familias de un menú en el que había Cassoulet (que acabamos comiendo todos... huummmm que buena!)
El cansancio ya va dejando un poco su huella en nosotros y, aunque aún vamos on time, el horario empieza a ajustarse. Así que tras arrasar en las tiendas de pueblo comprando dedales, dragones y máscaras cogemos una preciosa carretera que nos lleva durante más de una hora y media de curvas hasta Arles-sur-Tech, para visitar las Gorgues de la Fou que... !!están excepcionalmente cerradas¡¡ No nos lo podemos creer, a punto estamos de ser poseidos por un espíritu maligno y pisar el acelerador a fondo, llevarnos las verjas por delante y entrar en las gargantas con coche y todo!! AAArrgggghh... Pero nos limitamos a dar media vuelta y a pararnos en el pueblo de al lado, Amèlie les Bains, a estirar las piernas y tomar un café.
Mira, después de todo el pueblo estaba animado, bueno... teniendo en cuenta que era una ciudad donde la media de edad era de unos 124 años y donde el número de ojos era mucho más elevado que el de dientes. Pero hay una orquestilla tocando sardanas, unos abuelitos bailándolas, las terrazas de los bares llenas, el sol brillando... no hay mal que por bien no venga. Un camarero cachondo (en Francia todo lo tenemos grande... que fuerte, Nube), un café malo y una avispa psicópata es un buen balance para una parada ¿no?.
Así que ya montamos en el coche y carretera hacía España, esa España mía, esa España nueeestraaaa!! Una parada de rigor en nuestro barsecretorincónpreferido para los regresos a España, con su maravillosa cascada y su tranquilidad, donde siempre tomamos consciencia del fin de nuestro viaje, donde recordamos, con un poco de nostalgia, todo lo que hemos disfrutado, vivido y aprendido en los días anteriores y donde, con una mezcla de nervios, impaciencia y curiosidad, empezamos a pensar en nuestro siguiente destino: ¿cual será? ¿qué veremos? ¿que viviremos? ¿Ande Andaremos?
P.D. Y no, no os vamos a decir qué bar es ese, este será el misterio de nuestro blog, aunque tal vez algún día lo descubrais...
lunes, 9 de mayo de 2011
| [+/-] | Se acabó.. otra vez! |
domingo, 24 de abril de 2011
| [+/-] | Día 4: Al compás de chacachá!! |
Hola, holitas compañeros de viaje!
Esta mañana, aún en la cama, antes de abrir los ojos hemos abierto las orejas, para intentar detectar cualquier posible ruido de gotas golpeando el suelo y... no existía tal sonido! No llueve!! Claro, que tampoco hace sol, no se puede pedir todo... ¿no?
Así que un poco animados ante la mejoría del tiempo nos vestimos y bajamos disparados a por nuestro desayuno, ansiosos de iniciar nuestro día. Sharon, nuestra encantadora anfitriona, siempre tan atenta, le ha traído ha Sergio una especie de cereales bajos en todo y supersanos, que ayudan a regular el colesterol y diez mil maravillas más, y ella, toda contenta, le ha preparado un tazón. Cuando lo he visto hecho, por fin he acertado a saber que era ! Copos de avena! Gachas como las que desayunan en las pelis! Pero la verdad... yo me quedo con los croissans. Igualmente, muchas gracias, Sharon, eres un encanto!
Pues ya en nuestro coche, decidimos ir al Priorato de Serrabona, pequeño pero muy bonito. Ha sido curioso llegar antes que la señora que tenía que abrir el monasterio, iba con un cochecillo roñoso a toda leche por la carretera de curvas!!! Y además, nada más salir del coche, de la nada apareció un gato, negro, sarnoso, que nos perseguía allá donde íbamos. ¿Que nos parábamos? El minino se paraba y nos miraba. ¿Qué nos metíamos en el bosque? El felino buscaba un atajo para aparecer a nuestro lado... me ha dado un poco de miedo y todo... hasta se ha metido en el monasterio con nosotros! Creo que olió que les tengo alergia...
En fin, tras visitar el Prieuré, con su maravillosa tribuna de mármol, y con las nubes sobre nosotros, aunque sin lluvia, nos dirigimos hacia Villefranche de Conflent, otra vez, pero ahora con un destino diferente: aprovisionarnos con unos bocadillos y montar en el Train Jaune. Este tren es aún un tren de vía estrecha, que cumplió 100 añitos (ahí es nada) el año pasado y que, en su día, permitió el suministro y transporte de todo tipo de mercancías por una parte de los Pirineos. Ahora, el pobre, privado de su noble oficio inicial, ha quedado relegado a ser usado por guiris varios que se asombran con el paisaje pirenaico.
En fin, con los bocatas en la bolsa y los billetes comprados, nos tomamos un café en el bar Le Canigou, todo dedicado al mundo de los bomberos (que sitio más curioso) y, cuando se hace la hora...Viajeros al tren!!!!
El tren, barato, pues no es, para que os hagais una idea 18 eurines ida y vuelta por persona y el trayecto dura una hora, eso sí, es un tren antiguo, con sus asientos de cuero, sus ventanas a manivela y su dulzón vaivén... al compás del chacachá, del chacachá del treeeeen!!
Nosotros habíamos leído barbaridades que hablaban de hacinamiento, overbooking, superpoblación... vaya, que nos imaginábamos un tren de esos de la India, en los que la gente va colgada por fuera. La verdad es que el tren iba lleno, pero íbamos suficientemente anchos y sin agobios. En verano añaden un vagon sin techo, pero en semana santa aún no están incorporados. También es cierto que en verano, es posible que la cosa vaya más apretada.
¿Las vistas? A partir de que el tren hace su entrada en los Pirineos, propiamente dichos, son impresionantes, los valles, los bosques... Un truskyconsejo: podeis quedaros fuera, entre vagón y vagón para tener unas vistas más alucinantes y una sensación más auténtica (hacedlo vosotros, que nosotros no pudimos!!!!).
Dicen que el recorrido más bonito, pues es el que va entre las montañas, es desde Villefranche hasta Mont-Louis, y eso es lo que hicimos. Cuando salimos del tren, 15 minutitos de subida (sí, subida, otra vez, aquí sólo se sube!! Ya no tengo gemelos, tengo trillizos!!!) y llegamos a la ciudad fortificada, diseñada por Vauban. No tiene demasiada cosa, ya que la parte más interesante, la fortificación militar, tiene el paso restringido porque aún es una fortificación militar en uso!!! Se ven soldaditos por toda la ciudad, todo rapadetes y con los macutos y carteles rojos por todos lados que prohiben el paso, zona militar, riesgo de proyectiles... Desde luego, así persuaden a cualquiera, todo el mundo hacía caso de los cartelitos (cagaos!!!)... casi que un cafetito y de nuevo al tren, ¿no?
El tema de los horarios del tren es complicado, ya que si no quieres estar 4 horas en Mont-Louis (cosa que no recomiendo en absoluto) hay que organizarse bien. A parte de eso, ningún problema! En el andén, emocionados por volver a hacer el trayecto en tren pero esta vez entre vagones, nos íbamos encogiendo en nuestros abrigos... qué aire más fresquito... ¿será por la nieve que vemos en las montañas detrás nuestro? A lo lejos vemos un cosa amarilla que se desliza sobre las vías y nos empezamos a emocionar hasta que... ¿qué leches de tren es ese? Nos encontramos ante nosotros un tren de cercanías, moderno, sin vagones separados, un tren de esos que puedes andarte de una punta a la otra... noooo! Queremos el antiguo!!!! Pero qué le vamos a hacer, una vez acostumbrados, agradecemos no habernos expuesto al aire helado y, después de todo, a este tren le han puesto ventanas panorámicas!!
En fin, que tras otra horita de viaje, y tras un corte eléctrico que hace que el tren se pare en medio de la nada, llegamos de nuevo a Villefranche, con un tímido sol asomando entre las nubes (no sé para qué, por que són ya las 6 de la tarde...)
Decididos a aprovechar la poca tarde que queda antes de la cena, pero sin grandes perspectivas, nos acercamos a la Abadia de Saint Michel de Cuixà. Está cerrada, pero nos damos un paseo por sus alrededores y sus jardines. Qué atmósfera más mágica y más relajante, con el sol poniéndose, los pájaros trinando, las flores oliendo y la alergia volando... una maravilla, salvo por el niño de 13 años que está haciendo prácticas de coche con un Picasso al lado de mi Exeo!!!!!!!!!!!! Gendarme!!!!!!!
Deseándo librar a mi coche de semejante peligro, montamos y vamos a ... sorpresa!!! A Villefranche de Conflent!!!! Parece que tenemos el bono, leches. Pero es que tiene unos cuantos sitios para cenar que estan la mar de bien y sólo a 5 minutos del hotel!
Esta vez hemos acabado en una crêperie La forge de Auguste. Qué bien hemos cenado, qué señor más agradable, monsieur Auguste!!! Tiene galettes hechas al estilo bretón, con trigo sarraceno, una masa muy fina y un relleno adequado y tienen caramelo salado casero que está... huuummmmm. Que no se pué'aguantar!
Y así, aún relamiéndome el chocolate de los labios llegamos a nuestra querida Maison, charlamos un poco con los dueños y ... aish... mañana se acaba esto... ¿tan pronto?
viernes, 22 de abril de 2011
| [+/-] | Día 2 - Saint Martin du Canigou - Villefranche - Évol |
Bonjour, bonjour!
Aquí no se puede hablar en francés!! Quien no es holandés, es irlandés.. además todo el mundo habla catalán!!! Vete al extranjero para esto... en fin! Buenos días!
Tras 10 horas de sueño (jiji.. sí, lo hemos conseguido) nos vestimos decididos a ir a la Boulangerie. Menos mal que nuestra atenta anfitriona nos ha pescado al vuelo para decirnos que: andevais! Y nos ha llevado al comedor comunal para dar buena cuenta de nuestro desayuno: yogur con muesli y miel, croissans recien hechos, zumo, café y té.
Con la tripita bien llena y cargados de energía, y tras haber sido lo suficientemente conscientes de que subir al pico del Canigó NO era buena idea (más que nada por la nieve, vamos, caminos cortados, frío, riesgo de multimuerte... poca cosa), decidimos hacer algo más tranquilo: visitar el monasterio de Saint Martin du Canigou .. pero haciendo una ruta de unas 3 horas que lo rodea, atravesando las montañas. ¿Qué es eso para nosotros, intrépidos montañeros? Pues la muerte total... me cachus!!!
Nos dirigimos bien animados al pueblo desde el que salen las rutas a pie, Casteil. Primera odisea: ¿¿De dónde leches sale el camino?? Optamos por dejar el coche y buscar a pie. Encontramos lo que parece el inicio del sendero, pero teniendo en cuenta que vamos armados con un plano en francés y que la señalización da pena... Por suerte nos encontramos un joven que estaba trabajando en la obra y que nos guía por el buen camino. Gracias, garçon!
Una vez puestos en ruta los ánimos se caen al suelo... sólo subir y subir y subir y subir... ¿he dicho subir? Yo no podía más, pensaba que volvería a ver el yogur del desayuno. No, si ya llegamos! Sí... llegamos a un sitio donde las señales te dicen que sigas subiendo!!! Si existe el infierno... era eso!! Y tras una hora y media (o algo más) de subidas llegamos a lo más alto! Y no encontramos por donde hay que continuar! ¿Se habrán olvidado de darnos los parapentes? Por fin encontramos el camino de bajada y, a partir de aquí, del "balcon", el infierno se conviertió en el chikipark más divertido en el que hayamos estado: unas vistas impresionantes, bajadas (sí!!! bajamos!!!), trozos de vias ferratas, bajadas, una vegetación preciosa, otra bajada, unas vistas maravillosas, más bajadas y, por fin... tras 2h30 de caminar llegamos a Saint Martin.
Impresionante donde esta situado, impresionante la vista desde el mirador... !impresionante que esté cerrado! ¿Porqué está cerrado? Ah! Que es viernes santo y los monasterios cierran... que gran ironía...
Tras tomar unas fotos y viendo los nubarrones negros que se nos vienen encima, decidimos bajar a buen paso el camino hasta Casteil, ya nada, media horita, con cruce de cascada incluida (que divertido). Y cuando llegamos al pueblo... Charlie, no me siento las piernas!!! Quiero una Coca Cola!!! Arrastrándonos más que andando encontramos un pequeño bar donde suministrarnos de lo básico y esencial, una silla, un bocata y una bebida fría! Y además he hecho un nuevo amigo, Sebastian, el perro de la dueña.. le das un poco de brie y es tuyo!
Más animados, con la barriguita otra vez llena, nos levantamos de la siiiillaaaa aahh! Qué dolor de piernas!!! Al coche! Y nos vamos, chino chano, a Villefranche de Conflent, uno de los Plus Beau Villages que tanto nos gustan! Pero antes, nos paramos en las Grottes de Canalettes, las grandes, decididos a no ver nada sorprendente, pero con ganas de cambiar tanta montaña por un poco de oscuridad..y además... llueve.
Y lo que nos encontramos es, en una palabra, cuevifantástico!!! Hemos visitado varias grutas durante nuestros viajes, pero no sé si ninguna tan interesante y enorme como esta: Estalactitas, estalagmitas, excéntricas, lagos, columnas, pilares... todo tipo de construcción calcárea en una única gruta, una magnífica señalización, buen gusto en la iluminación y música adecuada. Salimos de nuevo de las entrañas de la tierra bien satisfechos de nuestra aventura al más puro estilo Julio Verne!
Ahora sí, llegamos (más o menos en 40 segundos) a la ciudad amurallada de Villefranche de Conflent. Muy bonita, típico pueblo de dos calles, pero con tiendas, restaurantes, muy cuidado y animado, ya que desde aquí salen las excursiones al Fort Libéria, un fuerte del siglo XVII, que fue utilizado por Napoleón y que ahora es invadido por hordas de turistas, a pesar de ser inexpugnable.
De las dos opciones para ascender hasta el castillo (a pie 20 minutos por un camino bastante empinado o en jeep), mis piernas, no yo, eligen el jeep. Tomamos un café, compramos las entradas (qué gracia, aquí todo el mundo será familia, porque al enseñar el tiquet del bar te hacen descuento en la entrada del castillo!) y a esperar el jeep.
Cuando llega nuestra calesa vemos que el conductor tiene, al menos, los mismos años que el castillo y montamos en el coche con los Brady, una familia de 6 miembros adultos más 4 niños, ninguno mayor de 5 años, que hicieron del viaje toda una aventura... menos mal que ellos no veian como el conductor, a toda leche, no iba mirando a la carretera mientras intentaba explicarnos cosas con un extraño acento catalofrancés que no entendía nadie.
Llegamos vivos arriba y tras la visita al castillo, muy bien conservado, decidimos visitar lo más remarcable de toda esta historia, un túnel subterráneo que une el castillo con el pueblo... al menos es bajada! Cuando nos plantamos al inicio de las escaleras nuestras piernas querían huir despavoridas ante el horror que se les avecinaba. Cientos... qué digo cientos! Miles de escalones, uno detrás de otro, esperando ser bajados por piernas incautas... sin exagerar... entre 10 y 15 minutos bajando escaleras. Eran las escaleras eternas... pero al fin vemos la luz! Ah, no, que hay más escaleras... Ahora sí! Una puerta, la abrimos y por fin estamos en el pueblo! Qué experiencia, señores!
Mientras volvemos al coche intentamos poner las piernas rectas pero sufren una especie de tembleque incontrolable, rollo bailarín de samba y, en ese momento, somos conscientes de que caeremos destrozados en la cama!
Vamos al coche y dirigimos nuestras ruedas hacia el vecino pueblo de Évol, otro Plus Beau Village, muy pequeñín, con poco sitio para dejar el coche y sin mucha cosa para ver. Y regresamos al coche, andando como podemos, y recalando de nuevo en Villefranche para cenar.
Cenamos en La Senyera, nombre francés donde los haya, y tras una buena pitanza y la noche a punto de cernirse totalmente sobre nosotros y las montañas que nos rodean, pedimos al Tonto (así se llama nuestro GPS) asilo en su gran sabiduria y tiene a bien iluminarnos el camino de vuelta al hotel y, encima, dándonos ánimos ... sólo quedan 8 minutos! Y pasito a pasito y metrito a metrito llegamos al hotel, a la cama, a zapatos fuera y a....zzzzzzz