Buenos días a todos.
Hoy nos levantamos con una cosa en la cabeza.... Churros. Y el mejor sitio para tomar churros en Madrid (según nosotros) es San Ginés. Una churrería de esas de las de toda la vida, con un interior elegante pero hablamos de esa elegancia un poco añeja ya. Asientos de terciopelo verde, un ejército de camareros todos bien uniformados y las paredes completamente atestadas de fotografías con personalidades y personajes famosos de toda condición. Políticos, cantantes, deportistas, nacionales y de fuera... la vista se pierde entre los cientos de caras sonrientes y la frase estrella durante el desayuno es: “¿Has visto ese? Anda!!! Mira!!!”. Hasta, claro, que te traen los churros gigantescos y tan buenos!!! Tras charlar un rato de fútbol y turismo con unos guiris forraos de pasta y, encima, del Real Madrid, con la panza bien llena de chocolate ponemos rumbo al Rastro.
Atravesamos la Plaza Mayor y, aunque ya la hemos cruzado más de una vez, ahora no podemos dejar de pararnos. Los peluches gigantes y los Spidermans gordos aún no han llegado, están limpiando las terrazas de los bares y casi no hay nadie. La luz que llega aún tenue a la plaza confiere a las fachadas una calidez encantadora. No podemos negarlo, es un bonito rincón. Tras estar unos minutos bajo los huevos del caballo, ahora sí, al mercadillo más famoso de Madrid (y yo diría que de España).
Llegamos tempranito para evitar el follón de gente, de turistas y de rateros y la verdad es que podemos pasear sin demasiado problema. Aunque, para ser sinceros, nos da la sensación de ser como un mercadillo cualquiera. La primera calle que cogemos, baja y baja. Tenderetes de camisetas, vestidos, bolsos y bolsas a un lado y a otro. Al llegar abajo, una plaza, libros de viejo y cachivaches varios que llaman nuestra atención. Poco a poco se va llenando de curiosos que curiosean y señoras que regatean. Subimos una calle, no todo va a ser bajar, y alcanzamos otra placeta con muebles antiguos y otras fruslerías que hacen que se nos caiga la babica. Y callejeando callejeando volvemos a llegar al principio. Lo que habíamos calculado que nos llevaría toda la mañana nos ha ocupado una hora.
Con una parte de la pareja bien decepcionada por culpa del Rastro damos un paseo lento, tranquilo, por el barrio del Centro, disfrutando del ambiente del domingo por la mañana. Niños en la calle, gente que pasea, puestos de flores... alcanzamos la Plaza de Santa Ana y decidimos tomar un segundo desayuno, ya que el primero ha sido tan temprano... Un café con leche en una terraza, al sol, y un repaso a la guía para ver qué nos dejamos por ver. Viendo lo bien que vamos de tiempo, nos perdemos un rato por el tranquilo Barrio de las Letras, tomándonos el tiempo de leer las placas de las fachadas “Aquí vivió...” y los grabados en el suelo. No sé que tiene este barrio, que no ha encantado, sus pequeñas tiendas, sus bares, su ambiente entre bohemio y de pueblo...
Habiendo leído ya todo lo leíble, nos acercamos a otra de las instituciones bacalaeras de Madrid... el bar “Revuelta”. A empujones y empellones conseguimos hacernos hueco en el atestadísimo bar (no apto para claustrofóbicos). El olor del bacalao frito se mezcla con el del perfume de las señoras y el tabaco de los señores (o viceversa, claro). Cervezas que van no sé sabe donde entre la gente y tajadas de un bacalao fresquísimo (y saladete, para que bebas más), calentito, recién sacado de la freidora. Lo importante es hacerse con un hueco en la barra y para ello hay que recurrir a técnicas de estrategia militar, astucia y subterfugio que te permitan desplazarte sin ser visto entre el gentío para que, cuando noten tu presencia, tú ya te hayas hecho con 20 cm de barra, lo justo para apoyar dos vasos y un plato. Victoria! Piensas con cara de satisfacción.... Y todo eso, para 5 minutos, porque es entrar y salir!
Con este picoteo extraño que llevamos hoy, hemos vuelto a matar el hambre, así que cogemos la calle Atocha, un café en un bar, y de cabeza al Museo del Prado. Estos grandes museos es lo que tienen, al principio te paras en cada cuadro, escultura y extintor: “Mira la mezcla de colores. Qué efecto ha conseguido en la mirada del perro. ¿Y el sfumatto qué?”. A medida que pasan las horas dedicas menos tiempo a cada obra: “Mira un Goya de la época negra. Aquel debe ser un Rubens, ¿no?”. Hasta que acabas diciendo... Mira... otro cuadro... Pero cierto es que el Prado merece una visita. Tiene grandes obras que merece la pena ver en directo: El Jardín de las Delicias (impresionante), Eva y Adán de Durero, Las tres Gracias (sólo por ese ya merece la pena...soy fan de Rubens ¿qué le voy a hacer?).
Imbuidos de tanta belleza y tanta pintura, salimos del museo y descansamos un rato sentados ante la fachada de San Jerónimo el Real, que desde arriba vigila el Prado con ojo atento, no sea que algún cuadro se escape y tras ver como los niños se lanzan, osados, ladera abajo, seguimos con nuestro deambular que nos lleva a hacer una visita a la diosa Cibeles que, como todo en Madrid, está en una rotonda... si pudiera escapar con su carro huiría de tanta polución, autobús y celebraciones al más puro estilo vikingo. Dejándola sola, con cara de triste, seguimos
De nuevo en Chueca (aquí te caes de un barrio a otro sin darte apenas cuenta!!) vuelta por aquí, vuelta por allá, carteles de saunas y de chicos ligeros de ropa pero con mucho músculo, y la tarde cae lentamente. Un olorcito que llega a nuestras naricitas nos atrae y las tripicas empiezan a rugir... ¿porqué no una merendola tardía? Así que... porción de pizza al canto! Qué buena! La verdad es que en este viaje nuestras rutinas gastronómicas siempre tan cuidadas van un poco random.... como el hombre de las cavernas, que comía cuando tenía hambre, no a la hora que le tocaba...
Ya con el estómago un poco calmado las luces nos atraen como abejas a la miel y acabamos en la Gran Via, espectáculo de luces de neón, cines, teatros y gente, mucha gente. Es irresistible el cartel de Schweepes y las pantallas gigantes bombardean publicidad al bullicioso populacho que las observan desde abajo, aunque, realmente, nadie les hace mucho caso. Nos plantamos en la plaza Callao... Chueca a un lado, Sol al otro y el metro detrás nuestro... grande es la tentación de regresar al hotel y a nuestra cama pero conscientes de la rutina alimentaria extraña, nos acercamos al Rodilla más próximo (bieeen!) y cogemos unos sandwiches take away...
Al metro y en un ratito.... qué bien saben los bocatas cuando estás metido en la cama!!!!
jueves, 26 de julio de 2012
| [+/-] | Día 4 - Madrid, Madrid, Madrid |
miércoles, 25 de julio de 2012
| [+/-] | Día 3 - Más Madriz |
sábado, 5 de mayo de 2012
| [+/-] | Dia 2 - Pongamos que hablo de Madrid.... |
Implacable, despiadado y vil, el despertador hace puntualmente su trabajo. Nos asomamos a la ventana y una neblina cubre el pueblo. A pesar de las ganas de volverse a la cama reorganizamos las maletas, damos buena cuenta del desayuno del hotel y ponemos rumbo a nuestro destino final: Madrid.
En nuestro avanzar nos acompañan las nubes, la lluvia y la nieve (sí, nieve, sí) y, por fin, la gran urbe y su capa de contaminación. Primer punto a favor del hotel, estar en las afueras, por lo tanto gracias al Tonto que nos acompaña siempre en nuestros viajes en menos de 5 minutos estamos ante la puerta de lo que será nuestra casa durante los próximos días. El hotel Maydrit de 4 estrellas, en un barrio del extrarradio, en una zona de “nueva” construcción, con poco de todo. De entrada podría resultar desalentador pero poco a poco sólo vamos viendo ventajas. Fácil acceso desde la autovía, zona silenciosa, sitio para aparcar en la calle, el metro a una manzana… Sí, es cierto, para llegar al centro hay que emplear media hora en el metro pero… ¿acaso no lo hacemos cada día para ir al centro de Barcelona? Además, como es principio de línea… ¡seguro que te sientas! Y es la línea de metro que lleva a la Gran Vía, a Callao, a Opera… muy bien, ¿no? El hotel en si es moderno, cómodo, cálido, con grandes habitaciones, grandes duchas y grandes baños. ¡Qué gozada! La única pega… el desayuno no está incluido y es caro (13 euros) pero a una manzana hay una cafetería, así que… lo dicho… hemos quedado encantados con él.
Una vez dejamos las maletas empieza nuestra exploración de la capital del imperio. En el trayecto de metro planes, planos y rutas. Vamos un poco al tun tun, para qué negarlo, pero yo ya conozco Madrid y la intención es hacer un turismo callejero, nada encorsetado. Y allá vamos. Callejeando.
Nos bajamos en Gran Vía, calle de teatros y tiendas, esperando encontrarnos con algún famoso, pero o vamos mu despistados o ellos no salen a la calle. Camino adelante llegamos a Callao donde es de rigor la foto al cartel de Schweppes (gracias señor De la Iglesia). Y como buenos guiris, nos adentramos en la abarrotadísima calle Preciados, dirección Puerta del Sol. Aquí el oso con el madroño, allí el carillón donde Ramon García da las uvas embutido en su capa castellana, allí el kilómetro cero, allá las señoras de moral distraída de la calle Montera… todo parece salido de una canción de Sabina. Eso sí, han robado el cartel del Tío Pepe, una lástima pues la plaza ha perdido un poco de su espíritu castizo sin la botella aflamencada vigilando, atenta y salerosa, los movimientos de los viandantes.
Esquivando guiris y manguis decidimos ir a la Plaza de Oriente. ¡Pero qué de gente en todos lados! Aquí la Ópera, más bonita por un lado que por el otro, para qué engañarnos. Lo que es curioso es que un mismo jardín tiene dos nombres, uno para cada parte! Entonces el apelotonamiento en el mapa se hace agobiante. En frente, el Palacio Real, grande, blanco y.. palaciego! Con una gran cola en la puerta. Mirándole, con pinta un poco aburrida, la Almudena, con su cúpula ultracolorida. Parados en medio, a un lado el poder eclesiástico, al otro el monárquico, por nuestra mente pasan desfiles militares, bodas reales y paparazzis a tope. Tanto verlo por la tele, parece que ya lo conozcas!!!!
Intentando demostrar mi vasto conocimiento de la ciudad, recomiendo un lugar donde ir a comer, temiendo en mis adentros que no sea bien aceptado. Pero al llegar a la puerta y ver cola se confirma la certeza de que ha de merecer la pena. Y vaya si lo hace. Almendro 13 es uno de los 10 mejores bares de todo Madrid y sus huevos rotos no tienen desperdicio. Qué cosa más buena y más sencilla. Para acompañar, una rosquita de pringá. Aunque notas el colesterol bajar por tus venas con cada bocado el cerebro ya se encarga de anular los remordimientos. ¿Por qué todo lo que engorda estará tan bueno?
Bien llenos, y con la suerte de ver cómo granizaba desde la ventana, retomamos la ruta, paseamos un rato por el barrio de la Latina (al que, lo siento mucho, no le vemos nada especial) y vamos hacia el Mercado de San Miguel, una monada de lugar. Más que un mercado, algo así como un punto de reunión social donde degustar delicatessens en medio de una vorágine de gente que va y viene, platillos que suben y copas que bajan. El único inconveniente que encontramos hoy es su abarrotamiento, pero un paseo ojeando paradetas no nos lo quita nadie!
A un tiro de piedra está la Plaza Mayor, con su caballo y sus cojones, sus terrazas y miles… qué digo miles! Millones de turistas! La verdad es que una plaza preciosa que me recuerda a mi tan querida Plaza Real, pero en un poco más grande y sin palmeras. Cogemos una de las múltiples calles que abandonan la plaza y llegamos a la Calle de Alcalá (con la falda almidonáa…. No puedo evitarlo… lo siento). Un paseo entre ministerios merece la pena por descubrir los bonitos edificios que encontramos, por ejemplo el de Metrópolis y el Edificio de Telecomunicaciones. No hay que olvidar que cerca del Metrópolis, en el terrado de uno de los bloques, está la cuadriga de caballos que nos acompañó en la Comunidad (de nuevo gracias por esa película, Álex).De ahí, a la Cibeles, pobre, tan rodeada de tráfico, tan mutilada por los hooligans…y un poco más allá, a Neptuno, también aislado del mundo por varios carriles de asfalto. Qué poco respeto por los dioses en esta ciudad… Sintiéndonos tan guiris en nuestra ruta, el turisteo nos lleva a otro punto de visita… los leones del Congreso. El Congreso da igual… todo el mundo se hace la foto con los leones, que es lo importante. Pero no te puedes subir! Ni tocarlos! Ni acercarte… está vallados, protegidos del mundo de a pie… qué buena representación de lo que el edificio guarda en su interior…
Cansados del politiqueo decidimos explorar el lado más literario de la ciudad y nuestros pasos nos llevan al Barrio de las Letras. Puedo decir que ha sido nuestro lugar preferido en este viaje. Es un barrio pequeño, con tiendas de toda la vida, restaurantes y cafeterías. Pero tiene un no sé qué que qué se yo. Versos escritos en el suelo van acompañándonos en nuestro caminar, y sin darnos cuenta, llegamos a la Plaza de Santa Ana. Un Federico García Lorca cuida de un rincón lleno de vida, de terrazas, mientras vigila las obras que ponen en el teatro, esperando sean de su agrado. Aquí encontramos una plaza que, sin ser la más bonita de Madrid, lucha por ser conservada en nuestra memoria y, por qué no, en nuestros corazones.
De ahí en un momento, a la pequeña plaza Canalejas donde está la famosa tienda de las Violetas Imperiales, pequeños caramelos que están de vicio! Nos paramos en un rincón para mirar el mapa… parece que hemos caminado bastante… volvemos a la Gran Vía y, como cae la tarde, vamos al barrio de Malasaña, para ver qué tal va el ambiente. Y el ambiente va mal… vamos, que no hay. Queremos achacarlo a que es Semana Santa, tiendas cerradas, gente cerrada… la verdad es que atravesamos sin mucha alegría un barrio que no tiene nada (esperamos estar equivocados y que por la noche sea la bomba pues aquí se inició la movida madrileña!).
Así que un poco decepcionados llegamos a la Plaza de España. Cómo ha salido un poco el sol la gente se ha vuelto loca y los bancos están repletos de jóvenes haciendo botellón, chino hablando extraño y projectos de emo jugando con sus Dolfis. Una pequeña feria de artesanía ocupa el centro de la plaza y damos una vuelta, para romper con tanto monumento y tanta piedra. Al otro lado de la feria Don Quijote, seguido de cerca por su fiel escudero, vigilan por si viene algún gigante a molestar, pero no parece que tenga mucho más trabajo que el de soportar a los cansinos que quieren subirse a su caballo. Ains! El día que se harte…
Ya un poquito cansados, y con una imperiosa necesidad de reorganizar nuestras visitas turísticas, optamos por hacer una cena temprana y retirarnos al hotel a descansar, así que todo felicidad nos volvemos de nuevo al centro, hola de nuevo Puerta del Sol y nos dirigimos a un lugar que hemos visto con anterioridad donde, según afirman “tienen los mejores calamares!!”. “Viva el bocata de calamares!” – vamos pensado todo contentos hasta que llegamos al bar y… calamares no sé si tendrán, pero gente… toda la del mundo!!!!! Ni que los regalaran!!! Así que con la cabeza un poco gacha, dejamos a nuestros tentaculosos amigos para mañana y deambulamos en busca de un lugar para cenar.
Y cómo no hay mal que por bien no venga, y de pura casualidad, damos con un lugar de los que nos gustan a nosotros, el Tommy Mel’s, American Dinner!! Bieeeen! Hamburguesa!!! Y a pesar de la cola, la lista de espera, los grupúsculos de semi-adolescentes y las chonis de ciudad, tenemos que admitir que es una de las mejores hamburguesas que hemos comido. Qué ricas! Así que más animados (cómo es posible que la comida siempre nos anime… qué gordis somos…) nos metemos en el metropolitano con nuestra mini-tarjeta de metro (que por cierto, como escribo con un poco de retraso….acaban de meter el subidón de la vida en el precio… de 8-9 euros que pagamos nosotros por la de 10 viajes ha subido a 12!) y en un ratico al hotel, todo dispuestos a mirar fotos, escribir blogs, preparar rutaaaasssszzzzzzz….
miércoles, 11 de abril de 2012
| [+/-] | Crónica de una Semana Santa en Madrid (y sin Wifi) - Día 1: Ateca |
Tras agotadores días y eternas jornadas, con los días grises y los ánimos grises, llega Semana Santa, para intentar concedernos un respiro de nuestra cambiante y rutinaria vida.
Así que, sin saber muy bien qué va en la maleta y qué se ha quedado en casa, nos sentamos en el coche.
El tacto del cuero del volante siempre me relaja, ver los kilómetros pasar bajo nuestras ruedas es hipnótico. Esa loquita carrera que le hacemos al sol nos hace ir hacia adelante intentado llegar al horizonte antes que él... qué cosa que siempre perdamos... Aún así, mientras el sol se despide de nosotros, un poco altanero, todo hay que decirlo, nos regala sus últimos rayos del día. Sólo para nosotros. Sólo para mostrarnos donde nos encontramos, pues en nuestra demente carrera por huir de nosotros mismos, no nos hemos dado ni cuenta del lugar al que hemos llegado.
Y aquí estamos, haciendo noche en un pequeño pueblo maño, Ateca, donde la calle huele a pueblo (que no a campo), donde decenas de niños corretean en la plaza mayor bajo la atenta mirada de una horda de adultos. Un lugar donde todos cuidan de todos. Cómo nos sorprende ésto a los de la gran ciudad. Damos una vuelta por el pueblo, que bulle de emoción ante la procesión que tendrá lugar en un ratico. Los hombres, con sus largas túnicas moradas, salen de una Iglesia con un paso de Jesucristo al hombro. Las mujeres, velas en mano y mantilla en cabeza, salen de otra Iglesia, siguiendo con paso solemne una imagen de la Virgen. En el centro del pueblo, la plaza abarrotada, espera el encuentro entre un silencio sepulcral, sólo roto por los tambores que vienen de un lado y de otro. Tambores en sonido 5.1. Tras unos minutos juntos, madre e hijo enfilan camino seguidos por silenciosos fieles, que a paso lento se unen al silencioso ruido de tambor.
jueves, 16 de febrero de 2012
| [+/-] | Ámsterdam: Día 3 - Qué corto ha sido |
Hoy nos levantamos y ya miramos el reloj. Las maletas preparadas, revisión de habitación y al luggage room. Hay que aprovechar las horas que nos quedan en la ciudad y hoy a ver el “Día Mercadillo”.
Así que bien animados nos vamos a Waterlooplein para cotillear el mercadillo que, se supone abre a las 9. Cuando llegamos, pasadas las 9, aún están montando las paradetas, por lo que creemos que lo más sensato es buscar un lugar donde desayunar mientras acaban de ubicarse los tenderos. Unas cuantas vueltas por aquí y por allí y acabamos en un Coffee Centraal, una especie de Starbucks local pero con un aire industrial la mar de chulo. Mientras tomamos nuestro café vamos mirando por la ventana y no vemos que los trabajos de ubicación del mercadillo avancen demasiado rápido, así que cortamos por lo sano y pasamos al siguiente lugar. El mercadillo de Albert Cuypstraat.
Camino allí una parada estratégica en una mega tienda de música, Concerto, y de allí al mercadillo. La zona para llegar no es de las más bonitas de Ámsterdam, no nos engañemos, es una zona moderna, de edificios no especialmente bonitos, pero en cuanto llegas al mercado te da igual. Una calle peatonal, con todas las casitas iguales, llena de puestos a izquierda y derecha, sin abarrotamientos de gente (no olvidemos que es lunes) y productos para todos los gustos. Desde quesos (no hay palabras), pescados en salazón (viva el bocadillo de arenque y el de anguila!), mini tortitas (joooss que ricas con Nutella, calentitas… huuuuuum), hasta tiendas de tela (muchas! Y con telas mu chulas!), de ropa, de muebles… Mercadillo para todos!!!! Y aquí, entre pantalones y gafas, la mañana se pasa volando!
Así que, aprovechando los consejos de nuestra guía de viajes, y para no dar muchas vueltas, comemos en un restaurante llamado Bazar, situado en la misma calle que el mercadillo y que está ubicado en una antigua iglesia. Tras el susto por el teléfono móvil perdido y las risas por haberlo encontrado (bueno, más bien el chico del hotel, que durante toda la mañana se preguntaba quien gritaría de ese modo….) nos damos cuenta que nuestro viaje se acaba y a buen paso regresamos al hotel, con las cabezas un poco gachas y pocas ganas de irnos.
Recogemos el equipaje y el móvil gritón y a Waterlooplein a por el tranvía número 9 que nos alejará del centro de la ciudad. La compra de los billetes del tren ya no supone ningún problema, expertos como somos en la ciudad, y casi sin darnos cuenta estamos en el aeropuerto-centro comercial.
Como suponemos que una vez pasados los controles habrá más tiendas y cafeterías preferimos quedarnos tranquilos y tras vaciar bolsillos, y chaquetas y localizar las pantallas informativas nos damos cuenta que nuestra terminal está en obras y los pasajeros conviven hacinados entre dos cafeterías y nada más… además hay 3 vuelos atrasados así que el gentío es considerable. Tras hacernos un hueco en unas gradas intentamos armarnos de paciencia. Uno juega con el teléfonos, otro va loco buscando un enchufe, otros dormitan mirando la nada y el último da vueltas. Por fin nos avisan de la puerta de embarque a la hora que el avión debería haber salido y cuál es nuestra sorpresa cuando advertimos que somos los últimos de la cola!!!!! La gente tiene superpoderes para adivinar la puerta de embarque antes de que aparezca!!!???? Así que, como el avión ya está lleno, nuestro equipaje de mano se factura y aún tenemos suerte de encontrar sitios cercanos los unos de los otros.
El viaje de vuelta es tranquilo. Vamos cansados de los 3 días sin dejar de andar y de ver cosas.
En nuestra Barcelona echaremos de menos la nieve y los timbres de las bicicletas que suenan constantemente por la ciudad.
Pero también creo que siempre conservaremos en la memoria la imagen de los canales helados, la nieve cayendo suave y los farolillos rojos iluminando la noche.
Como siempre, regreso un poco triste porque la aventura ha llegado a su fin, pero también feliz, pues llevo mi maleta llena de recuerdos de la ciudad, de lo vivido y, sobretodo, de mis amigos.
| [+/-] | Ámsterdam: Día 2 – Amsterdameando!!! |
Buenos días!!!!!
Un nuevo día amanece. Poco a poco la gente se va despertando. Levanto la persiana y… oh! Sorpresa! Ni rastro de sol… qué extraño… un cielo gris y nuboso nos espera en la calle. Dentro de la habitación, calentitos, nos vamos poniendo capas y capas de ropa… térmica, leotardos, calcetines, camisetas, más calcetines y más camisetas, jerséis, gorros, bufandas, guantes… apenas podemos movernos! Pero salimos del hotel felices y dispuestos a afrontar el frío!! Una vez en la calle… Pues no es para tanto! Así que animados por nuestra fortaleza física y nuestra capacidad sorprendente para aguantar temperaturas heladoras empezamos nuestro día… con nieve!!! Ha sido pisar la calle y ponerse a nevar… qué bonito!!!!!!!!!
En fin, primera parada, la Casa de Anna Frank, pero antes… un cafetito, por favor!
Así que en Rembrandtplein hacemos un alto en un bruin café, el Café Centraal, y tomamos unos sándwiches calentitos (algunos una tarta de manzana) y unas bebidas mientras vemos como nieva a través de la cristalera. Qué a gustito se está con el calorcito de la estufa, qué rico el desayuno y qué bonito el gato… ¿gato? La cuenta, por favor! A salvo, salimos del café más reconstituidos y ponemos rumbo al Jordaan. Tras un paseo llegamos a la Iglesia, al Homomonument (lo mejor de Ámsterdam, sin duda, un triángulo sucio en el suelo… ) y a la Casa de Anna Frank. Que más que la casa de los Frank, era el lugar donde estuvieron escondidos durante la guerra, el despacho donde trabajaba el padre. La entrada al museo no es demasiado barata (casi 9 euros), pero a nosotros nos encantó la visita. Caminar por las estancias donde vivieron escondidas 8 personas es impactante, con las cortinas negras en las ventanas, sin poder hacer ningún ruido, te hace pensar que la sensación de agobio debía ser insoportable. Con las lágrimas a punto de escapar, finalizamos la visita y continuamos explorando la ciudad bajo la nieve.
Ponemos rumbo hacia la plaza Dam, la más importante de la ciudad. Rodeada de preciosos edificios, mucha gente, asesinos en serie y tiendas es lo que encontramos en esta plaza. Intentamos entrar en la Iglesia Nueva, pero el precio nos tira para atrás, así que decidimos continuar paseo y como estamos haciendo una dieta al más puro estilo hobbit, hacemos un alto de 5 minutos en un pequeño y tradicional local de pescado que hay en una estrecha calle y en el que degustamos unas especialidades holandesas: bocadillo de arenque, que está crudo pero marinado y lo sirven con cebolla cruda y pepinillo en vinagre, y bocadillo de anguila. Con pan blanco, de cereales o bollito es una cosa que hay que probar y a pesar de lo que parezca a primera vista… está bueno! Aunque personalmente prefiero el de anguila, por las raspitas y eso. 
Bien contentos por la experiencia, al regresar a la calle parece que el frío empieza a apretar, y ponemos rumbo al Behinjoff, un precioso jardín dentro de una manzana de edificios, en el que tradicionalmente sólo vivían mujeres solteras (y de hecho la mayoría siguen siéndolo), y donde encontramos la casa más antigua de Ámsterdam, construida en madera (la gran mayoría se quemó en un incendio que arrasó la ciudad). Con la sensación de haber aprovechado bien la mañana decidimos aprovechar bien la hora de la comida y nos dejamos recomendar por la guía de viaje que nos lleva a un local donde comer un buen Rijsttafel, el Kanjil & de Tijger. Y la verdad es que salimos encantados. La gastronomía holandesa tiene muchísima influencia asiática, así que este tradicional plato holandés consiste en arroz blanco acompañado de muchos platillos exóticos: tofu con salsa picante, ternera con salsa picante, pollo con verduras, judías verdes, pinchos de pollo con salsa de cacahuetes y cortezas de gambas… qué rico todo!!!! Y además este local sirve los Mangkoks, bols de arroz o fideos que te puedes hacer al gusto, con verduras, carne, etc… y todo acompañado por una leche de coco (la mejor la de coco con rosa!!!) que ayuda a combatir el picante. Mientras vemos como nieva a través de la ventana, y como extraños personajillos ataviados con estrambóticos gorros de colores van calle arriba y calle abajo, nos ponemos en movimiento y tras 10 minutos embutiéndonos ropa, salimos de nuevo a la calle y nada más salir, vemos que los extraños señores tocan una animada música en medio de la plaza.
Preguntándonos qué significado folklórico puede tener vamos de nuevo, plano en ristre, a la plaza Dam, donde el espíritu guiri nos invade y asaltamos una gigante tienda de recuerdos! Más relajados ahora que parece que el timing se está cumpliendo, las calles llenas de tiendas nos atraen y los escaparates nos llamas con sus cantos de sirena. Así que sin prisa, pero sin pausa, nuestros helados piececitos nos llevan, entre resbalón y resbalón a causa del hielo, hacia la Iglesia de Nuestro Señor en el Ático. Y no, no es que haya un okupa en el ático, es que hay una iglesia clandestina que se creó cuando el catolicismo no estaba permitido en la ciudad. Es muy curioso entrar en una casa, subir un piso, otro, y de repente encontrarte una iglesia! De hecho ocupa dos plantas de altura y 3 casas de largo, pero cuando sales a la calle, y miras el edificio, no puedes ni tan si quiera imaginar que allí dentro se esconda una iglesia!
El frío nos lleva a buscar un lugar calentito donde tomar un café y acabamos en un local que huele a chocolate donde están haciendo una especie de minicreps que tienen una pinta…. Pero se ve que la chica no los ha hecho bien y le cae una bronca monumental… pobre. Aún así, algunos de nosotros decide probarlos, aunque parece ser que tenían razón… no les habían salido bien. Con el cuerpo más calentito y animados por la belleza de la nieve al caer vamos paseando tranquilamente, mirando escaparates y tiendeando, tiendeando, llegamos a la zona de las 9 Calles, para intentar ver las tiendas abiertas, aunque, como es domingo cierran antes… no hay justicia en el mundo!
Como al final decidimos no visitar ningún museo más (entre que a ninguno nos emociona la pintura holandesa y que no disponemos de demasiado tiempo) y aprovechando que ya las tiendas han cerrado y la noche se cierne sobre nosotros, nos damos un buen paseo hasta la plaza de los museos. Atravesamos así Leidenplein, llena de vida, bares, restaurantes y de tráfico, mucho tráfico y llegamos a la puerta del Rijksmuseum. El edificio es impresionante! Está situado en un extremo de un parque enorme, que en ese momento parecía la estepa siberiana, que está rodeado de los museos más importantes de la ciudad. Después de hacer un poco el guiri en las letras gigantes situadas en el parque y que te recuerdan, por si lo has olvidado, en qué ciudad estás, volvemos al centro y nos guarecemos del frío en un local, tomando algo, mientras decidimos donde iremos a cenar. Unas coca-colas más tarde y tras echar unas risitas y ya un poco cansados del humo que había en el establecimiento salimos al aire de la calle con la firme decisión de cenar fondue!! Bieeen!!!! Así que atravesamos el Barrio Rojo de nuevo para llegar al Waag y cuál es nuestra decepción cuando nos informan que debemos esperar una hora si queremos cenar. Poco dispuestos a ello, entre el frío de la calle y el del camarero, nos arriesgamos, como ayer, a caminar en dirección al hotel cruzando los dedos para intentar dar con un local donde cenar y no acabar de nuevo en el Mc Donalds…
Caminando caminando, hacemos una parada estratégica en una de las pocas panaderías que hemos visto en Ámsterdam, eso sí, señores, menudo escaparate, y qué de gente... Nos aprovisionamos de dulces para tomar de postre en el hotel (quien sabe si cenaremos o no….) y no acabamos de ponernos de acuerdo en qué cenar. Sin darnos cuenta, llegamos a zona conocida, lo que significa que estamos cerca del hotel… horror!!!!! Y de repente nos viene a la cabeza una imagen… bolas de carne... así que, arriesgándonos a la clavada monumental, regresamos al Schiller, el local donde ayer tomamos un café, para preguntar si se puede cenar, el qué y cómo… Y la verdad es que, al final, cenamos muy bien y nada caro!!! La zona de comedor es preciosa, estilo taberna, toda en madera, es muy acogedora. El agradable camarero nos recitó los platos del día, pasta con diversas salsas o un plato típico holandés: boerenkool worst (puré de col con salchicha ahumada y salsa de carne)… 5 de eso, gracias!!!!!! Y qué bueno que estaba!!!! Y para acompañar unas mitterballen y unas cervecitas.
Satisfechos, y algunos sin haber podido acabar el plato, ponemos rumbo a nuestras camas… digo al hotel!! Una parada estratégica en el Febo para comprar kroketten que algunos de mis amigos se toman de postre (Dios… sólo de verlo me sube el colesterol!!!!!!! Y acaban de cenar!!!!!!!!) y ahora sí, al hotel. Duchas, pijamas y un postre, como está mandado… Bollos rellenos de crema y bañados en chocolate, Oliebollen (una especie de buñuelo con pasas riquísimo) y, lo mejor… un croissant de chocolate… con chocolate… gggrrrr…
Y poco a poco, saturados de tanto comer y de tanto frío, estirados todos en una cama individual, nos vamos quedando traspuestos, pensando en todo lo que hemos visto y en que, mañana, ya se acaba nuestra aventura holandesa…
miércoles, 15 de febrero de 2012
| [+/-] | Restaurantes Holanda |
Amsterdam
Schiller: En Rembrandtplein parece más caro de lo que es. Ya sea para un café calentito a media tarde, para picar alguna cosa o para cenar es una opción bastante buena. El local todo de madera, con los suelos enmoquetados es muy bonito y acogedor. Para cenar el camarero te relata los dos o tres platos del día. Aquí probamos un snack típico, las bitterballen, una especie de croqueta-albóndiga muy rica y un plato típico holandés, el boerenkool worst, puré de patata y col con salchicha ahumada y salsa de carne... impresionante de bueno .... huuuuuum
Bazar: Este restaurante ubicado en una antigua iglesia nos decepcionó un poco en cuanto a la decoración, puesto que esperábamos más, aunque eso no significa que no nos gustara, el local era muy bonito. Eso sí, ¡qué bueno estaba todo! Especializados en cocina turca-marroquí estaba todo impresionante! Es una opción más que perfecta para comer cuando acabas de visitar el mercado de Albert Cuypstraat.
Burgermeester: Pequeña hamburguesería donde no sabes qué coger... todo tiene tan buena pinta! Todo hamburguesas, claro. Yo recomiendo el mini trío, porqué, al menos pruebas tres tipos de burguers diferentes. La hamburguesa de cordero, buenísima y la que lleva huevo trufado, impresionante!!!
Kantjil & De Tijger: Sin palabras. Qué bueno. Holanda tiene una gastronomía muy basada en la cocina tailandesa así que aquí probamos el famoso rijsttafel, arroz blanco acompañado de un montón de platillos con verduras, carnes, salsas, cortezas de gambas...todo acompañado de una leche de coco fresquita. El mangkok, un cuenco que te puedes customizar a tu gusto también es muy rico.

