miércoles, 31 de agosto de 2011

Día 18: de Ljubljana a Portogruaro

Hola andarines!

Nos levantamos esta mañana con la sensación de que las vacaciones, se han acabado. Hoy dejamos Eslovenia y emprendemos camino a casa. Recogemos nuestras cosas con un poco de desgana, porque, además, hemos estado a gusto en este albergue (a pesar de lo que parecía en un principio).

En la sala del desayuno, ya nos saluda gente, el francés de anoche… bonjour… Un catalán de Sants que nos ve con el aceite de oliva encima de la mesa y deduce, al instante, nuestra nacionalidad nos pregunta y charlamos sobre nuestros viajes. Él va en bici por el país. Qué burgueses nos hemos vuelto, pienso.

Ya en el coche salimos de nuestro rinconcito del Bronx y abandonamos la prisión y sin planos para el GPS, puesto que hemos tenido que introducir ya los de la Europa occidental, nos dirigimos, sin pausa, pero sin prisa, a la frontera con Italia.

Ya llegamos, está a pocos kilómetros peeero vamos a hacer nuestra última visita en Eslovenja… Lipica. Aquí se crían unos de los mejores caballos del mundo (con permiso de los andaluces y árabes…), una raza autóctona del Karst (esta región del país) que durante varios años fueron cruzando con caballos andaluces para conseguir el caballo perfecto, y yo creo que lo tienen!

Cotilleamos los entrenamientos de los caballos que hacen competición y exhibición (aunque sólo hay un jinete que haga algo guay) y luego con una simpática guía hacemos la visita del recinto, bueno de un parte, porqué son 300ha, visitando las cuadras y viendo algunos caballos mientras nos explican todo sobre ellos. La verdad es que ha sido una visita muy interesante y hemos aprendido muchas cosas (no sabía que un caballo vivía 30 años).
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Casi habiendo pasado la mañana, ponemos rumbo, ahora sí, a Italia, a nuestro siguiente hotel situado en Portogruaro.

La autopista nos hace ser conscientes del camino de vuelta que iniciamos y así, llegamos a nuestro destino. Pensábamos que Portogruaro sería una ciudad grande, fea y gris y nos encontramos con un pueblo precioso, con un casco antiguo lleno de palacios gótico-venecianos, todo peatonal, salpicado de restaurantes y atravesado por un pequeño río. Y el hotel resulta ser un antiguo palacio en medio de esta zona peatonal. Una monada!!!

Más que contentos después de haber visto la cómoda cama que nos espera esta noche, bajamos a comer algo y a pensar en qué hacer en la larga tarde que tenemos por delante.

Mirando el plano, pensando, dando una vuelta, otra…¿te apetece un helado? Vale. ¿Nos lo comemos en Venecia? Vale. Y ahí vamos, a buscar el tren y a Venecia Santa Lucia.
Dicho y hecho, una hora después arribamos a la Laguna y cogemos el Vaporetto que nos lleva a la Piazza San Marco.

Cuando estuvimos hace 3 años, el Puente de los Suspiros estaba lleno de andamios, así que vamos con la esperanza de verlo al descubierto y… nos encontramos que sigue lleno de andamios pero que además, el andamio lo han cubierto con un mega anuncio de L’Oreal… porqué yo lo valgo! Ni que fuera esto la Sagrada Familia… De aquí a unos años volveremos, a ver cómo van las obras!

Así que, cómo ya conocemos Venecia, nos dedicamos a pasear, callejear y andurrear por las calles, las callejas, los passagios , los soportegos y las salizadas. Cuanto turismo. Cuanto veneciano rancio. Qué caro es todo. Pero en fin. Es lo que hay. Lo que es innegable es que Venecia tiene un encanto especial.

Sus canales estrechos, con sus gondoleros, sus calles empedradas, los pequeños amarraderos en las puertas de las casas, las fachadas desconchadas, las algas en los pilares del agua y esas indicaciones “Per Rialto”… Venecia, siempre será Venecia.
Así que tras pasear y comer un heladito, volvemos a Ferrovia a coger el tren de nuevo a nuestro hotel tras haber pasado una tarde diferente, entre canales y tiendas de máscaras.

Una horita en tren, intentado no contagiarnos de la risa y los aullidos de dos enoooormes ( y cuando digo enormes es enormes) alemanas que teníamos delante y que nos recordaban, la una a una camarera del Oktober Fest y la otra a una Valkiria cantante de Ópera, y llegamos al hotel, muertos y pensando en esa cama que nos espera…zzzzzzzzzzzz.


Km. 192
Km. Acumulados 4250

1 comentario:

PAPI dijo...

Esto va de perlas. Yo digo que el que llegue el ultimo a Barcelona paga la cena .Asi que a ver que pasa Besosssssssssssssssssssssss