Hola andarines!!
Hace unas semanas que tenemos el blog abandonado. Ya se sabe, la vuelta de las vacaciones, el golpe de realidad y el regreso a la rutina, a la ciudad, al ruido... Hasta este año yo había creído que la depresión post vacacional no era más que una falacia pero, como de sabios es rectificar, yo rectifico... que horror! Con lo bien que se está de vacaciones y andando por los mundos, siendo caminantes errantes que, como decía Machado, hacen camino al andar... En fin. Ya aposentados y ubicados, soñando con las siguientes escapadas, volvemos con nuestros revivals, remembers y dominguereces. ¿La primera? Acúatica...
La mitad de los Truskys, es decir la que escribe estas líneas, siempre había soñado con bucear. Quiera o no, y como dijo Serrat, nací en el Mediterráneo y me gusta el mar, su sonido, su olor, su color ... De pequeña, me bebía los documentales marinos de La 2, embelesada con los tiburones, los pececitos y los corales. En la tele veía a Flipper y a los Snorkels y La Sirenita es una de mis pelis favoritas! Y un buen puñado de años después de sentarme en el suelo a ver el fondo de mar a través de mi pantalla, por fin, llegó el momento. Un bautizo de buceo!
Los nervios empiezan el día de antes. El agobio. El estrés. Que si no domino el material no me meten en el agua, que si mira si al final no soy capaz, que si... todo eran quessis y ocultos deseos de que la noche anterior se desatara una tormenta tropical, se levantara una furiosa tramuntana o el mar se secara milagrosamente... Pero nada de eso ocurrió. El despertador sonó, no había ni una nube en el cielo y el sol comenzaba a calentar.
Sin pensarlo mucho preparo la mochila (toalla, chanclas, bañador de repuesto, primeros auxilios, testamento y set de extremaunción... lo llevo todo), y dejando al hidrofóbico durmiendo, monto en el coche con los amigos (que no van mucho más tranquilos que yo) y hacia la Costa Brava. Nuestro destino: Lloret.
Llegamos un poco antes de la hora convenida y la sensación era la misma que la de antes de presentarte a un examen. Piel fría a pesar del calor, piernas rígidas, un ejército de mariposas en la barriga, cara seria, ojos histéricos... aiiiiiiiisshhh, lo mejor... un café... bueno... puede que lo mejor no fuera, pero a mi me gusta!
Por fin llega la hora y nos reunimos con el monitor y el pequeño grupo de suicidas acuáticos en una especie de casucha donde, sentaditos en sillas de camping, recibimos de eseseñortanseriodelquedependenuestravida las nociones básicas para el manejo del equipo (aunque yo me lo llevaba estudiado de casa...).
Luego resulto que el monitor no era tan serio, tras unas cuantas bromas con el regulador del aire (que va genial para imitar a Darth Vader), el ambiente se vuelve más distendido y el miedo al ahogamiento desaparece... no, que leches... aumenta. La gente habla de medusas... de tiburones... del kraken!!! Descompresiones... pulmones explotados, tímpanos rotos, multimuerte!!!!!! Cuando las caras de muchos de nosotros empiezan a perder el poco color que tenían y las imágenes de Buscando a Nemo dejan paso a las de Piraña la explicación teórica se acaba y es hora de aplicar lo que hemos aprendido (je je je). ¿En la piscina, no? Dice alguno... Noooo, para que vais a morir en una piscina!!! Morid en el mar directamente!!!
Así que allá vamos, sin sentirnos las piernas, ni los brazos, ni el alma, siguiendo al quad en el que va nuestro monitor, hacia una playa Lloretiana. De una furgoneta aparcada en la playa comienza a sacar bombonas de oxígeno, aletas y demás utensilios que sólo habíamos visto en los documentales y elige a sus primeras víctimas, dos chicas, ya que no vamos a entrar todo el grupo a la vez al agua (eso sí que sería multimuerte!!). Así que mientras las vemos ponerse más y más cosas encima nos damos cuenta de que ya, no hay marcha atrás. Y aunque la hubiera ...¿querríamos darla?... Nooooo!!!
Así que, con la suerte de no ser los primeros, aunque teniendo que aguantar los nervios un poco más, nos sentamos en la orilla, entre montañas de rusos y alemanes churruscaditos, a ver cómo les va a nuestras compañeras de aventuras. Y lo que vemos no nos ayuda...
De entrada... no les van las aletas. Aletas fuera, un gran contratiempo, sin duda. Pero cuando se ponen a hacer las pruebas del material bajo el agua antes de comenzar la inmersión, nos quedamos helados. Una de las chicas se agobia y tiene que salir del agua. Y los que estábamos fuera... nos agobiamos más!!!!!!!!
Tras un rato en que monitor y alumna descienden y ascienden, se alejan y se acercan, vemos como emergen lentamente cerca de la orilla, ya dispuestos a abandonar el agua. Miramos atentamente la cara de la chica a fin de atisbar cualquier sentimiento negativo ante la experiencia... y no sabemos qué pensar. Finalmente parece que sale contenta y respiramos un poco. Miramos al monitor con cara de pena y ... los siguientes somos nosotros 3!!
Acompañados medio corriendo al grupo anterior hacía la fragoneta del profe, que saca más material. Ya un poco resabidillos por haber visto a nuestras compañeras, nos ponemos el material sin problemas. Cinturón de pesos a la cintura (joer, como pesa) y bien apretado. Super chaleco con bombona y 15 tubos más bien colocado y abrochado. Gafas bien ajustada y... ahora si que no podemos huir corriendo... no podemos casi ni andar!!!!!!
Cuando llegamos al agua ni siquiera notamos el frío. Todo colocado en su sitio y comienza nuestra clase!!!!
Lo primero las gafas, imprescindible al llevar lentillas, claro! Ahora a ponerse las aletas en el agua y con el chaleco inflado... esto ya no es tan fácil y menos con los niervos... digo... los nervios. Primero de todo, a meter la cara en el agua para comprobar si las gafas estan bien puestas y si podemos respirar por el regulador. Una vez metido el cacharrómetro en la boca agacho la cabeza y... qué sensación... un pequeño pez debajo mío, el silencio, y puedo respirar!! Saco la cabeza, me quito el regulador de la boca y el profe me mira interrogante... yo sólo acierto a decir con un entusiasmo desmesurado pero en absoluto fingido “Qué pasada!!!!!”. El profe arranca a reir cuando uno de mis amigos hace lo mismo. “Pues si es tan guay, para abajo!”. Regulador de nuevo y ahora toca lo difícil, ver si somos capaces de sacar el agua de las gafas, de quitar presión a los oidos y de volver a ponernos el regulador si se nos cayera... Un minuto abajo esperando que mis compañeros se sumergieran me da tiempo para aprender a respirar de nuevo, a tomar conciencia del movimiento de mis pulmones y de la màgica bombona de sueños que llevo a mi espalda.
Mis amigos descienden y empezamos las pruebas. Expulsión de agua de las gafas. Perfecto. Reducción de presión en los oídos. Perfecto. Volver a colocar el regulador. Menuda Mierda. Al sacar el regulador de la boca me entró agua y se me fue por el conducto equivocado. Vuelvo a poner el cacharrómetro en su sitio, expulso el agua, pero lo inesperado de la bocanada me lleva a perder el control de la respiración, el instinto me empuja a respirar por la nariz pero eso, bajo el mar, es imposible. Así que el agobio me vence (joer, me estoy agobiando al contarlo... aish...), hago señales al profe para indicar que subo a la superfície y, una vez arriba, mis pulmones se llenan con aire de verdad, del contaminado.
El miedo me atenaza... no me dejará bucear... no me ha salido esta prueba... la repetiré las veces que haga falta... cuando el profe aparece de entre las aguas le informo de la situación “ he tragado agua” y me suena como cuando a un niño pequeño le tumba su primera ola en la playa y viene a nosotros corriendo y llorando.. he tragado agua... y nosotros nos reimos y decimos... no pasa nada... en el mar hay más... pero yo... !había tragado agua! En seguida vi la preocupación en sus ojos, me miró con cara triste y ... que no, que es broma... se limitó a decir... Ah! Vale! Tira para abajo!. Y antes de darle tiempo a pensárselo dos veces, ya tenía el chaleco desinflado y me volvia a encontrar bajo el mar, dispuesta a repetir el ejercicio hasta la saciedad.
Cuando el profe me vió de nuevo abajo, ni pruebas ni leches, todo el mundo para delante! E iniciamos nuestra andadura submarina. Mucho más tranquila, me concentro en mis movimientos, las aletas, uno, dos, la respiración...sshhhhhh... grlugrululu (burbujitas)... shhhhh ... grlugluguglu... y el siguiente shhh ya me había olvidado de todo.
A nuestro alrededor, la nada, el mar, el silencio. Los rayos del sol que se colaban entre las olas de la superficie conferían al fondo un áurea màgica. De repente un pequeño banco de peces que no nadaban sino que que diría que volaban, suspendidos en la nada, en el silencio. Siempre bajo la atenta supervisión del monitor que constantemente nos “preguntaba” por nuestro estado, nos abandonamos a la falta de gravedad, giramos, subimos, bajamos, seguimos a los peces, estudiamos los erizos de mar sin tan siquiera tocarlos...
El profe nos “llama” y a su lado vemos un monstruo blanco, terror del guiri veraniego. Una medusa. Viéndola así, quedamos hipnotizados por su elegancia, por su avanzar calmado. Somos intrusos en su mundo así que nos alejamos de ella, lentamente, flotando, abandonándola en su deambular.
Miro a mi alrededor y veo a mis amigos, al monitor haciendo fotos, posamos, reímos, saludamos, nos sentimos como en otro planeta, como los primeros exploradores de un mundo perdido donde todo está en su lugar. Levanto la vista y los peces nadan encima de nuestras cabezas, ajenos a la emoción que nos embarga al poder compartir ese pequeño gran mundo por un momento.
Avanzamos y, cuando nos queremos dar cuenta, avistamos ... un monstruo marino! Es un ser enorme, que no pertenece a este mundo elegante y gracil, su avanzar grotesco nos hace sentir como pececillos en un acuario, es... un alemán. Hemos llegado a la orilla casi sin darnos cuenta y no tenemos más remedio que ascender a la superficie, a nuestro mundo.
Inflamos los chalecos, y sacamos los reguladores de nuestra boca, con una mezcla de felicidad infantil y morriña. Ha sido increïble, pero tan corto... La gravedad que ya habíamos olvidado nos dificulta la salida del agua, cargados como vamos, pero lo conseguimos y nos dirigimos a tierra firme a quitarnos el equipo. Mientras lo hacemos, parecemos cotorras a las que le ha tocado una bolsa de pipas en la feria! Hablamos, medio gritamos, emocionados, diciéndonos todo lo que debajo del agua no podíamos. Nos quitamos los pesos y nos abrazamos prometiéndonos que esto es sólo el principio, mientras el monitor nos observa divertido y pensando la de dinero que va a hacer con nosotros... y nos chincha, explicándonos excursiones emocionantes y paisajes maravillosos...
Mientras volvemos a Barcelona, con los bañadores mojados, el pelo oliendo a mar y los ojos brillando de felicidad hacemos planes para el verano que viene, llenos de adrenalina y deseando volver a sentir esa sensación de ingravidez, de libertad... ¿qué meterán en las bombonas de oxígeno que crea adicción?
Un beso submarino, andarines (o debería decir nadarines?)
( Ah! Que no hay fotos? En cuanto el profe las cuelgue pondré el enlace... no las he visto ni yo!!)
jueves, 6 de octubre de 2011
| [+/-] | Dominguereces y cestas de picnic: Bajo el maaaaar... |
domingo, 4 de septiembre de 2011
| [+/-] | Día 21: de Martigues a ... casa |
Hola a todos..
Esto ya, sí que se acaba.
Nos levantamos pensando que la siguiente cama donde dormiremos será la nuestra, y con una mezcla de ilusión y desgana recogemos por última vez en este viaje todos nuestros bártulos.
Un desayuno como los que luego no hacemos en casa y al coche.
Resistiéndonos un poco a que nuestra ruta acabe, atravesamos la Camarga en coche. Después de que el GPS (menudo viaje está dándonos) nos haga coger un ferry para atravesar el río Ródano, conducimos por carreteras estrechas entre las salinas del parque natural. Los robustos caballos blancos tan característicos de esta región salpican las verdes praderas, los altos juncos esconden esbeltos pájaros de cuellos largos y picos finos, rojas libélulas rebolotean cerca del agua, los negros toros pastan tranquilamente y los gitanos recorren el parque montados en sus caravanas de alegres colores. Qué bonito!!!
No pudiendo retrasar más lo inevitable la autopista nos lleva hacia la frontera. Ante la cercanía de los Pirineos el cielo empieza a nublarse, cómplice de nuestra morriña.
Una parada para comer y disfrutar de los últimos momentos del viaje y ahora sí que sí.
Rodeados de coches con matrículas españolas avanzamos, kilómetro a kilómetro, hacia casa, viendo como el atasco de la salida de Barcelona se va haciendo cada vez más denso.
Mientras cogemos desvío tras desvío, comparamos las carreteras de nuestro hogar con todas aquellas que hemos recorrido en nuestro viaje. Recordamos los hoteles, las ciudades, las anécdotas y los pequeños problemillas que han ido surgiendo y que ahora nos hacen sonreir. Nos quedamos con lo mejor, que ha sido mucho, con el azul del Adriático y el frío de sus aguas, con el verde de los bosques y el sonido de las cascadas, con la historia que hemos encontrado en las paredes de los edificios y en los caminos, con las piedras de los castillos, con las puestas de sol, con las sonrisas de la gente y, en definitiva, con todo lo que hemos vivido.
Deshaciendo las maletas van apareciendo planos, entradas y guías de viaje. Entre la ropa encontramos recuerdos, llenamos lavadoras para quitar el polvo del camino y la sal del agua que han quedado impregnados en los tejidos, la morriña y la añoranza al revisar las fotos nos hace pensar, ya no en todo lo vivido, sino en lo que queda por vivir.
¿Ande andaremos de aquí a un tiempo? Ni nosotros lo sabemos, aunque miles de ideas comienzan a tomar forma en nuestras cabezas...
Km. 514
Km. Finales. 5661
viernes, 2 de septiembre de 2011
| [+/-] | Día 20: de Génova a Martigues |
Hola de nuevo, andarines!
Las campanas de la iglesia nos sirven hoy de despertador, las 7.30, tocan. Así que todo el mundo en pie y a buscar algún lugar donde desayunar, porque nuestro hotel no ofrece el servicio.
Justo delante, un pequeño local, capuccino y unas pastitas y a ajustar cuentas con el simpatiquísimo señor de la recepción. Qué hombre más simpático, con esa pinta de loquito encantador alabando nuestra alegría mientras se queja de la seriedad de la gente. La vida pasa -dice- y la gente siempre está seria. Qué gran filósofo.
Una vez en el coche y pagado el parking a la chica zombie de la taquilla de salida, duro golpe de realidad: la salida de Génova en hora punta. Horror. Poco menos que la muerte y la locura nos esperan en el camino de salida hacía Francia, que se nos presenta envuelta en una luz cálida ... sigue la luz!!!
Italianos, muchos italianos (qué quieres) en sus coches, empujando, colándose, sin intermitentes, cambiando de carril al más puro estilp kamikaze, ni giran la cabeza oye! Atasco. Y para más inri... un coche de bomberos, con la sirena en marcha. A organizarse en este caos para dejarla pasar... qué sufrir, pero, por suerte, salimos indemnes de tamaño infierno vial, saliendo de las llamas... para caer en las brasas.
Cómo va la autopista, de locos en coche y de camiones locos. Con una concentración absoluta en la que Aramis Fuster no es nadie comparado conmigo en materia de adivinación de movimientos intercarriláceos de nuestros amigos los espaguettinis, hacemos un alto en el pueblo de Bussana Vecchia, que fue abandonado y, más tarde rehabitado por artistas y artesanos. Un estilo a Groznjan, pero menos cuidado.
Un cafetito y un paseo por las calles empinadas y de nuevo al coche, ahora sí. Próxima parada: Éze, en territorio francés. Al poco de entrar en la autopista el tráfico se regula, los coches vuelven a tener intermitentes y la conducción se hace mucho mejor.
Así que paramos en este pequeño pueblo encaramado en la montaña, frente al mar. Es el típico pueblo todo de piedra, con un laberinto de calles bien cuidadas por el que da gusto dar un paseo descubriendo sus rincones más pintorescos.
Cómo ya azuza el hambre, un crep y un bocadillo, y hacía nuestro nuevo hotel en Martigues, un pueblo al lado de la Camargue.
Cómo nos ha pasado más de una vez en este viaje, esperábamos un pueblo no muy bonito, y nos hemos topado con un pueblo bastante grande, dividido en tres partes, con una isla enmedio, barquitos atracados en pequeños puertos, restaurantes... y de noche tiras de bombillas iluminando las calles, la luz de las farolas reflejándose en el agua... Una cucada!!
Así que hacemos el check-in en nuestro último hotel del viaje, un establecimiento sencillo, con una decoración minimalista pero cómodo, limpio y bonito y a dar un paseo por el pueblo antes de que cierre todo.
Mejillones y pasta con salmón caen para cenar, mientras observamos a través de los grandes ventanales del restaurante el movimiento lento de los pequeños barcos de pesca que se dejan mecer por el escaso oleaje que arriba al puerto mientras suena un acordeón de fondo y la luz de la luna va inundando este pueblo, repleto de bombillas.
Qué buena última noche de viaje.
Un beso.
Km. 440
Km. Acumulados 5147
miércoles, 31 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 19: de Portogruaro a Génova |
Andarines! Qué esto se acaba!
Tras una noche de frío (Portogruaro es como el desierto, mucho calor de día y mucho fresco de noche) y una ducha revitalizante, otra vez a la carretera…
En menos de 10 minutos vuelvo a recordar lo mal, pero lo terriblemente mal, que conducen los italianos (lo siento por los que conduzcan bien pero…). Hemos llegado a la conclusión que a los coches en Italia no les ponen intermitentes, porque ninguno lo usa. En la autopista van o a 150 o a 50, no tienen término medio, les da igual invadir tu carril, de hecho muchos circulan entre dos carriles, te adelantan por la derecha, en línea continua… una gozada. Y si a esto sumamos unos … 3 camiones por metro cuadrado en la autopista, pues la fiesta es completa. Con los Spaghettinis detrás achuchándote a 130 y una barrera delante de ti ocasionada por un autobús que está adelantando a un camión que a su vez está adelantando a otro camión sale lo peor del español que hay en un conductor. Insultos Trozzo di porco!!! Como no sé italiano me los invento!! Y viva el claxon! Hasta que me duele el brazo de tanto pitar!! Y así… 4 horas y media… qué estrés!!!
Y cuando ya parece que llegamos a Génova, nuestro destino de hoy, nos encontramos con la peor entrada a ciudad grande que hemos visto nunca. La autopista de 2 carriles baja la velocidad a 80 y se transforma en una “autopista de montaña”. ¿A 80? Había curvas que era mejor cogerlas a 60. Y venga señales de curvas peligrosas, y genoveses a toda leche, y trailers… qué horror!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Un poco asustados por los comentarios que habíamos escuchado sobre nuestro nuevo hotel, lo primero es situarlo, lo cual no es muy difícil puesto que está en una calle superprincipal. Hasta aquí, benne. Problema: el hotel tiene parquing, pero ni sabemos donde ni como llegar, así que tras dar un par de vueltas dejamos el coche en una zona azul, y maletas en ristre nos acercamos al hotel.
Nuestro nuevo hogar provisional está situado en la tercera planta de un edificio. Tras sobrevivir al ascensor de la muerte, que calculamos tendrá unos 200 años, así por encima, el atento chico de la recepción, con un escaso español pero muy bien intentado, nos explica donde está el aparcamiento.
Tras ver nuestra sencilla pero cómoda y limpia habitación, recogemos nuestro coche y al parquing, que es el de una especie de Corte Inglés.
Miramos el reloj y no hay mucha opción más que acabar en el McDonalds. Así que unas sanísimas hamburguesas y a visitar Génova!!!!!
Qué gran decepción… no hay nada de Marco…. Pero bueno, callejeamos, visitamos el puerto antiguo, el casco histórico, la preciosa catedral y … los guettos… porque menudos guettos.
Con sus estrechas calles llenas de tiendas, podemos decir que Génova no tiene nada especial, sin ser una ciudad fea. Los estrechos callejones que llevan a los patios interiores nos hacen recordar los dibujos de Marco, cuando corría por esas calles con su parche en el pantalón para ir a buscar carta de su mamá… que penica…
En fin, visitamos palacios, plazas, iglesias de estilo gótico pisano y la casa de Cristóbal Colon, que no en vano era genovés, como los grandes marineros. Un poco más de callejeo y las tiendas empiezan a cerrar, poco a poco, mientras los carteles de las locandas y las trattorias van iluminándose.
Momento de volver al hotel, a descansar, a cenar un poco y a preparar la ruta de mañana: Arrivederchi Italia… Bonjour, France!
Km. 457
Km. Acumulados 4707
| [+/-] | Día 18: de Ljubljana a Portogruaro |
Hola andarines!
Nos levantamos esta mañana con la sensación de que las vacaciones, se han acabado. Hoy dejamos Eslovenia y emprendemos camino a casa. Recogemos nuestras cosas con un poco de desgana, porque, además, hemos estado a gusto en este albergue (a pesar de lo que parecía en un principio).
En la sala del desayuno, ya nos saluda gente, el francés de anoche… bonjour… Un catalán de Sants que nos ve con el aceite de oliva encima de la mesa y deduce, al instante, nuestra nacionalidad nos pregunta y charlamos sobre nuestros viajes. Él va en bici por el país. Qué burgueses nos hemos vuelto, pienso.
Ya en el coche salimos de nuestro rinconcito del Bronx y abandonamos la prisión y sin planos para el GPS, puesto que hemos tenido que introducir ya los de la Europa occidental, nos dirigimos, sin pausa, pero sin prisa, a la frontera con Italia.
Ya llegamos, está a pocos kilómetros peeero vamos a hacer nuestra última visita en Eslovenja… Lipica. Aquí se crían unos de los mejores caballos del mundo (con permiso de los andaluces y árabes…), una raza autóctona del Karst (esta región del país) que durante varios años fueron cruzando con caballos andaluces para conseguir el caballo perfecto, y yo creo que lo tienen!
Cotilleamos los entrenamientos de los caballos que hacen competición y exhibición (aunque sólo hay un jinete que haga algo guay) y luego con una simpática guía hacemos la visita del recinto, bueno de un parte, porqué son 300ha, visitando las cuadras y viendo algunos caballos mientras nos explican todo sobre ellos. La verdad es que ha sido una visita muy interesante y hemos aprendido muchas cosas (no sabía que un caballo vivía 30 años).
Casi habiendo pasado la mañana, ponemos rumbo, ahora sí, a Italia, a nuestro siguiente hotel situado en Portogruaro.
La autopista nos hace ser conscientes del camino de vuelta que iniciamos y así, llegamos a nuestro destino. Pensábamos que Portogruaro sería una ciudad grande, fea y gris y nos encontramos con un pueblo precioso, con un casco antiguo lleno de palacios gótico-venecianos, todo peatonal, salpicado de restaurantes y atravesado por un pequeño río. Y el hotel resulta ser un antiguo palacio en medio de esta zona peatonal. Una monada!!!
Más que contentos después de haber visto la cómoda cama que nos espera esta noche, bajamos a comer algo y a pensar en qué hacer en la larga tarde que tenemos por delante.
Mirando el plano, pensando, dando una vuelta, otra…¿te apetece un helado? Vale. ¿Nos lo comemos en Venecia? Vale. Y ahí vamos, a buscar el tren y a Venecia Santa Lucia.
Dicho y hecho, una hora después arribamos a la Laguna y cogemos el Vaporetto que nos lleva a la Piazza San Marco.
Cuando estuvimos hace 3 años, el Puente de los Suspiros estaba lleno de andamios, así que vamos con la esperanza de verlo al descubierto y… nos encontramos que sigue lleno de andamios pero que además, el andamio lo han cubierto con un mega anuncio de L’Oreal… porqué yo lo valgo! Ni que fuera esto la Sagrada Familia… De aquí a unos años volveremos, a ver cómo van las obras!
Así que, cómo ya conocemos Venecia, nos dedicamos a pasear, callejear y andurrear por las calles, las callejas, los passagios , los soportegos y las salizadas. Cuanto turismo. Cuanto veneciano rancio. Qué caro es todo. Pero en fin. Es lo que hay. Lo que es innegable es que Venecia tiene un encanto especial.
Sus canales estrechos, con sus gondoleros, sus calles empedradas, los pequeños amarraderos en las puertas de las casas, las fachadas desconchadas, las algas en los pilares del agua y esas indicaciones “Per Rialto”… Venecia, siempre será Venecia.
Así que tras pasear y comer un heladito, volvemos a Ferrovia a coger el tren de nuevo a nuestro hotel tras haber pasado una tarde diferente, entre canales y tiendas de máscaras.
Una horita en tren, intentado no contagiarnos de la risa y los aullidos de dos enoooormes ( y cuando digo enormes es enormes) alemanas que teníamos delante y que nos recordaban, la una a una camarera del Oktober Fest y la otra a una Valkiria cantante de Ópera, y llegamos al hotel, muertos y pensando en esa cama que nos espera…zzzzzzzzzzzz.
Km. 192
Km. Acumulados 4250
lunes, 29 de agosto de 2011
| [+/-] | Día 17: Ljubljana |
Buenas noches andarines!!
Tras conseguir bajar del techo... digo... de la cama de nuestra celda, desayuno en el hostel y a visitar Ljubljana!!!!
Así que pasico a pasico, con la barrigota bastante mejor (vamos, con lo que la estoy cuidando), en algo más de 5 minutos abandonamos nuestro Bronx particular y llegamos al Puente de los Dragones. Genial, pues creíamos que estábamos más lejos del centro.
Por lo que hemos visto, es una ciudad pequeña y, aunque nuestra primera impresión ha sido la de unas calles sucias, llenas de graffitis, la verdad es que el centro es encantador!
Preciosas calles peatonales desembocan en plazas que desembocan en otras plazas, no un puente sino tres forman el corazón de la ciudad de los dragones. La Catedral es una magnífica joya barroca enclavada entre puestos de frutas llenos de avispas y tenderetes de ropa un poco anticuada. El castillo situado en lo alto de la colina observa atentamente las idas y venidas de los habitantes mientras escucha los sonidos y soniquetes de los músicos callejeros que prodigan su arte por unas monedas.
Un agradabilísimo paseo por esta ciudad plagada de bicicletas, un té en una escondida terraza y, en una mañana Ljubljana está vista dejándonos muy buen sabor de boca. Un poco de callejeo, colarnos en el ayuntamiento y cotillear unas tiendas y decidimos comer algo para aprovechar la tarde fuera de la ciudad.
Sin pensarlo mucho, nos sentamos en la terraza de una Gostilna cerca del Ayuntamiento, sin saber muy bien si han sido los trajes típicos de los camareros, la carta o la proximidad lo que nos ha hecho elegirlo. La temperatura es agradable, el servicio rápido, la comida buena y... la avispa cojonera.
Hemos llegado a la conclusión que en los territorios de la antigua Yugoslavia las avispas eran entrenada como armas de destrucción, de ahí su afán por meterse en tu plato, rondarte las orejas y pararse en tus brazos hasta la saciedad, no la suya, sino la tuya. Pero esta vez no estábamos dispuestos a dejarnos vencer. Así que Sergio puso los restos de su primer plato, foie de pollo, cual cebo jugoso para cazar a la bestia... y ahí estaba, llegó, aleteó y se posó. Levantó el vuelo pero el cebo era demasiado tentador y volvió a posarse, dejándose llevar por los efluvios del parmesano... y ese fue su fin. Una servilleta gigante cayó sobre ella con saña, una vez, dos veces, luego con la cuchara... Por fin pudimos comer tranquilos...
Temerosos de ser objetos de represalias por parte de familiares ofendidos de la difunta avispa, nada más pagar la cuenta nos levantamos del restaurante y ponemos rumbo al hostel para coger el coche. Avanzaremos faena de mañana, vamos a las Cuevas de Postojna, las que algunos dicen, son las mejores del mundo.
Tras media hora de autopista llegamos al circo que tienen montado alrededor de las grutas. Tiendas de souvernirs, restaurantes, etc... y qué negocio! Pagas el parquing y luego, claro, pagas la entrada...22 euripites cada uno!! Pero que se le va a hacer.
Así que sacamos nuestras entradas y nos vamos hacia la puerta, más de media hora de espera hasta la siguiente visita, por lo que aprovechamos para leer la guía de Eslovenia (no es por nada, pero qué guía más mala, leches! Una y no más!) y cuando nos ha parecido que demasiada gente se nos ha puesto delante, hacemos una maniobra made in Spain. Vamos, que cuando han abierto la puerta estábamos los primeros.
Durante la primera parte de la visita recorres cerca de 2km montado en un trenecito que recorre grutas y grutas a toda velocidad, mientras notas como la temperatura va bajando más y más hasta llegar a los 8º que las cuevas tienen durante todo el año. Hasta aquí, bien.
La segunda parte de la visita se hace a pie, casi 1,5km por un "sendero" que recorre las salas más espectaculares de las cuevas. Es imposible negar que las grutas son absolutamente impresionantes por sus dimensiones, nunca habíamos visto unas tan enormes, pero lo que tampoco se puede negar es que la gente es insoportable.
No foto, se dice igual en todos los idiomas. Si te repiten No foto 5 veces en 10 minutos... ¿porqué la gente hace fotos? Y te lo explican, no se pueden hacer fotos por la fauna que hay ... ¿porqué haces fotos con flash!? Qué desesperación, la gente con sus cámaras, la gente tocando las Estalagmitas, sentándose encima!!!!!!!!!!!!!! A mi casi me da un ataque. En el grupo de habla inglesa seriamos, por encima, tres millones de personas (unos personas, otros energúmenos). En fin. Al final de la segunda parte pudimos ver un acuario con algunos Peces Humanos, un pez blanco, ciego, que habita en esas cuevas, que no tienes aletas, sinó deditos... que bicho más raro... era como el dragon de la Historia Interminable, pero sin pelo y dos millones de veces más pequeño.
Y la tercera parte de la visita volvía a ser el tren, de vuelta al principio, siempre y cuando la señora ansiosa que se engancha al tren antes de que pare no se caiga y la atropelle! Qué horror de gente.
Valoración de la visita: la cueva increible, sublime. La gente horrible, haría falta hacer grupos de visita más pequeños y con más control por parte de la organización... o acabarán como en Altamira, restringiendo las entradas.
Aunque ya teníamos la idea de ir, la publicidad subliminal que hay en todo el recinto de las cuevas, nos guía a 9km, al castillo de Predjama, enclavado en una montañana, bueno, encima... no... debajo... no... dentro de la montaña!!
La verdad es que es una preciosidad la ubicación y parece mentira como hace varios siglos se podían crear edificios así en lugares como ese sin los avances tecnológicos que hay actualmente. Lo increible de este castillo son unas grutas a las que se accede por la parte inferior pero para las que hay que ir con equipamiento adequado y cuya entrada es más restringida.
Así que un zumito, y al coche, para la capital, una parada en el Lidl para hacer saltar las alarmas y comprar algo para la cena y en un ratico llegamos al hostel.
Nos subimos a la cocina y tras una charla con un parisino que nos pregunta sobre las corridas de toros y un poco de arroz (se me va a poner cara de china), a nuestra celda, a intentar recogerlo todo, puesto que mañana ya, con todo el dolor de nuestro corazón, iniciamos oficialmente el regreso a casa. Mañana: Italia.
Pero hoy aún os puedo decir... buenas noches y un besote esloveno!!!
Km. 128
Km. Acumulados 4058
| [+/-] | Día 16: de Pohorje a Ljubljana |
Buenas andarines!!!
Nos levantamos en Pohorje, en medio del silencio, de la montaña, qué gozada, qué tranquilidad, incluso parece que la barriguita va un poco mejor. El tiempo ha refrescado (menos mal porque nos íbamos a morir) y... esta noche ha llovido! Pobre mi coche, que estaba lleno de polvo, ahora está lleno de barro...
En fin, un desayuno frugal y ponemos rumbo a Ljubljana, capital del país. El plan es llegar al albergue que tenemos reservado para las próximas dos noches, dejar las maletas e ir a la zona del lago de Bled y la el Parque Nacional de Triglav.
Así que, aprovechando que por fin en Eslovenia el GPS tiene el 100% de los planos, llegamos sin problema hasta el hostel... la cara que se nos queda no se paga con dinero. Nos da la sensación de entrar en una zona de guerra de bandas-pandilleras. Haceos una idea: parededes pintadas y grafiteadas a más no poder, jóvenes con botellas para arriba y para abajo, nos asomamos a lo que debe ser el recinto del albergue, que ocupa una antigua cárcel y que, de hecho nos planteamos si los delincuentes han dejado de habitarla. Todos los módulos que componían el recinto pintados, el patio de la cárcel también... aish... y por lo que hemos podido comprobar todo el mundo pone la misma cara...
¿Y aquí hay que dejar el coche? Esa es nuestra mayor preocupación.
Entramos al albergue un momento y, la verdad, es que tiene muy buena pinta. Dejamos el equipaje, esperando encontrarlo a la vuelta y nos vamos de ruta intentando no pensar en el trocito de Bronx donde tenemos que dormir.
Hacemos un alto en el pueblo de Skofja Loka, llamado la ciudad museo por la cantidad de edificios bonitos e interesantes que tiene, y la verdad es que merece la pena una parada. Con un casco antiguo pequeño (aunque creo que no era casco antiguo, sinó que era todo el casco) lleno de construcciones interesantes, una iglesia con altares de mármol negro (poco visto, la verdad), atravesada por el río... Molt bé!
Ahora ponemos rumbo a Bled y, como se nos viene la hora encima, hacemos un alto para comer en un restaurante de carretera, bueno, de carretera no, que estaba en un pueblo. Hemos aterrizado en una Gostilna, que son restaurantes pequeños, tipo mesón, regentados por una familia y donde todo es supercasero. A ver si puedo comer algo.
La verdad es que era como estar comiendo en casa, un comedor no muy grande, un mantel de flores, mesas grandes... llega el camarero y nos pregunta: ¿qué quereis comer?... Nuestra cara es un poema... no hay carta, no hay menú escrito, no hay nada... aprovecho la ocasión y le pido arroz blanco y pollo a la plancha (a ver si hay suerte y me he hecho entender), así que tras mi extraña petición, el camarero le relata a Sergio la lista de lo que podía comer, y cuando acaba con su retahila Sergio pide... eso último! eso! Porque le ha sonado a snichtel (carne rebozada, vamos) y eso sabe lo que es. No hay que dudar que era un restaurante familiar, iba llegando gente, el camarero reía, les saludaba, salía la cocinera, se sentaba en las mesas... y empieza a llegar la comida. Para Sergio, una sopa, con fideos, que olía de bieeeen... y luego mi plato de arroz con pollo (Qué bien!!!!!), un plato de ensalada y el plataco de Sergio con un filetón rebozado, arroz, puré de patata, flan de verduras, una especie de pastel de carne relleno de pan con salsa... vamooooos... y yo con el arroz blanco... Y ya, sin preguntar, a Sergio le trae el postre, macedonia con nata y yo me pido una Kamilica (más manzanilla, estoy hasta el moño!!). Qué bien hemos comido!!! Pero lo mejor ha sido cuando el camarero ha venido con el rollo de papel de aluminio para ver si queríamos llevarnos los restos... magnífico!!!!!!!!!!!!!!
Con las panzitas llenas, llegamos a Bled. Una preciosidad. La vista del castillo sobre el lago es impresionante, la isla en medio del agua con la iglesia es espectacular y las montañas del fondo quitan el hipo. Dispuestos a disfrutar bien del paisaje decidimos subir en el teleférico a lo alto de una colina desde donde se ve el lago y el castillo y resulta que el teleférico no era tal, sinó un telesilla. Pos venga, como nunca hemos montado en telesilla allá vamos!!! Dios..., ahora recuerdo que tengo vértigo!!! Qué nervios! Qué alto! Con los piecicos colgando a miles de millones de metros (cómo mínimo) del suelo! Y qué lento!! Ni las fotos me salian, oiga!!
Y por fin llegamos, sanos y salvos a lo alto de la colina y las vistas bien merecían pasar unos pocos de nervios.
Ahora toca bajar, podíamos haber bajado en una especie de dragon khan individual por la colina o por el telesilla, pero como no teníamos claro qué era... pos al telesilla otra vez... ahora sí que da impresión porqué ves que el porrazo será monumental!!!
Abajo otra vez, y feliz de no haber muerto, reconozco que ha sido divertido el tema del chairlift, pero por hoy ya está. Ahora, tocando con los pies en el suelo, andamos por el paseo que tienen habilitado a lo largo de todo el margen del lago y llegamos al pueblo. Resulta que estan haciendo no sé que mundiales de remo y está todo lleno de gente, marcadores y banderitas de distintos paises.
Llenos de Bled, ponemos rumbo al lago de Bohinj y al Parque Nacional de Triglav. Qué paisajes, prados verdes, verdísimos, que parecen pintados, con sus casitas al más puro estilo alpino salpicando las llanuras y, al fondo, envolviendolo todo, las montañas, cada vez más altas.
Llegamos al lago Bohinj, enclavado entre montañas, nada tiene que envidiar al de Bled en lo que a naturaleza se refiere, gente bañándose, yendo en barca o canoa, tomando el sol que se cuela entre las cumbres de las montañas... aish, qué bonito!!
Y ya que estamos aquí, adentrándonos más en el Parque, intentamos llegar a unas cascadas. Mientras vamos por la carretera de curvas, hay un momento en el que se hace de noche, hasta el coche enciende las luces. La vegetación se vuelve tan frondosa que no deja pasar ni un rayo de sol y nos da la sensación que el reloj ha avanzado, de repente un par de horas. Avanzamos y avanzamos y el bosque que nos rodea cada vez se presenta más sombrío, altos árboles con delgados troncos crecen en un suelo plagado de rocas, llenas de musgo... un espectáculo precioso!!
Y de repente llegamos a un parking, por fin! Aunque a pesar de todo decidimos no visitar la cascada, ya que hay un buen paseo y tampoco es que sea muy temprano, tomamos algo en una cafetería y tras respirar el aire puro de la montaña, ponemos rumbo a Ljubljana.
Cuando llegamos, tal y como nos han indicado esta mañana, metemos el coche en el recinto de la cárcel-hostel, por una entrada medio escondida entre dos muros (con barrera, eso sí) y tras atravesar toda la comuna hippie-punky-okupa donde estamos dejamos el coche en la puerta de la recepción del hostel.
Una vez dentro, la verdad es que el Hostel es de los mejores que he visto, bar-restaurante, terraza, zona de copas, lavandería, cocina... ahora toca ver la celda que nos ha tocado. Cada celda ha sido reformada y decorada por un artista, a ver qué tal. Entramos en el corredor principal de la primera planta (a la que hay que acceder ya con llave) nuestra celda es la 106, abrimos la puerta de metal que da al pasillo y... otra puerta... la de rejas!!!! Qué guay!!! Abrimos esa y... no hay cama. La cama está arriba!!!! Nos ha tocado una celda, que ahora, a la mañana siguiente, no está tan mal. tiene un par de armarios, dos taburetes y una mesita y, la cama está encima de la puerta... pero está alta... espero no caerme... Rejas en las ventanas, golpes metálicos cada vez que alguien abre una puerta... qué molón es esto!!!!
Tras cenar en el albergue (una pizza congelada y un sandwich de jamón y queso con pan congelado... me recuerda a mi tortuga... Pelotilla!Cómo estarás?!) a dormir, bueno, a esperar que el americano que está sentado en el patio, debajo de nuestra ventana, acabe de reir y de decir sorry sorry. Pero la verdad es que una vez alcanzada la cama, se duerme bastante bien, ahora sólo hay un problema... ¿cómo bajamos de aquí arriba?
Besitos!!!
Km. 304
Km. Acumulados 3930